jueves, 29 de diciembre de 2011

El frontón de Shanghai


Acabo de editar un nuevo libro, coproducido por mí y la editorial El Grito, con quienes ya he trabajado en alguna ocasión (una tirada corta, sin grandes pretensiones). Se titula “El frontón de Shanghai”, y está ambientado en un frontón que efectivamente existió en Shanghai durante los años treinta del siglo pasado. Es una novela de ficción basada en el relato de la mujer de uno de los pelotaris, ya mayor aunque más lúcida que muchos, con quien tuve la ocasión y el placer de conversar. Reproduzco la primera página para hacer boca.

I

Mi marido fue pelotari en Shanghai. Ahora puede parecer extraño, pero en los años treinta del siglo pasado hubo un frontón en la ciudad, el Jai-Alai. Nosotros vivíamos cerca de allí, como a cuatro manzanas, en una villa de estilo español que daba a una avenida tranquila de la Concesión francesa, lejos del bullicio de las salas de baile, de los teatros, de los burdeles y, sobre todo, de los peligros de la ciudad china. Tenía un jardín poblado de árboles y flores y un zaguán porticado donde tomábamos el té de la tarde cuando el clima acompañaba. Shanghai era, en aquellos tiempos, una ciudad hermosa y terrible, el lugar de ensueño donde nació mi hija y también el punto de encuentro de los aventureros, las sociedades secretas, los traficantes de opio y los jugadores profesionales. Lo mejor y lo peor convivían en una feliz complicidad. Con casi cuatro millones de habitantes, la ciudad acogía por igual a los mendigos del extrarradio como a los delincuentes del Shanghai negro o a los europeos que ocupaban las Concesiones, esa herencia de un pasado colonial que había sobrevivido a su propia época. Y en las calles del centro, dentistas ambulantes, adivinos, vendedores de fruta o de tabaco trataban de hacer una competencia imposible a los pequeños comercios y a los grandes almacenes de estilo occidental. Recuerdo a aquellos rusos blancos, fugitivos y arruinados por la revolución, que daban largos paseos en rickshaws para que la gente creyera que conservaban sus privilegios en ese lugar que no entendía de títulos ni de noblezas. Los jóvenes chinos, agobiados por la miseria, buscaban empleo en las fábricas siniestras de las afueras mientras en los edificios del Bund, el enorme paseo europeo a orillas del río Huangpu, se realizaban las operaciones financieras más cuantiosas y arriesgadas de Asia. Shanghai significaba libertad, según se dijo. Y de hecho la había. Mucha. Pero no era fácil que los chinos accedieran a la placidez de nuestros barrios, por ejemplo, o que los gángsters de renombre acabaran en prisión. Los límites de las Concesiones estaban muy bien definidos por las alambradas y por las patrullas de soldados franceses o ingleses. Y nosotros, los vecinos españoles de la Concesión francesa, éramos conscientes de nuestra suerte y no intentábamos cambiar las cosas. A veces, incluso después de tanto tiempo, creo despertarme de nuevo en aquel dormitorio de amplios ventanales. Nuestra villa era un encanto. El aire fresco movía las cortinas y la luz de la mañana creaba una atmósfera creciente de bienestar, de sábanas inundadas de aromas orientales, de apacible seguridad.

Sólo decir que, al ser coproducida por la editorial y yo, quien quiera comprar un ejemplar por correo puede hacerlo escribiendo a la editorial:

editorialelgrito@yahoo.es

O bien directamente a mi mail:

cgalianoroyo@gmail.com

Y ya nada más queda por decir al respecto, creo, salvo el precio: 15 euros más los gastos de envío. Espero que disfrutéis con su lectura.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

La nueva estrategia socialista

Parece que, después del comprensible batacazo electoral, los socialistas están barajando los nombres de los nuevos aspirantes a encabezar el partido: Rubalcaba, Carme Chacón, Leire Pajín, Pedro Picapiedra y un pterodáctilo amigo de no sé quién. Gente joven, sí señor; sangre nueva, ideas de futuro; una demostración de que nadie busca el poder a toda costa, sino el bien de España.

Es cierto que los peperos han hecho otro tanto y han obtenido una victoria apabullante, pero la situación era muy distinta. No ganó Rajoy, como todos sabemos: perdió el heredero de Zapatero… como hubiese perdido el Espíritu Santo en el caso de haberse presentado por el PSOE.

En breve cambiará la euforia por decepción. Eso lo sabe hasta el maestro armero. Pero así es la vida. Y nuestros políticos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Los Maestros de la tele


Empiezo a preocuparme. Y va en serio. Por lo general, después de cenar nos sentamos en el sofá y tranquilamente nos tragamos la película horrenda o la serie no menos repugnante que los guionistas de televisión han tenido a bien ofrecernos. Y eso no es malo, a fin de cuentas: nos adormilamos frente a la pantalla y poco a poco vamos entrado en el mundo mágico de los sueños. Cojonudo, ¿verdad? Lo malo viene después.

Justo hacia esa hora, las doce o doce y cuarto, empieza un canal a emitir un programa de esos de videntes, echadoras de cartas y demás privilegiados por Dios. Y he dicho antes que me preocupo porque, aunque resulte más increíble que la multiplicación de los panes y los peces, lo mejor que puede verse en la tele a esas horas es el mencionado programa. Un sujeto en concreto es mi preferido. Le llaman Maestro Joao, y suele ir cargado de collares, pulseras, vírgenes, cristos y qué sé yo.

Por lo general se ocupa él personalmente de la curación de sus pacientes. Siempre dice lo mismo: Tienes los caminos cerrados y, por lo tanto (mira a cámara), voy a lanzar un decreto, que es un papelito al que pega fuego y lo coloca en una especie de cenicero o corona mortuoria, no sé, un recipiente para cualquier cosa.

