
El absurdo roza el límite. Quien critique al Estado de Israel puede ser acusado de antisemitismo y prohibírsele la entrada en el país como persona non grata. Algo así se desprende del reciente
comentario que el ministro de Interior israelí, El Yishai, ha hecho refiriéndose a un poema del premio Nobel de Literatura, el alemán Günter Grass, en el que el escritor asegura que el arsenal nuclear de Israel es un peligro para la paz mundial. Los defensores del ministro dicen que Günter Grass vistió el uniforme de las SS en su adolescencia a modo de muestra de su manera de pensar, pero yo también quise ser torero de pequeño y ahora no me pondría un traje de luces ni a patadas en los dientes que me quedan.
Es curioso, además, que haya sido Israel el primero en utilizar la fórmula: el avance de la tecnología nuclear en Irán es un problema para el mundo, viene diciendo desde hace tiempo. Y es posible que lo sea. Pero recordemos que Israel está enfrentado a TODOS sus vecinos, y que un país así no genera mucha credibilidad. ¿Lo dicho anteriormente sobre el antisemitismo y Günter Grass es excepcional? No. Tampoco se le permitió la entrada en el país a Noam Chomsky hace dos años por pretender dar una conferencia en la Universidad palestina de Bir Zeit. Paradójicamente, Israel encabeza la lista de países más intolerantes del mundo, eso que en apariencia pretende combatir. Mientras nadie puede ni siquiera criticarle, Israel se permite el lujo de asfixiar a los que por naturaleza son sus vecinos más próximos.
Israel no preguntará a nadie si decide atacar a Irán. Sabe que los Estados Unidos de América le respaldarán sin hacer preguntas y que Europa respaldará a los Estados Unidos.
Del mismo modo, muy cerca de Israel, Siria hace lo que le viene en gana al margen de la opinión de las potencias occidentales o de las críticas de organizaciones como la ONU. Durante los meses que el gobierno de Siria lleva masacrando a parte de su población, es él, y no la ONU ni cualquier otra institución internacional, quien ha marcado el calendario y ha llevado la voz cantante. Y la cosa sigue.
viernes, 13 de abril de 2012
El baile de los caciques de Oriente Medio
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martes, 14 de febrero de 2012
¡Vaya mundo!

La derecha está dinamitando la carrera del juez que arrestó al general Pinochet mientras, por una puerta lateral, sale absuelto del proceso por corrupción el ex presidente valenciano, Francisco Camps. Dicen que Israel anda detrás del grupo que está atentando contra los científicos nucleares en Irán y que la Primavera Árabe se convirtió en Otoño y después en Invierno. Nadie tiene idea de cómo acabará ese toma y daca entre los dictadores y sus propios pueblos. Ni siquiera en Siria, donde ya hay una especie de guerra abierta que, por cierto, parece que puede extenderse hacia el Líbano. Se habló de una próxima y cercana guerra entre Israel e Irán. Luego se desmintió. Chávez ha sugerido que, tras tanta enfermedad repentina entre los líderes hispanoamericanos, pueden estar los laboratorios y el servicio de inteligencia de los estados Unidos. Bueno, ¿quién sabe? Este año será peor que el anterior, aseguran en Europa. El gobierno español se ha sacado de la manga una reforma laboral basada casi exclusivamente en el despido. Tàpies ha muerto. Y, mientras tanto, China sigue creciendo en silencio. ¡Vaya mundo! Y yo que, por enfermedad, había dejado de escribir durante tan solo unos cuantos días…
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viernes, 10 de febrero de 2012
Marines de las SS en Afganistán

Fotografía de un grupo de marines partidarios de las SS en la guerra de Afganistán. Sin trucos. Y sin más comentarios.
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sábado, 28 de enero de 2012
¿Siria? Ah, ¿pero pasa algo en Siria?

En lugares como Siria es donde se perciben con mayor claridad las diferentes varas de medir de las grandes potencias. Después de la pantomima que ha protagonizado la Liga Árabe, enviando a una comisión de observadores que no han visto nada raro, sigue muriendo a tiros una cincuentena de personas cada día. Y eso sucede desde hace varios meses. Europa no dice nada. Los Estados Unidos de América están demasiado ocupados con sus próximas elecciones. Los demás dejan que pase el aire. Desde luego, no sucedió lo mismo en Libia. En Siria no debe haber nada para traficar. O está todo tan bien repartidito que no es necesario intervenir.
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domingo, 1 de enero de 2012
Feliz año 2012
Este principio de año no voy a hacer un resumen de lo que me ha parecido el año recién terminado ni de lo que opino sobre el que acaba de nacer. El año pasado lo hice y uno de mis lectores casi se mete en un convento. Y este año que viene pinta aún peor que 2011. O sea que mejor me callo. O me callo ciertas cosas y hablo solo de un par de asuntos que me están calentando demasiado las orejas desde hace unos días. Así cumplo y me desahogo, que es de lo que se trata cuando uno lleva un blog como el mío. De modo que vamos pallá.
