viernes, 19 de octubre de 2007

LOS SANTOS QUE VIENEN

Como dije hace poco más de una semana, el Vaticano amenaza con beatificar a 498 nuevos mártires el 28 de este mes. No sé si alguien con sentido crítico ha pensado en las consecuencias que un acto semejante puede conllevar. Porque las acciones de la Iglesia, aunque a veces parezcan inocuas, tienen repercusiones en todo el planeta. Ahí están, si no, los muertos en vida que no pueden acabar de morir porque la Iglesia se opone a la práctica de la eutanasia, o la cantidad enorme de familias infelices por no haber evitado a tiempo tener aquel hijo no deseado, o la innumerable cantidad de enfermos de SIDA en el tercer mundo por culpa de la campaña que el Vaticano hizo hace unos años contra los preservativos. Parece que la Iglesia no pinta nada en este mundo, ¿verdad?

Entre otras cuestiones sociales, la Iglesia se ha dedicado durante dos milenios a la necesaria labor de fabricar santos. Un trabajo muy útil. No entiendo cómo pueden haber surgido oenegés de ayuda a los desfavorecidos si el Vaticano se ha ocupado siempre de esos menesteres. Porque los santos, aunque no lo parezca, cumplen una función imprescindible en nuestra vida moderna. ¿O es que no curan enfermedades, por ejemplo? Es curioso que no muevan una pestaña contra la injusticia mundial y que sólo dediquen sus esfuerzos a resolver asuntos particulares. Pero es que los santos hacen los milagros, sobre todo, por medio de sus reliquias; y el radio de acción de las reliquias, al parecer, no sobrepasa los tres o cuatro metros de distancia. De ahí que quienes buscan el milagro tengan que desplazarse hasta los santuarios donde están las reliquias mencionadas. Son esos despojos los que consiguen lo que no consigue la ciencia: pedazos de ropa, medallas, miembros que incomprensiblemente no ha corrompido el paso del tiempo. Hay reliquias de primera, segunda y tercera clase, según sean, respectivamente, partes del cuerpo del santo, objetos que tocó el santo o trozos de tela que hayan tocado una reliquia de primera clase.

Pues bueno. Por si no había suficientes reliquias esparcidas por el mundo, el Vaticano ha decidido que, a partir del día 28 de octubre, haya una inmensidad más. Las que corresponden a esos casi quinientos nuevos santos. Supongo que en breve aparecerán sotanas, calzones, huesos, muelas, uñas y otros objetos no menos insólitos y repugnantes. Todo vale. Y todo ha valido durante estos dos mil años de lógica cristiana. Mediante un panfleto anónimo, Lutero ya parodió en 1520 la colección de reliquias del arzobispo de Maguncia. Entre ellas había una de las monedas de plata que cobró Judas por traicionar a Jesucristo, restos del maná que Dios envió a los judíos en el desierto y dos plumas y un huevo del Espíritu Santo. Por cierto, el Espíritu Santo, ¿era paloma o palomo?


(La foto de arriba está extraída de http://static.flickr.com)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo el verano pasado estuve en el vaticano y se me atragantó el desayuno. Si Jesús levantara la cabeza...! Él naciendo en un establo y viviendo humildemente y el Papa ahí, rodeadito de riquezas y guardaespaldas. Qué paradoja!Para vomitar, vamos.