Pero a veces recurre a alguna ayuda. Por ejemplo, a un muñeco de raza negra a quien llama Eleguá. Ese es la pera. También está el Cristo de lo imposible y algún otro monigote. Pero el que me fascina, ya digo, es Eleguá. El Maestro habla con él, no sé a que conclusión llegan y… Zas: Eleguá soluciona todos tus problemas. El paciente, al otro lado del teléfono, no puede decir Esta boca es mía. El Maestro Joao ya ha mandado el decreto y la cosa no tiene vuelta de hoja. Dice: Ve tranquilo y que Dios te bendiga… porque yo ya lo he hecho. La frase es cojonuda. De un plumazo, el Maestro se compara con Dios. Nada menos.

(La foto del Maestro está tomada de es.eso.tv)

sábado, 26 de noviembre de 2011

La mafia y otros angelitos


Ayer, vuelta a empezar: el periódico daba la noticia de una nueva matanza de los narcos en México. A veces es a la inversa y son los militares quienes acaban con un grupo de narcos armados hasta los dientes. El resultado, a fin de cuentas, es muy parecido. Hay muertos por todas partes y casi cualquier día. Dice Roberto Saviano, en su ya famoso libro titulado Gomorra, que la Camorra napolitana es mucho más sangrienta que la Mafia italiana, pero que esta se ha visto beneficiada al menos, en lo tocante a su publicidad por las películas de Hollywood y la Camorra no. Seguramente tiene razón. Porque no sé si es a raíz de la publicación del libro o es porque a Hollywood dejó de interesarle la Mafia como producto comercial, pero de unos años a esta parte se habla, y mucho, de la Camorra y apenas de nada de la Mafia. La Camorra parece hoy más peligrosa, no hay duda.

Pero Hollywood ha olvidado a otro grupo, mucho más terrible, que está actuando en el día de hoy a pleno rendimiento. Nadie se atreve a escribir de él. Y muy pocos reporteros se acercan a hablar con ese que dice que no sabe nada. Me refiero a los narcos de México, auténtico ejército de delincuentes, sin ideales ni romanticismo.

Por su brutalidad, los narcos desbancan a la Mafia y a la Camorra. Hacen unos túneles estrechos y largos bajo el muro que separa a los Estados Unidos de Norteamérica de los de México y al que hable, palo y sin preguntar. Por ahí pasarán muchos kilos de droga. Tal vez los que usen para despistar mientras unos submarinos caseros pasan por mar la carga dura, la auténtica. ¿Tan fácil es construir un submarino? ¿Tan fácil es hacer un túnel de dos kilómetros para que pasen toneladas de drogas? Creo que no. Y creo que, entonces, debería ser muy fácil capturar a los responsables. Pero ya se sabe que en estos sitios fronterizos pasan cosas raras y que es mejor no meter baza para no recibir un par de tiros.

De todos modos, es sencillo imaginar que los magnates de estos asuntos vivan a cuerpo de rey en unas fincas tremendas, más que lujosas e infranqueables, vigiladas en todo momento por gente armada. Y en el interior de las casas, es aún más fácil imaginar las tremendas comodidades, lo último en diseño, las mejores marcas de vinos. Dice Saviano que eso, en lo que respecta a la Camorra, no es así ni mucho menos. Los jefes de clan sobreviven en oscuros subterráneos que imitan pisos lujosos, pero donde no entra jamás la luz del sol, por ejemplo. Su futuro, casi inmediato, es la celda de una cárcel de donde no saldrán en muchos años. Quizás pase lo mismo con los jefes narcos, no sé. En cualquier caso, estoy seguro de que a los guionistas de Hollywood se les fue la mano con la ambientación de las mansiones de los mafiosos.

Las cosas no son siempre como nos las cuentan. Y por eso Saviano, amenazado de muerte por la Camorra desde hace ya varios años, sigue vivo. Y creo que quiere seguir escribiendo. En esta ocasión sobre la N’dranguetta, el grupo que opera en la otra parte de la bota italiana. La verdad, me gusta cómo escribe Saviano y me atraen los asuntos sobre los que escribe. Esperemos que sepa seguir burlando a camorristas y demás delincuentes para que podamos enterarnos de qué se oculta bajo el suelo que pisamos.

(La foto de arriba, de un arsenal incautado a los narcos mexicanos está extraída de accion.lamula)

viernes, 25 de noviembre de 2011

Afganistán, once años después


Afganistán. Tenía 17 años y fue violada por el marido de su prima. La única manera de que la muchacha pueda eludir los diez años de cárcel que le impone el tribunal por haber sido violada (es decir, por haber provocado la violación) es casarse con el hombre que la violó. O sea que, once años después de la ocupación norteamericana y de sus aliados, la justicia y los derechos de la mujer (o de la persona) siguen brillando con luz propia.

(La foto está extraída de publico.es)

jueves, 24 de noviembre de 2011

Nos vigilan


Soy consciente de que la presencia de cámaras de seguridad en diferentes puntos de la ciudad ha permitido capturar al delincuente con relativa facilidad. Sin embargo, creo que las cámaras ayudan, pero no solucionan. Me explico. Las cámaras no acabarán con los robos, ni con las violencias en los vagones del tren; solo nos mostrarán la cara de algunos de los delincuentes que se dedican a ello.

Es un asunto complicado y, a la vez, muy delicado en lo que respecta a la opinión pública, que suele creer que no habrá más robos si se le corta la mano al ladrón de turno o que dejará de haber asesinatos si hubiera pena de muerte. No es así. La experiencia nos dice que hay tantos o más asesinatos en una nación como Estados Unidos, donde hay pena de muerte, que en Francia, por ejemplo, donde no la hay. Pero no es ese el asunto que quiero tratar hoy. Ya hablaremos otro día de la función de las penas y todo eso.

Hoy me gustaría enfrentar la seguridad con la libertad. No sé por qué, en la práctica ganan siempre los defensores de la pretendida seguridad. Lo repito: sé que las cámaras de vigilancia ayudan, en algunos casos, a capturar al ladrón, al asesino o a quien sea. Pero, ¿qué debemos hacer? ¿Tener un guardia en cada esquina o permitir que nos siga, durante las veinticuatro horas del día y para nuestra seguridad, un tío con pinta de enterrador? ¿Se trata de eso? He Llegado a ver, en la tele, el anuncio de unas cámaras para colocar en casa y saber, así, lo que está sucediendo en ella durante nuestra ausencia (se supone, la del padre de la familia). El colmo. ¿Debo poner detectives para que vigilen a mis hijos y, sobre todo, a mi mujer? No: basta con las cámaras ocultas en casa. Si pongo cámaras en los rincones estratégicos de la vivienda no evitaré el delito, la traición conyugal o la gamberrada infantil, por supuesto, pero sabré quién y cuándo y tendré pruebas para castigar al o a los culpables.