En primer lugar está Rubalcaba, el zorro, ese hombre frío, de manos ágiles, calvo y cargado de secretos. O mucho me equivoco, lo cual no dejaría de extrañarme —y mucho— en este caso, o será de nuevo el cabeza de lista del PSOE con vistas a las próximas elecciones generales. ¿O alguien cree que Rubalcaba no sabía que iba a perder en las elecciones pasadas? Tiene todo calculado desde el principio, desde que la Mano Negra obligó a Carme Chacón a echar marcha atrás para dejarle el camino libre. Rubalcaba sabía que iba a perder… como sabe que, al contrario, sí tendrá posibilidades de ganar en el próximo enfrentamiento con Rajoy, dentro de cuatro años. Porque Rajoy lo tiene muy difícil. La situación está tan jodida que no hay nadie capaz de solucionarla en cuatro años. Y menos Rajoy, claro, aunque haya sabido seleccionar un equipo que, por qué no decirlo, no es el peor que podía haber escogido.
Y por cierto, después de prometer que no subiría los impuestos, lo primero que ha hecho Rajoy es… subir los impuestos.
***
La otra cosa de la que quería hablar tiene relación con los amos del mundo, con las hamburguesas y los petrodólares. Al parecer, el presidente Obama tenía la intención de dejar cincuenta mil soldados en Irak para evitar las violencias que se están produciendo y que, de una u otra forma, ha generado el gobierno de los Estados Unidos. Pero no. En lugar de eso, ha devuelto a casa a todas las tropas salvo las necesarias para vigilar el territorio de la embajada. Y la razón no tiene nada que ver con el premio Nobel de la paz que tan alegremente le dieron, con motivos humanitarios o con principios de justicia universal. Nada de eso. Los soldados norteamericanos han vuelto a casa porque les han dicho que, al menos en Irak, ha caducado su inmunidad.
Y es que los soldados yanquis gozaban de inmunidad, podían hacer y deshacer cuanto quisieran sin tener que dar explicaciones a ningún Tribunal Internacional. Luego, en caso de escándalo supremo, podían ser juzgados por sus propias instituciones, pero por nadie más. De modo que quien pretenda llevar a juicio a algún militar norteamericano por crímenes de guerra, lo tiene claro. ¿Recordáis a José Couso? Un asesinato en toda regla, ¿verdad? Y además conocemos los nombres y apellidos de los asesinos. ¿Alguien cree que la familia de Couso va a conseguir algo?
Pero los norteamericanos no se han ido del todo. Ayer oí en las noticias de no sé qué cadena de la tele que ahora viene la segunda parte y van a vender toneladas y toneladas de armamento al nuevo gobierno iraquí. Parece un chiste, ¿no? Un chiste sin ninguna gracia.
***
Y así estamos. Poco a poco iremos viendo cómo evolucionan las cosas. Veremos qué pasa con Irán, por ejemplo, con Israel y Palestina o con Corea del Norte, cuyo nuevo líder daría risa si no diese miedo. Pero ya llegaremos a eso. Mientras tanto, tratemos de disfrutar de las fiestas que quedan. Y feliz año nuevo, claro.
(La foto está extraída de xtec.es)
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sábado, 26 de noviembre de 2011
La mafia y otros angelitos
Ayer, vuelta a empezar: el periódico daba la noticia de una nueva matanza de los narcos en México. A veces es a la inversa y son los militares quienes acaban con un grupo de narcos armados hasta los dientes. El resultado, a fin de cuentas, es muy parecido. Hay muertos por todas partes y casi cualquier día. Dice Roberto Saviano, en su ya famoso libro titulado Gomorra, que la Camorra napolitana es mucho más sangrienta que la Mafia italiana, pero que esta se ha visto beneficiada —al menos, en lo tocante a su publicidad— por las películas de Hollywood y la Camorra no. Seguramente tiene razón. Porque no sé si es a raíz de la publicación del libro o es porque a Hollywood dejó de interesarle la Mafia como producto comercial, pero de unos años a esta parte se habla, y mucho, de la Camorra y apenas de nada de la Mafia. La Camorra parece hoy más peligrosa, no hay duda.
Pero Hollywood ha olvidado a otro grupo, mucho más terrible, que está actuando en el día de hoy a pleno rendimiento. Nadie se atreve a escribir de él. Y muy pocos reporteros se acercan a hablar con ese que dice que no sabe nada. Me refiero a los narcos de México, auténtico ejército de delincuentes, sin ideales ni romanticismo.
Por su brutalidad, los narcos desbancan a la Mafia y a la Camorra. Hacen unos túneles estrechos y largos bajo el muro que separa a los Estados Unidos de Norteamérica de los de México y al que hable, palo y sin preguntar. Por ahí pasarán muchos kilos de droga. Tal vez los que usen para despistar mientras unos submarinos caseros pasan por mar la carga dura, la auténtica. ¿Tan fácil es construir un submarino? ¿Tan fácil es hacer un túnel de dos kilómetros para que pasen toneladas de drogas? Creo que no. Y creo que, entonces, debería ser muy fácil capturar a los responsables. Pero ya se sabe que en estos sitios fronterizos pasan cosas raras y que es mejor no meter baza para no recibir un par de tiros.
