miércoles, 12 de diciembre de 2007

PERÚ Y FUJIMORI: UNA LECCIÓN DE DEMOCRACIA


Aunque no se trató el asunto con la contundencia que merecía, el general Augusto Pinochet recibió un varapalo en los últimos años de su vida. El pueblo chileno no consiguió una condena para el dictador, pero se dejó oír, que ya es mucho. En Perú, hoy por hoy, el dictador Fujimori está siendo juzgado bajo la acusación de haber perpetrado no sé cuántos asesinatos, secuestros y demás menudencias. No sé qué piensan al respecto los Estados Unidos de América. Supongo que nada, como es habitual en un país acostumbrado a que nadie hable de la pena de muerte en su territorio mientras se critica en países como China o a que la gente se manifieste por los derechos humanos en Cuba mientras en Guántamo impera la ley del más fuerte. Sin embargo, a menudo los poderosos deberían echar un vistazo a los débiles y tratar de aprender de ellos. Nadie ha intentado jamás sentar en el banquillo a un presidente de los Estados Unidos. Y eso que han hecho de todo, desde invadir un país por si acaso, hasta vender armas químicas, subvencionar a militares golpistas o lanzar dos bombas atómicas sobre la población civil. Si el presidente de cualquier otro país hubiese cometido la décima parte de las atrocidades cometidas por los norteamericanos, probablemente habría sido formalmente acusado, perseguido y, con suerte, juzgado y condenado. Pero a lo que iba. Aunque a los Estados Unidos les importe un pepino lo que suceda fuera de sus fronteras, esos países latinos a los que desprecian les están dando una lección magistral de democracia y de derechos humanos. Tanto Pinochet como Fujimori se han enterado, al menos, de que son unos cabrones.

Aquí, en España, tampoco hemos llegado al extremo de juzgar a ningún dictador. Y eso que hemos tenido oportunidades. No obstante, con el tiempo hemos aprendido mucho y, por supuesto, también hemos sabido dar una lección de democracia a los Estados Unidos. Se trata de una lección discreta, a la que muy poca gente ha dado el valor que realmente tiene, y que se dio nada menos que bajo el gobierno de José María Aznar. Voy a ver si me explico.

A los Estados Unidos de América les gustaría ser el ejemplo a imitar en todo lo que hacen y, para empezar dándonos gato por liebre, intentan colarnos el cuento de lo del sueño americano y se quedan tan anchos. El tal sueño dice que todos los ciudadanos del país de la liberté tienen las mismas posibilidades de hacerse de oro, que en principio nadie es más que nadie y que hasta el negro más negro entre los vecinos de Harlem puede ser algún día el presidente de la nación más poderosa del planeta. No hay nada más falso, claro. ¿Un vecino de Harlem en la Casa Blanca? Vamos, hombre. ¿Un ciudadano de a pie y de color de color negro, se entiende presidiendo el gobierno de los Estados Unidos de América? En realidad, los ciudadanos de los USA no están gobernados por una democracia, sino por una oligarquía democrática; o sea, un gobierno de millonarios elegidos mediante las urnas. Únicamente los millonarios pueden costear el inicio de una campaña electoral tan extraordinaria como la norteamericana y, por lo tanto, los votantes de los Estados Unidos de América sólo pueden elegir, entre varios millonarios, qué millonario quieren que les mande. Luego podrán decir que ese millonario es distinto al otro millonario de más allá por esto y por lo otro, pero son sólo matices superficiales.

En España, en cambio, somos más auténticos y vamos mucho más lejos en todo lo que nos proponemos. Aquí no nos andamos con mariconadas. ¿No se trata de ser demócratas? ¿Y la democracia no se basa en la igualdad de derechos para todos? Pues eso. Somos tan sumamente demócratas que, como he dicho antes, podemos dar una lección de democracia a esos yanquis de las narices. Porque si en los USA sólo pueden llegar a presidente los que tienen mucha pasta y mucho petróleo y mucho de todo, aquí, en España, no necesitamos tanta gaita. Cuando José María Aznar se hizo con las riendas del gobierno de la nación quedó claro que, en nuestra querida España, puede ser presidente cualquiera.

(La niña del chiste es Mafalda, claro, el personaje de Quino)


7 comentarios:

mar sarto dijo...

Quieres decir que José mª Aznar no es rico?
Y, ¿Ana Botella lo sabe?
Así estaba ella de emocionada cuando, en un ejercicio de estilo sin par, pudo cambió las cortinas de la Moncloa y las enseñó en todos los medios habidos, ante el estupor de todos los españoles de bien.

mar sarto dijo...

quise decir "pudo cambiar"

mar sarto dijo...

y no "pudo cambió"

César dijo...

Ah

César dijo...

Quise decir "Ah.". O sea, con punto al final.

mar sarto dijo...

vale

mar sarto dijo...

quiero decir que "lo he pillao"