jueves, 14 de febrero de 2008

CENSURADO


¡Hay que ver cómo nos indignamos cuando una ballena se queda atrapada en el hielo y nadie hace nada para rescatarla! ¡Qué rabia! ¡Qué vergüenza! A veces nos duele que muera un niño por inanición en el Tercer Mundo o incluso que haya matanzas en algún país del que jamás habíamos oído hablar. Entonces nos indignamos mucho, decimos que no hay derecho y mojamos la magdalena en el café con leche a la espera de que la tele nos dé otra noticia para indignarnos más. Mientras tanto no hemos echado ni un triste vistazo a los vecinos del tercero, que están a punto de ser puestos de patitas en la calle porque no han podido pagar el alquiler.

Hace años trabajé para una de las empresas de comunicación más poderosas y mejor consideradas del país. Debía hacer los guiones para unos gags cómicos que en primer lugar aparecerían en una revista de papel y luego, según la aceptación del público, pasarían al formato televisivo. Hasta ahí, bien. Pero en cuanto entregué la primera prueba me dijeron que no lo había entendido, que el guión estaba bien y tenía su gracia, pero que había ciertas instituciones que no podían ser motivo de chiste aunque eso no estuviera escrito en ninguna parte. De modo que no había una censura expresa. Cada guionista debía aplicársela a sí mismo antes de entregar los trabajos y si a alguien no le gustaba ese método, puerta. Para evitar malentendidos debo decir que, entre esas instituciones prohibidas, no estaba la Monarquía y, en cambio, estaban la Iglesia y atención ahora la Generalitat. Podías caricaturizar al Santo Padre, pero la editorial no aceptaría una crítica a la Iglesia. Y del mismo modo podías meterte con Jordi Pujol, que entonces era el mandamás en Cataluña, pero no con la institución que presidía. Por muy poderosa que fuese, la editorial sabía muy bien quién podía olvidar sus mensajes de tolerancia y buscarle problemas.

La autocensura democrática es heredera directa de aquella censura de Franco que tanto se ha criticado. Y la verdad es que no sé cuál es peor. Con Franco uno sabía perfectamente dónde estaba la frontera entre lo permitido y lo que no iba a pasar el filtro. Con la autocensura no hay manera de saber hasta dónde puedes llegar o a quién debes dejar para siempre en el tintero. Pero podemos quejarnos, claro está. Gracias a la democracia podemos hablar de lo que queramos porque nos ampara la libertad de expresión. Es una lástima, no obstante, que hablemos sin descanso del mal trato a las ballenas y no nos atrevamos a hablar de unos asuntos que, por cierto, deberían estar continuamente en candelero.

Por ejemplo, en mi opinión no se habla suficientemente de tres asuntos que, en el caso de ser otras las circunstancias, serían los únicos temas de conversación en todas las tertulias del país. Parece como si hablar de ellos pudiera generar unas consecuencias nefastas para quien tenga la osadía de sacarlos a colación o, dicho de otra forma y sin titubear: la gente prefiere no hablar al respecto, se autocensura por si acaso. Me estoy refiriendo, en primer lugar, a la cárcel de Guantánamo.

Acostumbro a darme una vuelta por las librerías todos los primeros de mes, cuando dispongo de algo de dinero para comprarme un par de libros. Por lo general estoy al día de las novedades editoriales y, más concretamente, de aquellas relacionadas con la divulgación de la historia y la política. Pues bien. Que yo sepa, no hay muchos libros dedicados a examinar, criticar o denunciar el atentado a los Derechos Humanos que supone la cárcel de Guantánamo. De hecho, casi no hay ninguno. ¿Cuántos estudios habría si, en lugar de tratarse de una prisión norteamericana, fuese una cárcel rusa? Y no es porque el tema carezca de interés. Al contrario. Pero estoy seguro de que el posible autor prefiere escribir sobre otra cosa antes de perder el tiempo con un texto que no va a ver la luz y, por supuesto, también estoy seguro de que las editoriales apartan de inmediato los originales en cuyo título figure el nombre de Guantánamo. Explícitamente nadie ha prohibido hablar sobre el asunto. Pero tampoco hay nadie dispuesto a trabajar para no ver ningún fruto.

En segundo lugar hay un tema de cuya resolución puede depender incluso la vida en el planeta y que, por lo tanto, reviste un indudable interés general. Se trata de la relación entre Israel y Palestina. Quizás en este caso se haya hablado más que de Guantánamo y quizás la razón de no seguir haciéndolo sea el cansancio al ver que, se diga lo que se diga, todo sigue igual. La actitud de Israel respecto a Palestina no tiene nombre. Máxime cuando los israelíes han sufrido persecuciones y acosos terribles durante bastantes momentos históricos. Pero Israel es el principal aliado económico de Estados Unidos y cuanto se diga en contra de sus métodos caerá en saco roto. Todos sabemos lo que pasa. Sin embargo, la gente ya no habla de ello porque sabe que no sirve para nada.

Y el tercer asunto del que quería hablar está mucho más cerca de nosotros y, por lo tanto, puede parecernos el más delicado de los tres. Se trata del silencio absoluto que existe entre la gente cuando alguien intenta hablar de la ilegalización del partido Acción Nacionalista Vasca, ANV. No intento ponerme de su parte. Su permanencia o no dentro de los límites de la legalidad es cosa de la Justicia y no me meto. Sólo observo que hay miedo a la hora de opinar, el mismo miedo que cuando Franco enviaba a los grises para desbaratar una reunión ilegal. Estoy seguro de que más de uno habrá resoplado con reserva y precaución al leer que este párrafo iba a tratar sobre la ilegalización de ANV.

Y lo cierto es que es natural que la gente tenga miedo de hablar. En algunos países democráticos de Europa es delito negar el Holocausto nazi. Naturalmente, estoy convencido de que el Holocausto tuvo lugar y que quizás nos quedamos cortos al decir simplemente que ha sido uno de los mayores horrores de la historia. Pero de eso a encarcelar a quien lo niega hay un abismo. Y si no, si es tan comprensible que se aparte del juego democrático a quien niegue ciertas evidencias, deberían ilegalizar a un partido político español que insiste en afirmar que los atentados del 11-M no fueron cometidos por islámicos radicales.


(La imagen de arriba está extraída de zonalibe.org)


5 comentarios:

mar sarto dijo...

Voto por que se ilegalice a "ese" partido político español.

Creo que el problema que estás comentando en este artículo, radica en que casi todas las noticias que consumimos vienen enlatadas y provienen de la misma fuente; de la misma agencia de noticias.

moncho dijo...

Eso es. Y de paso ilegalizamos tambien a los nacionalistas, que nos caen tan mal, y entonces nos ahorramos las elecciones (gasto inútil dónde los haya, pudiendo gobernar siempre los que siempre tienen la razón). Eso se llama talante democrático.

O también se puede llamar equidistancia: equiparar a "ese" partido democrático con "esos otros" políticos que apoyan a un grupo terrorista. Que financian a un grupo terrorista, con parte de nuestros impuestos.

¿No nos estamos pasando un pelin?

César Galiano Royo dijo...

Qué va. Habría que ilegalizarlos a todos.

mar sarto dijo...

Voto por ello.

moncho dijo...

¡Ah, anarquistas! Entonces estoy de acuerdo.