De todos modos, es sencillo imaginar que los magnates de estos asuntos vivan a cuerpo de rey en unas fincas tremendas, más que lujosas e infranqueables, vigiladas en todo momento por gente armada. Y en el interior de las casas, es aún más fácil imaginar las tremendas comodidades, lo último en diseño, las mejores marcas de vinos. Dice Saviano que eso, en lo que respecta a la Camorra, no es así ni mucho menos. Los jefes de clan sobreviven en oscuros subterráneos que imitan pisos lujosos, pero donde no entra jamás la luz del sol, por ejemplo. Su futuro, casi inmediato, es la celda de una cárcel de donde no saldrán en muchos años. Quizás pase lo mismo con los jefes narcos, no sé. En cualquier caso, estoy seguro de que a los guionistas de Hollywood se les fue la mano con la ambientación de las mansiones de los mafiosos.
Las cosas no son siempre como nos las cuentan. Y por eso Saviano, amenazado de muerte por la Camorra desde hace ya varios años, sigue vivo. Y creo que quiere seguir escribiendo. En esta ocasión sobre la N’dranguetta, el grupo que opera en la otra parte de la bota italiana. La verdad, me gusta cómo escribe Saviano y me atraen los asuntos sobre los que escribe. Esperemos que sepa seguir burlando a camorristas y demás delincuentes para que podamos enterarnos de qué se oculta bajo el suelo que pisamos.
(La foto de arriba, de un arsenal incautado a los narcos mexicanos está extraída de accion.lamula)
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viernes, 25 de noviembre de 2011
Afganistán, once años después
Afganistán. Tenía 17 años y fue violada por el marido de su prima. La única manera de que la muchacha pueda eludir los diez años de cárcel que le impone el tribunal por haber sido violada (es decir, por haber provocado la violación) es casarse con el hombre que la violó. O sea que, once años después de la ocupación norteamericana y de sus aliados, la justicia y los derechos de la mujer (o de la persona) siguen brillando con luz propia.
(La foto está extraída de publico.es)
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miércoles, 23 de noviembre de 2011
Al Assad o las varias varas de medir
La opresión a las manifestaciones populares en Siria han causado ya unos cuatro mil muertos, muchos más que los que había en Libia cuando la OTAN decidió intervenir y sin cuya ayuda, por cierto, los opositores de Gadafi no hubieran ganado la guerra jamás. Con eso no pretendo aprobar a la OTAN. No pretendo que deba actuar al modo de la policía mundial o cosa parecida. La OTAN me cae fatal. Y Gadafi también. Pero, como siempre, parece que haya una doble o una triple vara de medir para utilizar según sea el pollo que se pase de largo. Repito que no estoy exculpando a Gadafi. Ni al tirano de ningún otro país. Muy al contrario, me parece que precisamente en el caso de Al Assad, se le ha dado demasiado aire, el tipo se lo ha tomado a su manera y ahora las cosas están a punto de caramelo.
El tal Assad, además, por mucho que vista a la europea y que pretenda dar una imagen de modernidad occidental, actúa como actuaron Sadam Husein y Muamar El Gadafi: galleando, fanfarroneando, diciendo que hará que toda la región reviente en mil pedazos en el caso de verse atacado por las potencias extranjeras. Naturalmente, eso no se lo cree ni él.
Estados Unidos, La Unión Europea y la Liga Árabe ya le han llamado la atención. Pero parece que eso no basta. Y sin embargo, hasta él sabe que tal y como están las cosas, no le queda mucho tiempo en el trono y que, de un momento a otro, caerá desde lo más alto. Al Assad no tiene salida si no deja el gobierno. Pero la historia se repite. Parece que es necesario que muera una buena parte de la población, combatiente o no, para que al final se rinda el tirano de turno, sea linchado y asesinado o sea capturado, juzgado y probablemente condenado a la horca. ¿La Unión Europea y demás extranjeros no deberían inmiscuirse en asuntos de Oriente Medio? Quizás. Pero el asunto está como lo conocemos y todos sabemos qué va a pasar. O sea que la pregunta es para Al Assad: ¿Por qué esperar tanto?
(La foto está extraída de cvlpress)
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martes, 25 de octubre de 2011
La muerte de Gadafi
Desde luego, el asesinato de Bin Laden se ha llevado de una forma muy diferente al de Muamar el Gadafi. Es cierto que, en lo tocante a Bin Laden, solo estaban presentes las cámaras de los soldados norteamericanos y, de hecho, no tenemos ni idea de lo que sucedió. Nos han contado lo que han querido y no han dejado ninguna prueba de nada. Quizás dentro de cincuenta años se desclasifique la grabación y nos la muestren. Quizás no hubo ninguna grabación porque no hubo ningún asesinato. No sé si algún día sabremos lo que pasó allí, si es que pasó algo.
En cuanto a Gadafi, sí había cámaras. O móviles ejerciendo de cámaras que, en vista del resultado, quizás habría sido mejor que no hubiesen estado allí. Era tal el odio que se le tenía a Gadafi que la gente ni siquiera esperó a encontrar una cuerda y ahorcarle: después de darle unos cuantos golpes le pegaron un tiro en la cabeza y se acabó.
