viernes, 16 de noviembre de 2007

50 AÑOS DE MORTADELO Y FILEMÓN


Una de las cosas que dejaron de existir hace ya tiempo es la espera de los chavales, los fines de semana, para comprar los tebeos al día siguiente en la tienda de la esquina. Recuerdo que, al ver la portada del número nuevo en el escaparate, rebuscaba en los bolsillos para encontrar cuanto antes las monedas. No era cuestión de que llegase otro y se llevase el último ejemplar. Los tebeos eran un tesoro. Leíamos decenas de veces cada historieta, cada chiste, incluso aquellos rollos insoportables que no sé quién escribía en exclusiva para los más pequeños. Los tebeos también instruían. Gracias a ellos aprendí muchas cosas del Imperio Romano, de la Edad Media, del Oeste americano y de muchos otros temas. Pero, además y sobre todo, instruían subliminalmente. De eso sabían mucho los dibujantes de la editorial Bruguera.

Las revistas como Tío Vivo, DDT, Mortadelo, Din Dan y Pulgarcito escondían una crítica social en las historias aparentemente inocentes de sus personajes. Los dibujantes exponían cómicamente la vida cotidiana. Y esa vida, por supuesto, estaba muy lejos de parecerse a la que al régimen le hubiese gustado que se exhibiera en los tebeos. El hecho de ser historias cómicas hizo el milagro de que superasen la censura. El pluriempleo, el hambre, las deudas, los problemas familiares y la envidia, por ejemplo, eran temas habituales en los cómics semanales de Bruguera. Personajes de la talla de Don Pío, Las hermanas Gilda, Doña Urraca, Carpanta, Zipi y Zape, La familia Cebolleta o El repórter Tribulete inundaron nuestra imaginación sin que nos diésemos cuenta de que, en el fondo, nos lanzaban un mensaje sobre las dificultades de la vida de entonces.

De todos ellos, sólo Mortadelo y Filemón han seguido publicándose hasta nuestros días. Este año cumplen su cincuentenario. Es curioso que, después de tanto tiempo juntos, todavía no se hayan tuteado. Eso es debido a que uno es el jefe; y, el otro, el empleado. Francisco Ibáñez, su creador, trabajó en un banco antes de dedicarse por entero a los tebeos. De ahí salió El botones Sacarino, una imagen del que empieza desde abajo en aquella sociedad tan clasista y jerarquizada. Pero los personajes que salieron de su inventiva y que, en mi opinión, más representan a aquellos tiempos y a estos son Pepe Gotera y Otilio, Chapuzas a domicilio, cuyo título lo dice todo. ¿Cómo? ¿Que no representan la realidad de nuestra España actual? Si alguien opina tal cosa, que vaya a ver las obras del AVE.

(Arriba, parte de la primera historieta publicada de Mortadelo y Filemón)


5 comentarios:

mar sarto dijo...

Qué tiempos aquellos! snif.

En casa los leíamos cuando íbamos al lavabo. Nos pasábamos el día todos mis hermanos y yo aporreando la puerta del mencionado labavo en un intento infructuoso por conseguir que saliera el que estaba dentro. Las urgencias siempre tenían que esperar.

Curiosamente el consumo de tebeos era superior al de papel de water.

una oscense dijo...

En esta época, en que las madres se jactan de que sus hijos, párvulos, manejan mejor que ellas el ordenador, yo, con nostalgia, recuerdo la época en que mis niños llenaban tantas horas de su vida, no solo leyendo y releyendo tebeos, sino, incluso haciendo ellos unos, que por su simplicidad y a la vez grandiosidad de sus viñetas, nos llenaban de orgullo y alegría. Pero el tiempo cambia. Ya lo dijo el poeta...como a nuestro parescer, cualquiera tiempo pasado fué mejor.

mar sarto dijo...

Hola "Oscense". Veo que algunas madres también manejan bien el ordenador.
Acabo de conocer la identidad de tus niños y no me extraña que os llenasen de orgullo. Tanto talento junto no se acostumba a ver en muchas casas.
Me alegro de leerte.

Chespiro dijo...

¡Qué entrañables personajes! Significan mucho para muchos.
Que duren toda la vida.
Para los demás aficionados, recomiendo humildemente mi blog:
www.mortadeloyalgomas.blogspot.com
Gracias por acordarse de ellos.

Un currante dijo...

Desde luego...

Pobre Otilio.Que nadie le reconozca su abnegación y entrega... (a la hora del bocadillo)