Hay demasiadas cámaras, demasiado miedo a la libertad. Y la solución, como siempre, no reside en el hecho en sí y que pueden capturar las cámaras, sino en el motivo que ha llevado a hacerlo. Si analizáramos esta cuestión hasta el planteamiento primario, a la premisa más lejana, llegaríamos a una conclusión impepinable: la solución está en la educación. ¡Otro lunático!, deben pensar los que no me conocen. ¡Ya estamos con la ideología majadera!, seguro que opinan los que sí me conocen. Pero me enroco. Quien realmente me da miedo no es la gente del vagón del metro, o el pringao que se tumba en el banco de la plaza y bebe litros y litros de cerveza, o esos muchachos de gorra y pantalones de baloncesto, sino la cámara que nos vigila a todos. Por cierto, ¿hay cámaras vigilando lo que se cuece en los despachos de los directivos de la Banca?

(La foto está extraída de ideasparadecorar)

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Al Assad o las varias varas de medir


La opresión a las manifestaciones populares en Siria han causado ya unos cuatro mil muertos, muchos más que los que había en Libia cuando la OTAN decidió intervenir y sin cuya ayuda, por cierto, los opositores de Gadafi no hubieran ganado la guerra jamás. Con eso no pretendo aprobar a la OTAN. No pretendo que deba actuar al modo de la policía mundial o cosa parecida. La OTAN me cae fatal. Y Gadafi también. Pero, como siempre, parece que haya una doble o una triple vara de medir para utilizar según sea el pollo que se pase de largo. Repito que no estoy exculpando a Gadafi. Ni al tirano de ningún otro país. Muy al contrario, me parece que precisamente en el caso de Al Assad, se le ha dado demasiado aire, el tipo se lo ha tomado a su manera y ahora las cosas están a punto de caramelo.

El tal Assad, además, por mucho que vista a la europea y que pretenda dar una imagen de modernidad occidental, actúa como actuaron Sadam Husein y Muamar El Gadafi: galleando, fanfarroneando, diciendo que hará que toda la región reviente en mil pedazos en el caso de verse atacado por las potencias extranjeras. Naturalmente, eso no se lo cree ni él.

Estados Unidos, La Unión Europea y la Liga Árabe ya le han llamado la atención. Pero parece que eso no basta. Y sin embargo, hasta él sabe que tal y como están las cosas, no le queda mucho tiempo en el trono y que, de un momento a otro, caerá desde lo más alto. Al Assad no tiene salida si no deja el gobierno. Pero la historia se repite. Parece que es necesario que muera una buena parte de la población, combatiente o no, para que al final se rinda el tirano de turno, sea linchado y asesinado o sea capturado, juzgado y probablemente condenado a la horca. ¿La Unión Europea y demás extranjeros no deberían inmiscuirse en asuntos de Oriente Medio? Quizás. Pero el asunto está como lo conocemos y todos sabemos qué va a pasar. O sea que la pregunta es para Al Assad: ¿Por qué esperar tanto?

(La foto está extraída de cvlpress)

martes, 22 de noviembre de 2011

La velocidad de la luz


Me pasa algo curioso. Soy de letras. Siempre lo he dicho y siempre lo diré. Pero a veces me pongo a pensar en que quizás lo sea más porque las entiendo que porque realmente me gusten. Y es que lo que me gusta, lo que me atrae sin remedio, lo que me fascina, son precisamente las ciencias. Sí, las ciencias. Y me pongo a pensar y me digo que quizás sea así porque, en lo tocante a las ciencias, no entiendo absolutamente nada.

El meollo de la cuestión está en que, como no entiendo una palabra de ciencias, de vez en cuando me compro algún libro de divulgación de astronomía, por ejemplo, o de cualquier otra rama del saber científico. Y hace ya muchos años me compré un librito, escrito para profanos muy, muy, muy profanos, sobre la teoría de la relatividad.

Me costó. He de reconocer que me costó muchísimo entender que el tiempo no sea una magnitud estable. Y no me costó nada dejar el libro en la página 25 y olvidarlo por completo durante años, hasta que me trasladé de casa. Puedo llegar a comprender que un cuerpo alcance la velocidad de la luz, que es la máxima que se puede alcanzar según dicen los que saben, pero no tengo ni idea de por qué, entonces, el cuerpo en cuestión ha de estar en desacuerdo con el tiempo. Nada. Por mucho que me ponga a ello, no hay manera. Ahora bien, estoy seguro de que, si Einstein dijo una cosa semejante, no debía ser por hablar de algo.

Y ahora, cuando asumo que un bólido que vaya a 300.000 kms. por segundo puede viajar al futuro, van unos pollos de no sé qué Universidad y dicen que han descubierto unas partículas llamadas neutrinos que, al parecer, pueden alcanzar velocidades mayores a las de la luz. O sea, todo a tomar por saco.

No sé, quizás por eso soy de letras. Las letras, al menos, se quedan impresas en el papel. En cuanto a las ciencias… bueno, creo que eso es para otros.

(La foto está extraída de blogs.alfaguara)

domingo, 20 de noviembre de 2011

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Deportes a lo bestia

Vivo a varios centímetros del País Vasco. No es el País Vasco, pero cada mañana, al salir al balcón para inflar los pulmones de aire fresco, veo los montes alaveses, allá, muy cerca, a dos pasos a la izquierda. Tengo muchos y muy buenos amigos vascos. No es mi intención, por lo tanto, ofender a nadie con este artículo. Pero las cosas, como son.