Y ahora viene lo que tenía que llegar. Cuando empezaron a manifestarse los brotes de lo que se ha llamado La Primavera Árabe, se destaparon muchas botellas de champán en Occidente. Quizás demasiadas. Ya dije en una ocasión que la democracia no abre las puertas a los derechos sociales y a la civilización, sino al revés. Son los derechos sociales y la civilización los que podrían crear un Estado democrático. Y ahora volvemos a encontrarnos con una democracia incipiente, vacía, fabricada a toda vela, basada en nada. Pero no han tardado mucho en asegurarlo: la nueva Libia se regirá por la ley islámica, que, por arte de mójili-mójili, conjugarán con la democracia y el Estado de derecho. También en Túnez se han impuesto los islamistas con el 40% de los votos.
La Primavera Árabe está venciendo a los tiranos, de eso no hay duda. Gadafi ha muerto a manos de los que creía sus súbditos. Unos súbditos que ni siquiera saben que, con la muerte de Gadafi y la implantación de la democracia, han dejado de ser súbditos para convertirse en ciudadanos. Ignoran hasta lo más básico de lo básico, pero votarán en unas elecciones democráticas y serán ciudadanos demócratas. ¿Democracia y ley islámica? Lo siento, pero no cuadra.
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lunes, 24 de octubre de 2011
El fin de ETA
La ETA ha dejado la lucha armada. Eso es lo que dijeron tres encapuchados hace unos días en un comunicado y a mí, de momento, me parece suficiente. No así a ciertas voces del PP y de algún otro partido, que, entre otras cosas, exigen que los etarras entreguen las armas. Desde luego, hay que ser tarugo para pedir semejante cosa. La ETA no entregará las armas jamás. Y en el caso de que opten por entregar cincuenta subfusiles, pongo por caso, es porque tienen quinientos. Que a nadie se le escape que estos grupos tienen algo de mesiánicos, o eso creen ellos, y pueden creerse en la obligación de volver al teatro de operaciones si la ocasión, a su juicio, lo requiere.
Ahora, ante esta nueva e insólita situación, los partidos políticos mayoritarios pretenden adjudicar la victoria a la democracia y al Estado de derecho. Tanto el PP como el PSOE dicen ser los artífices de la operación, los responsables directos. Entre ellos, la justicia y la policía han acabado con los terroristas. Bueno, eso es verdad… en parte. Durante más de cuarenta años, ni Franco (recordemos cuándo nació la ETA), ni los políticos democráticos, ni la policía franquista ni la democrática han podido con ellos. ¿Qué ha pasado, entonces? ¿Cuál es el elemento que ha propiciado la caída de la banda? No es mi intención quitar importancia al trabajo de la policía ni al de nadie. Pero la desaparición de la ETA, en mi opinión, se debe fundamentalmente a otra cosa.
Un grupo terrorista, una banda armada o un ejército de liberación, me da igual, solo pueden sobrevivir si les apoya el pueblo. Si no es así, el grupo desaparece. Ahí tenemos el ejemplo de Terra Lliure, en Cataluña, que nunca ha contado con el apoyo del pueblo catalán y por eso nunca ha funcionado. Los activistas necesitan el silencio cómplice de los nativos, lugares donde esconderse y donde esconder las armas, guías para recorrer las montañas, almacenes, garajes y un sinfín de cosas más que no están en su mano y que solo pueden obtener del pueblo. Y el pueblo vasco se cansó de la violencia hace ya años. La ETA, en mi opinión, ya no tiene ese apoyo que quizás tuvo en algún momento; sobre todo al principio, cuando era internacionalista y luchaba contra Franco. La ETA, ahora, está sola.
De modo que, aparte de los políticos y de la policía, ha sido el propio pueblo vasco quien ha firmado el fin de ETA. No nos confundamos. Y no nos olvidemos del valor que tiene ese rechazo popular de los vascos a la lucha armada.
(La foto está extraída de minutodigital)
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jueves, 13 de octubre de 2011
Vamos a contar mentiras, tralará…
Hace una semana se cumplieron diez años desde que las tropas norteamericanas y sus aliados invadieron Afganistán. En un principio, la razón de la guerra estaba clara: el gobierno afgano, compuesto por unos fanáticos islámicos conocidos como los talibanes, acogía a Bin Laden en algún rincón de su territorio y le daba protección. Para capturarle, los Estados Unidos firmaron una alianza con Pakistán, país entonces gobernado por un dictador mucho peor que los talibanes. Hasta aquí el asunto tiene cierta lógica. Y lo normal, lo sensato a la hora de intentar atrapar a un delincuente que puede estar oculto en cualquier gruta de un desierto inmenso, no es enviar portaaviones, destructores y cientos de miles de soldados. ¿Por qué? Porque se les ve desde lejos y el delincuente puede ir saltando de cueva en cueva tan tranquilo. Lo lógico habría sido enviar a varios comandos de los servicios secretos para que hicieran su trabajo sin hacer ruido.
Pero esas cosas no encajan en la mente de los descendientes del Juez de la Horca y en seguida empezó el bombardeo. Un ataque militar en toda regla para capturar a un solo individuo. El gobierno talibán cayó sin oponer casi resistencia, claro, y los yanquis se hicieron dueños del lugar. Bueno, supongo que se preguntarían, y ahora qué. Los talibanes se organizaron en grupos guerrilleros y desde entonces masacran a los soldados occidentales en atentados suicidas, mediante bombas en los caminos o de cualquier otro modo. Del delincuente en cuestión, ni rastro.
