sábado, 30 de octubre de 2010

El jurado popular


Cuando estudié Derecho, hace ya muchos años, estaba empezando a plantearse el asunto del jurado popular en España. Debo decir que al principio yo estaba de acuerdo en su implantación, pero luego, a medida que los profesores fueron explicándome las ventajas y los inconvenientes, me decanté irremediablemente en su contra. ¿Por qué? A veces creemos que sabemos mucho de algo o que estamos autorizados a emitir juicios al respecto y, sin embargo, en cuanto alguien con más conocimiento de la situación nos habla de ello, es muy posible que cambiemos de parecer.

Con el jurado popular me sucedió eso mismo. En un primer momento pensé que sí, que claro, que la justicia debía estar en las manos directas del pueblo. Pero no. El pueblo se deja arrastrar por demasiadas pasiones, por las modas, por lo que le cuentan en la tele, en los periódicos o en las revistas. Ante un jurado popular, por ejemplo, tiene muchas más posibilidades de ser condenado un tío feo y mal vestido que uno guapo y elegante. Del mismo modo las mujeres, ante un episodio de violencia de género, tienen muchos puntos a su favor en virtud de la campaña de Zapatero al respecto; o el payo frente al gitano; o el vecino aparentemente intachable frente al que no tiene casa. Recordemos que muchas mujeres votaron a Suárez, en las primeras elecciones democráticas, “porque era el más guapo”. ¿Esas mismas personas deben tener el poder de condenar o absolver a alguien?

Puede decírseme que también los jueces están sujetos a las influencias, a las modas pasajeras o a los dolores de cabeza. Y es verdad. Todos somos humanos, pero creo que los jueces no son tan susceptibles de ser embaucados por asuntos circunstanciales como el común de los mortales. Para eso estudiaron.

¿Verdad que nadie se entromete en el trabajo de un ingeniero cuando se pone a construir un puente? No todo puede ser democrático. El vecino del quinto no debe ni puede opinar sobre el hormigón empleado para construir el aparcamiento subterráneo ni puede ni debe opinar sobre la anestesia que hay que inyectar al paciente. De la misma manera, en mi opinión, la justicia ha de estar en manos de profesionales que no se dejen influir por los periódicos, por la tele, ni por ningún otro estímulo. ¿Un jurado compuesto por tres o cuatro letrados? Quizás de ese modo no siempre tendrían ventaja los que estén de moda, los guapos o los bien plantaos.

(La foto pertenece a la película Doce hombres sin piedad, escrita por Reginald Rose y dirigida por Sidney Lumet)

4 comentarios:

Javier dijo...

Interesante tema y complejo. Por supuesto que administrar justicia no debe ser, al menos no siempre, una cuestión opinable o sujeta a humanos sentimientos. Pero también le digo, señor Galiano, que el panorama de la justicia en España es tan decepcionante como la misma clase política que lo controla, su inexcusable lentitud o la ausencia de una adecuada especialización de sus magistrados. Aspectos administrativos o políticos que desdibujan cualquier concepción medianamente digna de nuestro Estado. Dios nos libre –es un decir- de necesitar una sentencia justa o un tratamiento médico de urgencia. Podríamos perder algo más que la vida.
Supongo.

Un cordial abrazo.

César dijo...

Sí, Javier; sin duda tienes razón cuando te preguntas dónde está a veces esa profesionalidad que deberían tener los jueces, pero te aseguro que, entre todos ellos, hay más de uno que es honesto con lo que hace. No todos, desde luego. Ni siquiera son muchos, pero los hay.

En cualquier caso, y en mi opinión, siempre será preferible un jurado compuesto por profesionales de la justicia que uno compuesto exclusivamente por ciudadanos del montón. La del segundo tercera siempre condena.

Javier dijo...

Por supuesto, D. César; por supuesto.

Las generalizaciones tienen eso, no muestran adecuada consideración con las excepciones.

Gracias por su oportuna puntualización.

moncho dijo...

Yo preferiría que me juzgase un juez antes que un jurado, ¡cien mil veces! Aún así, recuerda la maldición gitana: juicios tengas, y los ganes... La justicia no funciona demasiado bien, es leeeeeenta y un asunto depende de tantas cosas para llegar a buen fin. Un juicio es lo más parecido a una pesadilla.