Al vivir tan cerca de Euskadi no es extraño que mi televisor capte la señal de las cadenas vascas. Las veo de vez en cuando. Y el otro día, por casualidad, vi un reportaje que, por decirlo de alguna manera, me dejó ligeramente aturdido. Se trataba de un deporte del que no tenía noticia, uno de esos deportes de pueblo que tanto abundan por los montes vascos. Ignoro su nombre, pero me hice una idea de sus reglas y sus objetivos inmediatamente. ¡Madre mía! Es el deporte más burro que he visto en mi vida. Me río del levantamiento de piedra, del corte de leña y demás demostraciones de fuerza más o menos comprensibles. Voy a ver si sé explicarme.

Varios equipos de fornidos montañeses, ataviados con sus uniformes de deportistas, sus dorsales y toda la mandanga, es esforzaban en hacer agujeros con una barra de hierro (que empuñaban como si fuese una lanza con la punta hacia abajo) en uno de esos bloques de hormigón armado que suelen utilizarse como contrapesos de las grúas para hacer edificios. Uno de los deportistas agarraba la barra y… ¡hala! ¡Estacazo que te crío! ¡De arriba abajo! ¡Y otro! ¡Y otro más! Así, hasta que, efectivamente, salían disparados algunos fragmentos de hormigón entre chispas que un compañero apagaba echando agua. Al rato tomaba el relevo otro componente de su equipo y seguía con lo mismo. ¡Catacrac! ¡Toma! ¡Dale que te pego! ¡Jotake! ¡A ver quién es el más bruto! Mientras tanto, al fondo, otros equipos hacían lo mismo. Una vez hecho el agujero en el hormigón, cuya profundidad medía un juez con un aparatito, el deportista en cuestión la emprendía a estacazos con el bloque a unos centímetros del agujero inicial. Se trataba, pues, de hacer el mayor número de agujeros en el menor tiempo posible. Supongo que el premio debía consistir en una vaca para comer cruda o algo así. No concibo a los vencedores exhibiendo unas lindas coronitas de laurel.

Cada cual tiene derecho a divertirse según le venga en gana, por supuesto. Pero uno se pregunta: ¿Quién fue el primero? ¿A quién pudo ocurrírsele retar por primera vez a otro a hacer agujeros en bloques de hormigón con una barra de hierro? ¿Y cómo debía ser el otro, el que aceptó el reto?

sábado, 5 de noviembre de 2011

CÓMICS CANGREJO ROJO. Arte en el I-PAD


Desde hace un par de semanas, la editorial Cangrejo Rojo publica sus cómics para el I-PAD. Dentro de poco estará lista la página web y podréis informaros mejor de todo este embrollo. Tras publicar dos cómics gratuitos, dibujados por Bernat Costa y Pedro Espinosa, hemos publicado El Jugador Generoso, basado en un poema de Baudelaire y dibujado por Guillermo Mendoza.

El último cómic publicado es una versión del poema El Jinete de Bronce, de Pushkin, dibujado por Juan Plata y guionizado por mí. El dibujo que encabeza este artículo es una viñeta a toda página de dicho cómic. Sinceramente, los que tengáis I-PAD y os gusten los cómics y la literatura estáis de suerte. Tenemos en stock un buen número de cómics que irán publicándose, semanalmente, a menos de un euro. Ya iré dando información al respecto.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Una víbora en un cajero


Según las noticias, un vecino de cierta localidad vasca fue a sacar dinero de un cajero automático y, en lugar de billetes, por la ranura habitual salió una víbora que le dio un susto tremendo. Hay que ver qué cosas pasan desde que BILDU está en las instituciones.

(La foto está extraída de actualidadypolitica)

domingo, 30 de octubre de 2011

Los políticos: “Yo no he sido”

Mi padre solía decir que, si en una orquesta falla un músico, la culpa es del músico; pero si fallan todos los músicos, la culpa, sin lugar a dudas, es del director.

Es curioso que, en medio de esta crisis de ámbito mundial, los políticos sugieran que los culpables del desastre seamos nosotros, el pueblo, por haber vivido por encima de nuestras posibilidades. ¿Es que acaso no lo vieron? ¿Por qué no lo impidieron? ¿No se dieron cuenta de que nos íbamos a pique? Ninguno de ellos es capaz de adaptar lo que decía mi padre sobre los músicos y el director de la orquesta y entonar aunque sea un modesto mea culpa. ¿Son incapaces de responsabilizarse de algo?

Es de cajón que los asesores económicos de los gobiernos occidentales sabían que iba a pasar lo que ha pasado, pero nadie movió un dedo para impedir que las financieras diesen créditos a personas que no iban a poder devolverlos, por ejemplo. En esos años de vacas gordas, para obtener un crédito rápido bastaba una nómina, y daba igual si los pagos mensuales del crédito superaban la mitad de los ingresos. La financiera te daba el dinero y, supongo, anotaba tu nombre en la libreta de futuros impagados. Porque la fórmula no falla. Si te gastas más de un tercio de lo que ganas solo en la hipoteca, vas de cabeza a la ruina con toda seguridad.

Pretender que la culpa de un desastre general sea del pueblo y no de los que mandan es algo perverso. Y todos los políticos, sin excepción, están en ese grupo. Porque fueron ellos, y nadie más que ellos, quienes dirigieron la orquesta en los buenos tiempos y, por lo tanto, fueron ellos los culpables de que todos los músicos fallasen. Dentro de un mes nos pedirán el voto. Desde luego, no tendrán el mío. Vivimos en mundos diferentes.

martes, 25 de octubre de 2011

La muerte de Gadafi


Desde luego, el asesinato de Bin Laden se ha llevado de una forma muy diferente al de Muamar el Gadafi. Es cierto que, en lo tocante a Bin Laden, solo estaban presentes las cámaras de los soldados norteamericanos y, de hecho, no tenemos ni idea de lo que sucedió. Nos han contado lo que han querido y no han dejado ninguna prueba de nada. Quizás dentro de cincuenta años se desclasifique la grabación y nos la muestren. Quizás no hubo ninguna grabación porque no hubo ningún asesinato. No sé si algún día sabremos lo que pasó allí, si es que pasó algo.