Sin embargo, y si es cierto lo que nos han dicho (porque huele a cuerno quemao, a sapos y culebras), los servicios de inteligencia de los EE. UU. o quien sea dieron por fin con el escondrijo de Bin Laden, mandaron a un comando a por él y lo mataron allí mismo, en cuanto asomó la cresta. ¿Y dónde estaba escondido Bin Laden? ¿En alguna gruta del desierto afgano, como se presumía? ¿En algún búnker vigilado por terribles y feos guerreros talibanes? No. Estaba en Pakistán, con quien Estados Unidos tenía una alianza. Y que no me digan que el gobierno pakistaní no sabía que Bin Laden se escondía en su territorio porque no me lo creo.
Entonces, echando cuentas, resulta que los Estados Unidos de América invadieron un país, Afganistán, que tal vez estuviera gobernado por unos locos peligrosos, de acuerdo, pero que no acogía a Bin Laden bajo su protección y que, por lo tanto, era inocente. Al menos, en cuanto a ese asunto. Nadie ha pedido perdón, por supuesto. Por arte de birlibirloque, y al estilo de la novela de Orwell, 1984, se ha cambiado el objetivo inicial de la guerra: el ejército norteamericano atacó Afganistán para implantar allí la democracia. Toma ya. Por la misma razón podrían invadir el Vaticano, que tampoco es un Estado democrático precisamente. Y gracias a esa democracia impuesta por Occidente, Afganistán está mucho peor que antes. Hay docenas de muertos cada semana.
Pero da igual. No contentos con toda esa atrocidad, los marines continúan batallando, matando y muriendo en Afganistán. Y al gobierno de Pakistán no se le ha pedido ninguna explicación. Nada. Tampoco ha aparecido en los medios ningún representante del gobierno norteamericano explicando la conducta de su ejército al mundo, como si invadir un país sin pruebas de nada ni razón alguna fuese de lo más corriente. Y ningún país del mundo ha movido un dedo de ninguno de sus diplomáticos para pedir cuentas a nadie. Eso me resulta muy curioso. Aunque me resulta mucho más curiosa otra cuestión. Si los americanos quieren quedarse en Afganistán otros diez años, por mí no hay inconveniente. A fin de cuentas, no puedo hacer nada para evitarlo. Pero, después de todo este embrollo, uno puede preguntarse: ¿qué siguen haciendo allí nuestros soldados?
(La foto está extraída de movilae.com)
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jueves, 6 de octubre de 2011
El escudo antimisiles
El pacifista Zapatero, que nos sacó de la guerra de Irak y que estuvo radicalmente en contra del escudo antimisiles que, hace diez años, propusieron Bush y Aznar, ha decidido alistar a España entre los países componentes del nuevo escudo antimisiles. Y lo ha hecho a escondidas, en Bruselas (no en las Cortes españolas), después de tres meses de negociaciones secretas con el otro gran pacifista, premio Nobel de la Paz, Barak Obama.
Desde luego, esta historia del escudo antimisiles ha de tener, por narices, juego sucio y subterráneo. No solo porque la plantearon Bush y Aznar, que ya bastaría con eso para sospecharlo, sino porque todo el mundo sabe que el tal escudo no servirá para nada. ¿O nadie recuerda que todo este jaleo de la inseguridad la originaron cuatro moros cuando, con tres cúters y dos cuchillos de postre, destruyeron las Torres Gemelas y parte del Pentágono? ¿Qué habría podido hacer el escudo antimisiles ante eso? Nadie atacará con misiles a Occidente. Nadie es tan estúpido de plantear una guerra frontal contra un enemigo infinitamente superior. Es evidente, visto lo visto, que si hay algún ataque será al estilo de la guerrilla. Por eso digo que hay algo detrás de esta movida. ¿Dinero? ¿Una implantación aún más descarada de las tropas norteamericanas en Europa? A partir de ahora tendremos, en Cádiz, cuatro barcos de guerra de Estados Unidos preparados para repeler un ataque con misiles. ¿También estarán preparados para un ataque con cúters y cuchillos de postre?
Los atentados del 11-M no se habrían producido si Aznar no hubiese enviado a nuestras tropas a Irak, un país que, por cierto, jamás nos había agredido. La seguridad consiste en llevarse bien con la gente. No en aumentar el número de misiles y buques de guerra.
(El dibujo de arriba está extraído de despiertaalfuturo)
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lunes, 12 de septiembre de 2011
11-S: Empezar de nuevo
El alcalde de New York dice que ha llegado la hora de pasar página, de dejar los atentados del 11-S y Bin Laden para la historia y que debemos empezar un nuevo ciclo. La idea no está mal, aunque me temo que no baste con una declaración de buenas intenciones. Porque aquel 11-S no solo supuso la destrucción de unos rascacielos emblemáticos y el inicio de dos guerras. Sentó las bases de lo que estamos viviendo.
