viernes, 29 de octubre de 2010

La batalla de las audiencias


La programación de la tele está directamente relacionada con la audiencia. Por eso es tan mala. A mayor audiencia, más tiempo ha de estar en antena un programa. Y todos sabemos que, en lo que atañe a la cultura, la opinión de la mayoría no suele ser la mejor ni la más cualificada. En lo que atañe a otras cosas, tampoco; pero ahora no quiero hablar de política.

Según tengo entendido, el nivel de la audiencia se mide con unos aparatitos colocados en los receptores de un número determinado de telespectadores. No sé de cuántos. ¿Cien? ¿Mil? ¿Cien mil? Ni idea, pero el caso es que deben ser muchos para que las encuestas tengan valor, vamos, digo yo.

Sin embargo, no conozco a nadie que tenga instalado el aparatito. Ni nadie que yo conozca sabe de nadie que pueda tenerlo. Y conozco a muchísima gente que, a su vez, conoce a mucha más gente aún. O sea que no sé. ¿Colocan esos aparatos en algunos televisores antes de venderlos y el consumidor se los lleva a casa sin saber nada de eso? No lo creo. Me parece, más bien, que todo es un cuento. ¿Qué garantía tenemos de que la encuesta de cierta cadena es correcta? ¿Dónde están los aparatitos, o los inspectores, o los mismos ciudadanos encuestados a quienes nadie conoce? TeleChollo llega al 95% de audiencia. Ah, ¿sí? ¿Y dónde están las pruebas?

En este mundo traidor hay un montón de historias que nos creemos así, porque sí, sin plantearnos nada de nada. Tal cosa es así porque lo dice la gente. Tal otra es asá porque lo dice el de allá. O porque lo dice el periódico, vaya, cuyas fuentes de información a menudo son un misterio insondable. Por mi parte, cada vez soy más escéptico. ¿Dicen que la democracia es la forma de gobierno menos mala? Bueno, eso aún tienen que demostrármelo.

(He extraído la imagen de profeblog)

1 comentario:

Javier dijo...

Ninguna fe, amigo mío, ha protegido nunca del fanatismo. El escepticismo es un buen antídoto, mientras no se convierta en una religión. Supongo.

Mis respetos.