En cuanto a Gadafi, sí había cámaras. O móviles ejerciendo de cámaras que, en vista del resultado, quizás habría sido mejor que no hubiesen estado allí. Era tal el odio que se le tenía a Gadafi que la gente ni siquiera esperó a encontrar una cuerda y ahorcarle: después de darle unos cuantos golpes le pegaron un tiro en la cabeza y se acabó.

Y ahora viene lo que tenía que llegar. Cuando empezaron a manifestarse los brotes de lo que se ha llamado La Primavera Árabe, se destaparon muchas botellas de champán en Occidente. Quizás demasiadas. Ya dije en una ocasión que la democracia no abre las puertas a los derechos sociales y a la civilización, sino al revés. Son los derechos sociales y la civilización los que podrían crear un Estado democrático. Y ahora volvemos a encontrarnos con una democracia incipiente, vacía, fabricada a toda vela, basada en nada. Pero no han tardado mucho en asegurarlo: la nueva Libia se regirá por la ley islámica, que, por arte de mójili-mójili, conjugarán con la democracia y el Estado de derecho. También en Túnez se han impuesto los islamistas con el 40% de los votos.

La Primavera Árabe está venciendo a los tiranos, de eso no hay duda. Gadafi ha muerto a manos de los que creía sus súbditos. Unos súbditos que ni siquiera saben que, con la muerte de Gadafi y la implantación de la democracia, han dejado de ser súbditos para convertirse en ciudadanos. Ignoran hasta lo más básico de lo básico, pero votarán en unas elecciones democráticas y serán ciudadanos demócratas. ¿Democracia y ley islámica? Lo siento, pero no cuadra.

lunes, 24 de octubre de 2011

El fin de ETA


La ETA ha dejado la lucha armada. Eso es lo que dijeron tres encapuchados hace unos días en un comunicado y a mí, de momento, me parece suficiente. No así a ciertas voces del PP y de algún otro partido, que, entre otras cosas, exigen que los etarras entreguen las armas. Desde luego, hay que ser tarugo para pedir semejante cosa. La ETA no entregará las armas jamás. Y en el caso de que opten por entregar cincuenta subfusiles, pongo por caso, es porque tienen quinientos. Que a nadie se le escape que estos grupos tienen algo de mesiánicos, o eso creen ellos, y pueden creerse en la obligación de volver al teatro de operaciones si la ocasión, a su juicio, lo requiere.

Ahora, ante esta nueva e insólita situación, los partidos políticos mayoritarios pretenden adjudicar la victoria a la democracia y al Estado de derecho. Tanto el PP como el PSOE dicen ser los artífices de la operación, los responsables directos. Entre ellos, la justicia y la policía han acabado con los terroristas. Bueno, eso es verdad… en parte. Durante más de cuarenta años, ni Franco (recordemos cuándo nació la ETA), ni los políticos democráticos, ni la policía franquista ni la democrática han podido con ellos. ¿Qué ha pasado, entonces? ¿Cuál es el elemento que ha propiciado la caída de la banda? No es mi intención quitar importancia al trabajo de la policía ni al de nadie. Pero la desaparición de la ETA, en mi opinión, se debe fundamentalmente a otra cosa.

Un grupo terrorista, una banda armada o un ejército de liberación, me da igual, solo pueden sobrevivir si les apoya el pueblo. Si no es así, el grupo desaparece. Ahí tenemos el ejemplo de Terra Lliure, en Cataluña, que nunca ha contado con el apoyo del pueblo catalán y por eso nunca ha funcionado. Los activistas necesitan el silencio cómplice de los nativos, lugares donde esconderse y donde esconder las armas, guías para recorrer las montañas, almacenes, garajes y un sinfín de cosas más que no están en su mano y que solo pueden obtener del pueblo. Y el pueblo vasco se cansó de la violencia hace ya años. La ETA, en mi opinión, ya no tiene ese apoyo que quizás tuvo en algún momento; sobre todo al principio, cuando era internacionalista y luchaba contra Franco. La ETA, ahora, está sola.

De modo que, aparte de los políticos y de la policía, ha sido el propio pueblo vasco quien ha firmado el fin de ETA. No nos confundamos. Y no nos olvidemos del valor que tiene ese rechazo popular de los vascos a la lucha armada.

(La foto está extraída de minutodigital)

miércoles, 19 de octubre de 2011

Cómics Cangrejo Rojo ya está en marcha


Yo empecé guionizando cómics, allá por los años 80, para revistas como El Víbora, El Jueves, Makoki y otras. Y ahora, después de tanto tiempo en dique seco, he vuelto a ello. La nueva editorial de cómics para el I-Pad llamada CANGREJO ROJO ya está en el mercado. Durante un año hemos estado trabajando para hacerlo posible: guionistas, dibujantes, técnicos, traductores, diseñadores, etc. Y hemos empezado por la colección de Literacomics, o relatos literarios clásicos versionados al cómic; relatos y cuentos de Gustavo Adolfo Bécquer, Edgar Allan Poe, Jack London, Conan Doyle y un sinfín de otros autores. Para más información, podéis consultar el blog:

http://blog.cangrejorojo.com

El dibujo de arriba forma parte de una de las historias, El Monte de las Ánimas, dibujada por Pedro espinosa y guionizada por mí.

sábado, 15 de octubre de 2011

El programa de Rubalcaba


Rubalcaba está empezando a mostrar sus cartas y en su programa dice, entre otras cosas, que suprimirá ciertos privilegios de la Iglesia y que hará una ley de dación en pago por lo de las hipotecas. Bien. Si pudiera creer que Rubalcaba ha pensado realmente en hacer algo de eso si llega al gobierno o, cuando menos, intentarlo, indudablemente le daría mi voto. Y eso que no tengo ningún problema con las hipotecas porque no tengo hipoteca. Pero no me creo ni una sola letra de su discurso. Ni del de ninguno de los demás políticos. Si tuviese que valorar, del cero al cien, la confianza que tengo en los políticos, el resultado sería cero. Ahí tenemos el primer ejemplo que me viene a la cabeza: Artur Mas, un tío que va de serio, prometió en su programa no recortar lo concerniente a la sanidad pública. Pues bien. Lo primero que hizo al sentarse en la poltrona fue cerrar cincuenta hospitales y no sé cuántos quirófanos.