Diez años después del ataque a las Torres Gemelas podemos hacer un pequeño balance. Bin Laden, cuyo objetivo era destruir el sistema occidental de vida, se gastó unos 500.000 dólares en la operación de la destrucción de las Torres Gemelas y el Pentágono. Pero su acción llegó mucho más allá, puesto que se declararon dos guerras (Afganistán e Irak) que, por el momento, han costado dos billones de dólares a los Estados Unidos. Dos billones, con B. Ignoro cuánto ha costado la movida a los demás países participantes, pero sospecho que no debe ser una cantidad despreciable. Hay 6.000 soldados yanquis muertos en combate, a los que habría que añadir los que han muerto tras ser heridos y transportados a hospitales, que deben ser muchos más. Y por si eso fuera poco, el enorme gasto de ambas guerras ha provocado la mayor crisis mundial de la historia, que aún estamos pagando y que tardaremos en quitarnos de encima. Es decir que Bin Laden, con su ataque a las Torres, efectivamente ha hecho que el sistema occidental se tambalee durante, al menos, diez años. ¿Aún hay quien cree que hemos ganado esa guerra imposible contra el terrorismo? En Pakistán, Afganistán, Irak y un montón de países hay más terrorismo que nunca. ¿La muerte de Bin Laden señala el fin de algo? En primer lugar falta saber si realmente está muerto, pero de una u otra forma, no: nada ha terminado. Los soldados occidentales siguen muriendo en las dos guerras declaradas por el descerebrado de George Bush y la situación social y política en aquellos países no ha mejorado lo más mínimo. La gente se pregunta qué hacen nuestros soldados en Afganistán. Será algo que nos preguntaremos en muchas ocasiones cuando hayan vuelto a casa. ¿Para qué hemos estado allí tantos años? Los talibanes siguen dominando la situación, los derechos humanos no existen, no se han levantado grandes hospitales ni las escuelas se han multiplicado. Todo está igual que hace diez años. Salvo en lo que toca a los muertos, claro está. En cuanto a Occidente, hay una crisis mundial, ya lo he dicho, que salpica a países que, en un principio, parecían paraísos celestiales.
Y esa crisis ha sacudido también a España como si fuera un castigo bíblico. Las ansias guerreras y demás cualidades de nuestro ex presidente, José María Aznar, nos han llevado a una situación límite, increíble hace unos años, aparte de generar el episodio terrorista más catastrófico de nuestra historia. Zapatero, por su parte, no ha sabido gestionar el desastre y, además, no lo ha podido hacer peor. Pero si alguien cree que Rajoy nos va a salvar del abismo cuando llegue a presidente, que vaya al psiquiatra. Rajoy no podrá hacer nada. En primer lugar, porque es un inútil. Y en segundo lugar, porque nadie tiene la fórmula mágica. Solo es cuestión de tiempo. De bastante tiempo, eso sí.
De un modo u otro, lo cierto es que Bin Laden montó un pollo formidable que dura ya diez años y aún tardará en solucionarse… si se soluciona. Los Estados Unidos de América han cedido mucho terreno a China, que se ha mantenido a una distancia prudente durante toda la crisis y, mientras tanto, no ha dejado de crecer. La más que probable ascensión de China a primera potencia mundial en un futuro cercano puede suponer, a no muy largo plazo, un nuevo orden mundial. ¿Qué diría Bin Laden de todo esto?
(La foto está extraída de latamhoy)
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viernes, 9 de septiembre de 2011
Se acerca el 11-S de 2011
Desde luego, cuánto tiempo ha pasado desde que los reyes, espada en mano, cabalgaban al frente de sus guerreros para enfrentarse al enemigo. La cosa empezó a cambiar con el presidente George Bush, que cuando se enteró del ataque a las Torres Gemelas, en lugar de quedarse en la Casa Blanca para dirigir una posible resistencia, subió al avión presidencial y se quedó en el aire hasta que consideró que había pasado el peligro. Luego le tocó el turno a Sadam Husein, arrogante y bravucón generalazo que, después de enviar a sus tanques contra las tropas norteamericanas, se escondió en una especie de depósito fecal subterráneo hasta que dieron con él. Y ahora tenemos a Gadafi, dictador payaso y cruel, animando a sus seguidores a dejarse matar por él mientras él se escabulle por alguna parte del sur de Libia en una caravana de vehículos cargados de oro, según dicen, aunque nadie sepa nada a ciencia cierta.
Y, por cierto, pasado mañana es el 11 de septiembre de 2011, décimo aniversario del ataque de Bin Laden. ¿Cuántos líderes políticos occidentales se esconderán como ratas en el búnker mientras la población de sus países se expone a un probable atentado?
