martes, 11 de diciembre de 2007

AY, FIDEL, FIDEL…


Ayer por la mañana, entre uno y otro bocado de unas estupendas tortas que compré en Nájera hace unos días, escuché por la radio una nueva queja en el acostumbrado tono lloroso de los militantes de CIU. En esta ocasión se trataba de la voz de una de las diez mujeres del mencionado grupo político que se desplazaron a Cuba para hacerse notar en Cataluña y, por supuesto, en España. Con esa cantinela que tan bien conocemos los que no tuvimos más remedio que sobrevivir intelectualmente bajo la bota de Jordi Pujol, la mujer ha sugerido que no hay derecho a que les hayan retirado el pasaporte y que estén a la espera de ser devueltas a España después de haber aterrizado en Cuba con visado de turistas y haberse involucrado descaradamente en una manifestación a favor de unos disidentes. «Sólo pedíamos derechos democráticos
», se ha lamentado.

Aunque podría hacerlo, no voy a defender ahora a Fidel Castro. De hecho puedo defender a quien me dé la gana, siempre y cuando en alguna ocasión me haya dado motivos para hacerlo. Y Fidel tuvo su buen momento. Hace muchos años que pasó, pero eso no viene al caso. El hecho es que a esas mujeres convergentes les ha dado por erigirse en adalides de la democracia. Se han plantado junto a unas veinte mujeres cubanas y, provistas de unas pancartas bien grandes, han pedido la libertad de los presos políticos y han clamado por los derechos humanos. Qué curioso que hayan elegido Cuba para hacerlo, donde saben de sobra que las excelentes relaciones entre el gobierno de allá y el de aquí impedirían cualquier contratiempo serio. Porque a Guantánamo ni se han acercado, no, teniendo la oportunidad de plantarse ante las puertas del imperio y decir bien alto que no es oro todo lo que reluce. Sólo han ido a meterse con Fidel. Y luego se quejan de que las echen, claro. Bueno, para eso han montado el espectáculo. Yo pediría a esas valientes, ya que defienden los derechos en los países donde no los hay, que vayan a la plaza mayor de la capital de Arabia Saudí y, ataviadas con un tanga de leopardo, clamen por la libertad de imagen, que también es un derecho democrático. Entonces seré yo quien reconozca su valor.

(La foto de arriba está extraída de editorcannocchiale.dol.it)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues sí que mola eso de ir de libertadores y adalides de la democracia allí donde no se corre ningún peligro. Para su próximo viaje reivindicativo les recomiendo Haití, allí creo que están permitidas las manifestaciones... Un saludo, primo.

Ummm, no se dijo...

Con todo lo que hay que arreglar todavía por aquí y se van para allá.