De modo que no. No creo en absoluto que Rubalcaba tenga intención de meterse con la Iglesia. Y menos aún con los bancos. En cuanto a su adversario, Mariano Rajoy, tal vez sea la persona menos apropiada para gobernar este país. Bueno, este y cualquier otro. ¿O no recordáis qué lumbrera de la política y los idiomas lo nombró, a dedo, como su sucesor?

(La foto está extraía de barcelonaya)

viernes, 14 de octubre de 2011

Los rescates de la crisis

Ya que los gobiernos pueden rescatar a los bancos, ¿por qué no rescatan a la sanidad pública?

jueves, 13 de octubre de 2011

Vamos a contar mentiras, tralará…


Hace una semana se cumplieron diez años desde que las tropas norteamericanas y sus aliados invadieron Afganistán. En un principio, la razón de la guerra estaba clara: el gobierno afgano, compuesto por unos fanáticos islámicos conocidos como los talibanes, acogía a Bin Laden en algún rincón de su territorio y le daba protección. Para capturarle, los Estados Unidos firmaron una alianza con Pakistán, país entonces gobernado por un dictador mucho peor que los talibanes. Hasta aquí el asunto tiene cierta lógica. Y lo normal, lo sensato a la hora de intentar atrapar a un delincuente que puede estar oculto en cualquier gruta de un desierto inmenso, no es enviar portaaviones, destructores y cientos de miles de soldados. ¿Por qué? Porque se les ve desde lejos y el delincuente puede ir saltando de cueva en cueva tan tranquilo. Lo lógico habría sido enviar a varios comandos de los servicios secretos para que hicieran su trabajo sin hacer ruido.

Pero esas cosas no encajan en la mente de los descendientes del Juez de la Horca y en seguida empezó el bombardeo. Un ataque militar en toda regla para capturar a un solo individuo. El gobierno talibán cayó sin oponer casi resistencia, claro, y los yanquis se hicieron dueños del lugar. Bueno, supongo que se preguntarían, y ahora qué. Los talibanes se organizaron en grupos guerrilleros y desde entonces masacran a los soldados occidentales en atentados suicidas, mediante bombas en los caminos o de cualquier otro modo. Del delincuente en cuestión, ni rastro.

Sin embargo, y si es cierto lo que nos han dicho (porque huele a cuerno quemao, a sapos y culebras), los servicios de inteligencia de los EE. UU. o quien sea dieron por fin con el escondrijo de Bin Laden, mandaron a un comando a por él y lo mataron allí mismo, en cuanto asomó la cresta. ¿Y dónde estaba escondido Bin Laden? ¿En alguna gruta del desierto afgano, como se presumía? ¿En algún búnker vigilado por terribles y feos guerreros talibanes? No. Estaba en Pakistán, con quien Estados Unidos tenía una alianza. Y que no me digan que el gobierno pakistaní no sabía que Bin Laden se escondía en su territorio porque no me lo creo.

Entonces, echando cuentas, resulta que los Estados Unidos de América invadieron un país, Afganistán, que tal vez estuviera gobernado por unos locos peligrosos, de acuerdo, pero que no acogía a Bin Laden bajo su protección y que, por lo tanto, era inocente. Al menos, en cuanto a ese asunto. Nadie ha pedido perdón, por supuesto. Por arte de birlibirloque, y al estilo de la novela de Orwell, 1984, se ha cambiado el objetivo inicial de la guerra: el ejército norteamericano atacó Afganistán para implantar allí la democracia. Toma ya. Por la misma razón podrían invadir el Vaticano, que tampoco es un Estado democrático precisamente. Y gracias a esa democracia impuesta por Occidente, Afganistán está mucho peor que antes. Hay docenas de muertos cada semana.

Pero da igual. No contentos con toda esa atrocidad, los marines continúan batallando, matando y muriendo en Afganistán. Y al gobierno de Pakistán no se le ha pedido ninguna explicación. Nada. Tampoco ha aparecido en los medios ningún representante del gobierno norteamericano explicando la conducta de su ejército al mundo, como si invadir un país sin pruebas de nada ni razón alguna fuese de lo más corriente. Y ningún país del mundo ha movido un dedo de ninguno de sus diplomáticos para pedir cuentas a nadie. Eso me resulta muy curioso. Aunque me resulta mucho más curiosa otra cuestión. Si los americanos quieren quedarse en Afganistán otros diez años, por mí no hay inconveniente. A fin de cuentas, no puedo hacer nada para evitarlo. Pero, después de todo este embrollo, uno puede preguntarse: ¿qué siguen haciendo allí nuestros soldados?

(La foto está extraída de movilae.com)

jueves, 6 de octubre de 2011

El escudo antimisiles


El pacifista Zapatero, que nos sacó de la guerra de Irak y que estuvo radicalmente en contra del escudo antimisiles que, hace diez años, propusieron Bush y Aznar, ha decidido alistar a España entre los países componentes del nuevo escudo antimisiles. Y lo ha hecho a escondidas, en Bruselas (no en las Cortes españolas), después de tres meses de negociaciones secretas con el otro gran pacifista, premio Nobel de la Paz, Barak Obama.

Desde luego, esta historia del escudo antimisiles ha de tener, por narices, juego sucio y subterráneo. No solo porque la plantearon Bush y Aznar, que ya bastaría con eso para sospecharlo, sino porque todo el mundo sabe que el tal escudo no servirá para nada. ¿O nadie recuerda que todo este jaleo de la inseguridad la originaron cuatro moros cuando, con tres cúters y dos cuchillos de postre, destruyeron las Torres Gemelas y parte del Pentágono? ¿Qué habría podido hacer el escudo antimisiles ante eso? Nadie atacará con misiles a Occidente. Nadie es tan estúpido de plantear una guerra frontal contra un enemigo infinitamente superior. Es evidente, visto lo visto, que si hay algún ataque será al estilo de la guerrilla. Por eso digo que hay algo detrás de esta movida. ¿Dinero? ¿Una implantación aún más descarada de las tropas norteamericanas en Europa? A partir de ahora tendremos, en Cádiz, cuatro barcos de guerra de Estados Unidos preparados para repeler un ataque con misiles. ¿También estarán preparados para un ataque con cúters y cuchillos de postre?