(La imagen está extraída de miliarium.com)
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viernes, 2 de septiembre de 2011
La primavera árabe: Y ahora qué
En su libro La primavera árabe, Tahar Ben Jelloun analiza las recientes revueltas en los países del norte de África y parte de Oriente Medio. Lo hace desde un punto de vista, en mi opinión, excesivamente optimista. Asegura que están protagonizados por jóvenes del siglo XXI que no tienen ya nada que ver con los turbantes y las gumías de las generaciones anteriores, con el fanatismo religioso y la ley islámica. Dice que las nuevas tecnologías y las emigraciones a ciertos países europeos han colocado a esa juventud en el mundo actual y por eso se han levantado contra unos sistemas anacrónicos de dictaduras de opereta. Eso está claro. Algunos pueblos árabes se han levantado y han conseguido derribar al dictador de turno. Otros están en ello. Libia es un ejemplo. Pero en Libia están ganando los rebeldes gracias a la ayuda occidental, que pasará la factura de los bombardeos a su debido tiempo. Y en los países donde ha triunfado la revolución ha tenido un papel esencial el ejército del propio país. Sin la colaboración del ejército, Egipto seguiría como estaba. O peor aún, con una cuenta creciente de muertos, detenidos y desaparecidos. La revolución pacífica contra un dictador es imposible… salvo si el ejército está de parte del pueblo, como sucedió en Portugal con la Revolución de los Claveles, por ejemplo. De modo que no sé. Los jóvenes se han levantado, sí, pero ahora toca ordenar lo desordenado y son otros los que pueden entrar en escena. Hasta ahora, los integristas no han dicho apenas nada. Y eso significa algo. No sé el qué, pero huele a cuerno quemado. Los gobiernos occidentales, por su parte, ya están planeando el modo de implantar la democracia en Libia, un país artificial compuesto por tribus muy distintas que Gadafi había sabido contener. La situación se parece mucho a la de Afganistán. O a la de Irak. Docenas de asesinatos diarios desde hace diez años. ¿Es eso lo que va a suceder en estas nuevas democracias? ¿Ese es el precio del petróleo y el gas que llegan a Europa y Estados Unidos?
(La foto está extraída de publico.es)
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viernes, 19 de agosto de 2011
Lo que sí sería noticia
Y mientras tanto, en Irak, Afganistán y Pakistán hay docenas de asesinatos diarios. Los soldados de la coalición internacional, que llegaron para implantar la sacrosanta democracia, siguen ahí tras diez años de no se sabe qué, a la espera de nada, viendo cómo mueren unos y otros. Europa no levanta cabeza y los Estados Unidos están también al borde del colapso. Libia lleva meses de guerra civil. Lo de Egipto no está nada claro. En Siria hay una guerra extraña: uno de los dos bandos está armado y masacra al otro, que no tiene armas para defenderse, y ambos pertenecen al mismo país.
Lamentablemente, lo anterior y muchas cosas que me dejo es algo casi rutinario. Lo leemos cada día en los periódicos. La noticia sería que el avión papal, al frente de una flota de aviones cargados de alimentos y medicinas, aterrizasen en el cuerno de África y que el propio Papa, junto a todos sus cardenales, estuviesen en primera fila repartiendo la comida y las medicinas entre los millones de necesitados. Pero eso no sucederá jamás. En vez de eso, el Papa se ha montado una fiesta de 50 millones de euros en España, critica las leyes del país que le ha acogido y se entrevista con las más altas autoridades.
Y por cierto… ¿qué hace Zapatero entrevistándose con el mandamás de un Estado como el Vaticano, que no es democrático, que entiende muy poco de libertad de conciencia, de igualdad sexual y que se ha visto envuelto en líos de blanqueo de dinero y logias masónicas corruptas como la P2, entre otras cosas?
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lunes, 8 de agosto de 2011
Al Assad, el defensor de su pueblo
Desde hace unas semanas, el presidente sirio, Bashar Al Assad, responde a las manifestaciones de su pueblo con tanques y artillería pesada. Hay más de dos mil muertos. Y si la televisión del Estado ha necesitado emitir unos vídeos ridículos en los que se ve a uno o dos civiles armados con armas ligeras como excusa para la represión, también es cierto que la inmensa mayoría de manifestantes no va armada. Y estoy hablando de miles y miles de personas.
Es curioso que, para justificar la masacre, Al Assad haya dicho que “es un deber de Estado proteger la seguridad de sus ciudadanos”. Mmmmm… Me parece que el payo ese y yo tenemos una idea muy diferente de lo que es el pueblo, el Estado y, sobre todo, el ciudadano. ¿A qué ciudadanos protege disparando contra el pueblo? ¿A los militares? ¿Y cómo es posible que un pueblo se proteja de sí mismo? ¿También Franco defendió a España de los españoles?
La Unión Europea, Estados Unidos, Occidente o la madre que los parió se han reunido ya varias veces para condenar enérgicamente la masacre. ¿Y cómo se condena algo enérgicamente, digo yo? ¿Va uno, se levanta y, dando un puñetazo en la mesa, dice “condeno enérgicamente…”? Luego se levanta otro y dice lo mismo. Y luego otro. Y luego se van todos juntos a tomar unos vinos. Porque otra cosa no hacen.
Algo tiene Al Assad que impide una intervención internacional. Supongo que será la cercanía a ese otro país pacífico que es Israel, al que conviene que en Siria siga mandando el mismo. O sea que no sé, pero algo tiene Al Assad. Será el amor por su pueblo.
(La foto está extraída de debates-política)
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viernes, 29 de julio de 2011
¿Dónde va a va parar el dinero solidario?
Acabo de escuchar por la tele que hay que frenar las hambrunas del sur de África que, por lo que se ve, se están cebando últimamente de un modo inusual. ¿Las palabras? Las de siempre: hay que ayudar, hay que ser solidarios, hay que enviar dinero a una cuenta corriente determinada a ver si ganamos al programa de la cadena rival.
Como todos sabemos, hace un año y medio hubo en Haití un terremoto que produjo cientos de miles de muertos, destruyó campos y ciudades enteras y generó otro montón de daños incalculables. Inmediatamente, los países occidentales prometieron enviar dinero por medio de las instituciones, de ONGs, programas de televisión, etc. A día de hoy, Haití está igual que hace un año y medio.
