jueves, 18 de noviembre de 2010

De nuevo El Valle de los Caídos

Entre algunas otras cosas, el Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid pide la voladura de la gran cruz del Valle de los Caídos. Ya di mi opinión al respecto años atrás, pero si es necesario la vuelvo a dar. Es esta: si volamos el Valle de los Caídos o parte de él por ser la obra de un tirano o un dictador, que lo mismo me da, también debemos volar el anfiteatro romano de Tarragona, por ejemplo, o las estatuas ecuestres de numerosos generales que pueblan nuestras plazas mayores.

3 comentarios:

Javier dijo...

Destruir los símbolos, evidentemente, no destruye el pasado. Esa forma de pensar traduce una lamentable y triste realidad, la deplorable categoría mental de esos indigentes. Y su prepotencia. Su determinación para reescribir la historia sobre las cenizas de la verdad solo traduce su desahucio moral. Lamentable.

BENJAMIN dijo...

Javier:
¿Que estás intentando decir?. ¿Quienes son los "indigentes"?. ¿Que historia se trata de "reescribir"?. ¿Sobre que cenizas? ¿Quienes son los "buenos" y cuales son los "malos"?. Hay "historias" que no son HISTORIA. Existe historia que son "PASADOS". y muy negros, por cierto.

Javier dijo...

Por supuesto, Benjamín. Mi comentario obedece a un tipo de perspectiva que intento compartir contigo.

Estuve en México este verano. Allí también hay un movimiento social empeñado en borrar todas las huellas del pasado español. Más que una forma de reivindicación es una iniciativa empeñada en reescribir ficticiamente un pasado inexistente eliminando cualquier referencia que dificulte el diseño de una identidad nueva. Por suerte, también allí muchos se niegan a construir sobre las cenizas de su propia cultura.

Podemos, en mi desautorizada opinión, redefinir los significados de aquellos elementos artísticos que fueron símbolos de un horror, pero eliminar las obras de arte en sí no solo no es útil a este objetivo sino que es una forma inmadura y pueril de reescribir el futuro. Es lo mismo que hicieron, antes que nosotros, esos guerreros bárbaros que pueblan los libros de historia de la humanidad al destruir las riquezas artísticas de los pueblos que sometieron y privándonos de legados culturales insustituibles.

Nada extraño, por lo demás, en una sociedad que considera normal destruir la riqueza del bilingüismo para garantizarse una supuesta nueva identidad histórico-cultural. A eso de destruir para reivindicar yo le llamo, por puro capricho, miopía mental. Fanatismo, en suma.

Mis respetos.