Los atentados del 11-M no se habrían producido si Aznar no hubiese enviado a nuestras tropas a Irak, un país que, por cierto, jamás nos había agredido. La seguridad consiste en llevarse bien con la gente. No en aumentar el número de misiles y buques de guerra.

(El dibujo de arriba está extraído de despiertaalfuturo)

lunes, 3 de octubre de 2011

La imbecilidad de los récords Guinness


Según han dicho en las noticias, en Australia se ha batido un récord Guinness al hacer desfilar por la playa a 357 mujeres en bikini. Qué bien. Cosas como esa alimentan la confianza en la especie humana, la ilusión, la esperanza. ¿Qué crisis ni qué leches? No hay nada mejor que comprarte un libro donde te informen de que un fulano ha metido cuarenta y cinco pulpos en un bote o de que otro sujeto no se ha lavado el culo desde 1973. A nadie se le había ocurrido antes. ¡Qué genialidad!

(La foto está extraída de Taringa.net)

domingo, 2 de octubre de 2011

Tintín acusado de racista


Un tal Bienvenu Mbutu Mondondo, que debe querer hacerse famoso a cualquier precio, ha denunciado las aventuras de “Tintín en el Congo” por ser, a su juicio, una obra racista. Desde luego no lo es, pese a que los negros sean la parte más cómica de la historia. “Tintín en el Congo” se publicó en 1930, cuando el colonialismo en África y en Asia aún estaban frescos y los moros y los judíos eran vistos como una raza inferior por según quién. Hay que ser ignorante para juzgar una obra sin tener en cuenta el contexto en que se realizó.

Leo cómics desde que nací y, por supuesto, leí “Tintín en el Congo” por primera vez a muy temprana edad. Puedo asegurar que ese supuesto racismo que impregna sus páginas no me afectó en absoluto, puesto que, ya de adulto, he tenido y tengo bastantes y buenos amigos negros. Por otra parte, si hemos de censurar a “Tintín en el Congo”, ¿qué hacemos con Tarzán? ¿Y con el Hombre Enmascarado, El Espíritu de la selva, el Capitán Trueno, los westerns y tantos otros? Recuerdo una historieta de Zipi y Zape que era evidentemente racista, si hemos de tener en cuenta los baremos del sujeto denunciante. Ah, sí, y en otra de Mortadelo y Filemón salía un negro que daba mucha risa.

Si el tal Mbutu tiene ganas de armar un buen follón con lo del racismo, creo yo que tiene a su disposición un montón de casos de autenticidad impepinable. Ahí está lo que sucede en los barrios marginales de las grandes ciudades de Europa y Estados Unidos, o el conflicto palestino-israelí, o el problema de los indios de Norteamérica, o qué sé yo cuántos más.

(La foto está extraída de laopinioncoruna)

jueves, 29 de septiembre de 2011

Las elecciones: quien gane, pierde

Faltan casi dos meses para las elecciones generales y ya estamos en plena campaña electoral. Los candidatos parecen tener prisa, como si las cosas pudieran cambiar de golpe, de raíz, en cuanto cambie el gobierno. ¿Y qué prisa puede tener Rajoy, por ejemplo? Todas las encuestas le dan una victoria apabullante. Y en cuanto a Rubalcaba, ¿está intranquilo? ¿Por qué? Precisamente, Rubalcaba debería estar contentísimo de que su oponente tenga todas las de ganar. Sí, sí: para él es bueno que gane Rajoy. ¡Porque vaya tomate va a encontrar el nuevo presidente! Rajoy no va a solucionar la papeleta. Ni Rajoy ni nadie, vaya. Es de cajón. Y como la gente es como es, dentro de cuatro años culpará a Rajoy de que no se haya resuelto la crisis. Y Rajoy perderá las siguientes elecciones. Probablemente será el único presidente de nuestra democracia que no haya sido reelegido. Tenemos la excepción de Calvo Sotelo, sí, pero su presidencia fue accidental a causa del golpe de Estado de Tejero. Todos los demás presidentes han gobernado, por lo menos, ocho años. Pero me da en la nariz que quien gane estas elecciones de noviembre solo gobernará durante cuatro años. O sea que puede estar contento Rubalcaba. Para las siguientes elecciones, las de 2015, será el presidente del gobierno de España. Mientras tanto, nada: puede estar haciendo pajaritas de papel en su escaño, a la espera del descalabro del rival.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Obama: la gran esperanza


Ayer, mientras se aplicaba la pena de muerte a un preso en algún rincón de los Estados Unidos, el premio Nobel de la Paz, Barack Obama, decidía en la tribuna de la Asamblea General de la ONU que Palestina no es ningún Estado. Si a eso sumamos que Irak está hecho un desastre, que en Afganistán y Pakistán están peor que antes, que hay una crisis mundial pa cagarse y que Guantánamo sigue albergando a posibles inocentes, obtenemos que Obama no es tan diferente a George Bush. Bueno, sí. Al menos, sabe escribir la palabra “pez” sin faltas de ortografía.

(La imagen está extraída de monsieurdevillefort)

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Prohibiciones, prohibiciones y prohibiciones

Desde hace unos diez años es decir, desde que cayeron las Torres Gemelas y la seguridad se impuso a la libertad nos estamos acostumbrando que nos lo prohíban todo como si fuera lo más normal y los gobiernos solo estuviesen para eso, para prohibir.