Hace más años, conversando con un amigo mío negro de Camerún, le pregunté por la efectividad de esas aportaciones económicas en los países pobres y todo eso. Él era hijo de brujo, de rico, de jefe. Había visto mucho mundo hasta venir aquí a estudiar Derecho. De paso, montó un par de negocios. Me dijo que, con los beneficios, había comprado un microbús y lo había enviado a Camerún para que los niños de su pueblo pudieran ir a la escuela o algo por el estilo. Bueno. El vehículo desapareció. Llegó al aeropuerto de allí, de eso no hay duda porque lo demuestran los papeles, pero a partir de ese momento dejó de existir. Finsh. Kaput. Se acabó. Y ahí surge la pregunta: si puede extraviarse un microbús en un aeropuerto que no supongo muy transitado, ¿cómo no van a poder despistarse tres o cuatro maletines cargados de billetes?
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martes, 21 de junio de 2011
La democracia real
Desde que comenzó la agitación de los indignados del 15-M se habla, y mucho, de democracia real, pero nadie da una definición ni siquiera aproximada de lo que puede ser tal cosa. Desde luego, la democracia no consiste solo, como pretenden los políticos, en la posibilidad de alternancia de los diferentes partidos mediante el voto de los ciudadanos. Con eso no basta.
En su artículo Ocho preguntas sobre la democracia, publicado en la revista Claves de Razón Práctica, Roberto Toscano dice: La democracia llega después del derecho, no al revés. Muy al contrario de lo que piensa la mayoría de los ciudadanos de Estados Unidos y de buena parte de los europeos, la implantación de la democracia, por sí misma, no implica necesariamente el final de gobiernos corruptos o de situaciones económicas y sociales caóticas. Ahí tenemos los dos ejemplos más claros de este decenio: en Irak y Afganistán, donde se impuso la democracia desde la entrada en escena de las tropas occidentales, hay atentados a diario y los derechos humanos no han avanzado ni un solo paso. Remata Toscanmo: El imperio de la ley antes de la democracia abre el camino a la democracia. La democracia antes del imperio de la ley es un fraude.
O lo que es lo mismo: la mera posibilidad de elegir democráticamente a los gobernantes mediante el voto no significa nada. Nada de nada.
Es significativo que en un país como España, donde la democracia impera desde hace ya un buen montón de años, tengan que salir los ciudadanos a la calle para exigir derechos; o dicho de otra manera, algo que llaman democracia real. Yo tampoco tengo la clave de todo esto, pero sospecho que, al pedir tal cosa, los ciudadanos están exigiendo más participación o, cuando menos, un poco más de atención a su sensibilidad y a sus expectativas por parte de los políticos. No por haber ganado las elecciones, un partido puede hacer lo que le venga en gana. Porque eso es lo que defienden los políticos de todos los colores y lo que han hecho desde siempre: si no os gusta quien manda, votad a otro. Y con eso se acaba todo, ¿no? Caen unos y suben otros… que son exactamente iguales, en el fondo, a los que había antes. Así todo queda en casa. En casa de los políticos, se entiende.
Democracia real. O sea, democracia con apellido. Necesitamos eso porque no nos basta con el nombre propio. Napoleón, Cleopatra, Satanás o Leonardo no necesitan apellidos porque, para bien o para mal, fueron suficientemente grandes. La democracia, sin duda, no lo es.
(El chiste de arriba es de Quino, claro)
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lunes, 9 de mayo de 2011
La operación contra Bin Laden
A finales de noviembre de 1896 –es decir, hace más de ciento diez años-, con motivo de las detenciones por el famoso proceso de Montjuic y a raíz de unas cartas de algunos de los detenidos, el editorialista de El Nuevo Régimen decía que “no nos podíamos creer que a finales del siglo XIX se emplease aún el tormento como medio de investigación”. Vuelvo a decir que eso sucedió en el siglo diecinueve.
La verdad es que me ha costado asimilarlo. He tenido que esperar unos días para comprender lo que ha pasado. O para intentar comprenderlo. Porque parece que han cambiado mucho las cosas desde ese año de 1896. Hoy en día, los que se llenan la boca de grandes conceptos como el de Estado de Derecho, por ejemplo, tras obtener un chivatazo por medio de torturas en una cárcel al filo de la ilegalidad, envían a unos comandos especiales a un país extranjero para que asesinen a cierto individuo y después hagan que el cuerpo desaparezca. Ningún gobierno ha puesto el grito en el cielo. Y menos los occidentales, supuestamente defensores de los derechos humanos. Sí, sí, ya sé quién era Bin Laden. Lo sabe todo el mundo. Y quizás fuera ése el final que merecía o incluso el que andaba buscando, no sé. Ahora bien; el terrorista era él, no nosotros. Debería haber sido capturado y juzgado. Porque después de que, al parecer y al menos en este caso, hayamos aceptado tranquilamente la tortura, el asesinato y la desaparición del cuerpo del delito en pleno siglo XXI, la pregunta no tiene que ver con Bin Laden. La pregunta es: ¿en qué nos estamos convirtiendo?
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