Ayer leí en el periódico que ya han aparecido algunos grupos de intolerantes que piden que se avise, a la entrada del cine, cuando haya algún actor que fume durante la película. Así, como si se tratara de una película pornográfica. Los portavoces de esos grupos alegan que ver fumar a los actores incita a fumar a los menores de edad. Supongo que el siguiente paso será prohibir el tabaco en las películas; y el siguiente, retocar informáticamente las películas antiguas en las que salga alguien fumando; o sea, “borrar” el cigarrillo de los dedos de los actores. Así veremos, en Casablanca, a un Humphrey Bogart llevándose la mano a la boca sin tener nada entre los dedos, y hacer después un gesto ridículo con los labios como de ir a silbar. Seguro que las cosas van por ahí… pero nadie dice nada.

Luego le tocará el turno al alcohol, probablemente, y podremos ver películas sobre la prohibición y los gángsters en Estados Unidos donde no aparezca ni una triste botella. ¿Y después? Después pueden venir las armas, por ejemplo. ¿No deberían prohibirse las películas de tiros, los westerns, las películas de James Bond, La guerra de las galaxias? ¿Y las de vampiros? Pueden alterar el normal desarrollo de las mentes infantiles y crearles paranoias. Yo creo que lo mejor es que prohíban el cine, todo el cine. Viendo lo que hay, a lo mejor nos hacen un favor.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El Toro de la Vega y las tradiciones


Cada año, en Tordesillas (Valladolid), se celebra una fiesta más propia de simios que de seres humanos civilizados. Se trata de lo siguiente. A tal hora de la mañana se suelta a un toro por el campo y entre varios centenares de energúmenos armados con lanzas, garrotes y cuchillos, a pie y a caballo, le acosan y le hieren hasta darle muerte. Ni siquiera existe el supuesto arte del toreo. El único objetivo de la fiesta es la tortura del animal hasta su muerte. Ni más, ni menos.

Los defensores de la mencionada fiesta dicen que El Toro de la Vega debe respetarse porque es una tradición. O sea que las tradiciones deben respetarse por el hecho de ser tradiciones. Hacía tiempo que no escuchaba un argumento tan idiota. ¿Debemos respetar todas las tradiciones, entonces? ¿Las de los reductores de cabezas también? ¿Y las de los caníbales? ¿Debemos respetar la pena de muerte por lapidación?

(La imagen está extraída de la-cronica.net)

lunes, 12 de septiembre de 2011

11-S: Empezar de nuevo


El alcalde de New York dice que ha llegado la hora de pasar página, de dejar los atentados del 11-S y Bin Laden para la historia y que debemos empezar un nuevo ciclo. La idea no está mal, aunque me temo que no baste con una declaración de buenas intenciones. Porque aquel 11-S no solo supuso la destrucción de unos rascacielos emblemáticos y el inicio de dos guerras. Sentó las bases de lo que estamos viviendo.

Diez años después del ataque a las Torres Gemelas podemos hacer un pequeño balance. Bin Laden, cuyo objetivo era destruir el sistema occidental de vida, se gastó unos 500.000 dólares en la operación de la destrucción de las Torres Gemelas y el Pentágono. Pero su acción llegó mucho más allá, puesto que se declararon dos guerras (Afganistán e Irak) que, por el momento, han costado dos billones de dólares a los Estados Unidos. Dos billones, con B. Ignoro cuánto ha costado la movida a los demás países participantes, pero sospecho que no debe ser una cantidad despreciable. Hay 6.000 soldados yanquis muertos en combate, a los que habría que añadir los que han muerto tras ser heridos y transportados a hospitales, que deben ser muchos más. Y por si eso fuera poco, el enorme gasto de ambas guerras ha provocado la mayor crisis mundial de la historia, que aún estamos pagando y que tardaremos en quitarnos de encima. Es decir que Bin Laden, con su ataque a las Torres, efectivamente ha hecho que el sistema occidental se tambalee durante, al menos, diez años. ¿Aún hay quien cree que hemos ganado esa guerra imposible contra el terrorismo? En Pakistán, Afganistán, Irak y un montón de países hay más terrorismo que nunca. ¿La muerte de Bin Laden señala el fin de algo? En primer lugar falta saber si realmente está muerto, pero de una u otra forma, no: nada ha terminado. Los soldados occidentales siguen muriendo en las dos guerras declaradas por el descerebrado de George Bush y la situación social y política en aquellos países no ha mejorado lo más mínimo. La gente se pregunta qué hacen nuestros soldados en Afganistán. Será algo que nos preguntaremos en muchas ocasiones cuando hayan vuelto a casa. ¿Para qué hemos estado allí tantos años? Los talibanes siguen dominando la situación, los derechos humanos no existen, no se han levantado grandes hospitales ni las escuelas se han multiplicado. Todo está igual que hace diez años. Salvo en lo que toca a los muertos, claro está. En cuanto a Occidente, hay una crisis mundial, ya lo he dicho, que salpica a países que, en un principio, parecían paraísos celestiales.

Y esa crisis ha sacudido también a España como si fuera un castigo bíblico. Las ansias guerreras y demás cualidades de nuestro ex presidente, José María Aznar, nos han llevado a una situación límite, increíble hace unos años, aparte de generar el episodio terrorista más catastrófico de nuestra historia. Zapatero, por su parte, no ha sabido gestionar el desastre y, además, no lo ha podido hacer peor. Pero si alguien cree que Rajoy nos va a salvar del abismo cuando llegue a presidente, que vaya al psiquiatra. Rajoy no podrá hacer nada. En primer lugar, porque es un inútil. Y en segundo lugar, porque nadie tiene la fórmula mágica. Solo es cuestión de tiempo. De bastante tiempo, eso sí.

De un modo u otro, lo cierto es que Bin Laden montó un pollo formidable que dura ya diez años y aún tardará en solucionarse… si se soluciona. Los Estados Unidos de América han cedido mucho terreno a China, que se ha mantenido a una distancia prudente durante toda la crisis y, mientras tanto, no ha dejado de crecer. La más que probable ascensión de China a primera potencia mundial en un futuro cercano puede suponer, a no muy largo plazo, un nuevo orden mundial. ¿Qué diría Bin Laden de todo esto?

(La foto está extraída de latamhoy)