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jueves, 15 de abril de 2010

Blancanieves y la igualdad


En función de lo que suelo ir diciendo, estoy seguro de que hay quien cree que la ministra de igualdad, Bibiana Aído, me parece especialmente ridícula o que su ministerio es un simple escaparate o una institución cara e inútil. Bueno, pues he de decir que quien crea tal cosa… está en lo cierto. Y no sólo eso. Desde mi punto de vista, el mencionado ministerio es más sexista que las actividades que pretende combatir. Creo que en Europa no hay una institución más sexista que nuestro ministerio de igualdad. Pero voy a dejar esa cuestión para otro día, porque hoy quiero hablar de una nueva propuesta que ha partido de sus insignes salones y que, para variar, lleva la firma turulata del absurdo. No sé, yo me imagino a Bibiana y a los suyos llegando al ministerio, sentándose ante las mesas de sus despachos y preguntándose: “¿Qué tontería vamos a decir hoy?”. Porque no hay para menos. Y es que la última chorrada, que sobrepasa los límites de lo razonable, alude al supuesto sexismo de los cuentos clásicos infantiles y propone que Blancanieves, La Cenicienta y otros tantos del mismo aire sean eliminados de los programas escolares para no contaminar las mentes de nuestros hijos. Bravo. Nuria Alonso lo deja bien claro en el periódico La Rioja: “Resulta que, según la tesis de Aído, no era la Bella Durmiente la que tenía que ser salvada sino que ella debería haber salvado al Príncipe Felipe. Y que Blancanieves no tenía que haber mordido la manzana envenenada, sino, no sé, igual el príncipe o los enanitos (perdón, los 'bajitos' por aquello de no discriminar) tenían que haber mascado el fruto prohibido”. Y ya, de paso, después de alterar, censurar o prohibir los cuentos de siempre, podríamos cargarnos todos los títulos de la literatura universal por el mismo motivo, los cómics, los relatos de tradición oral y la mayor parte de las canciones. O sea, todo.

(La terrible imagen de la Cenicienta con la escoba ha sido extraída de adisney.com)

miércoles, 9 de julio de 2008

Un CASO de VIOLENCIA de GÉNERO


Mi amigo Salvador Sáinz ha incluido un relato en su blog. Parece una carta al director de un periódico, pero no puedo asegurarlo porque no hay indicación al respecto. Sólo unas siglas a modo de firma y ya está. Supongo que es cierto lo que dice el texto, aunque, si no lo fuera, bien podría serlo. Lo reproduzco íntegramente.


En junio de 2006, temblando tras ser abofeteado y zarandeado, y soportar una avalancha de gritos e insultos delante de mi hijo de 7 años, me encontré en la calle. Acababa de huir de una situación insostenible: era el último episodio de una larga serie de vejaciones y agresiones por parte de mi pareja. Me marché ante la imposibilidad de dialogar con ella, que estaba completamente fuera de sí, y para ahorrar a mis hijos el tener que soportar aquella situación de extrema violencia, que ya habían presenciado en otras ocasiones. Era un viernes por la tarde. Llamé al 010 para pedir ayuda, y tras casi media hora al teléfono con este servicio, mi interlocutora y yo llegamos a la conclusión de que no existía organización, instancia o asociación alguna, ni casas de acogida -nada de nada- adonde podía acudir un hombre maltratado en busca de ayuda. La única sugerencia fue que pusiera una denuncia y me esperara “a que se le pasara”, aunque fue medio en broma porque “ya sabemos que no servirá de nada”. Lo hice: me aguanté y regresé, más que nada porque no tenía adónde recurrir. No le puse ninguna denuncia. Pero la decisión ya estaba tomada: sólo hacía falta reunir un poco de dinero para no tener que dormir debajo de un puente y esperar una nueva explosión, que sabía que no tardaría en llegar. Varios meses después, en febrero de 2007, la situación volvió a estallar, con gritos e insultos delante de mis dos hijos, lanzamiento de objetos, etc. Decidí no aguantar más tras este enésimo episodio violento y me marché de casa, poniendo fin a 11 años de matrimonio. Cuál fue mi estupor cuando al cabo de diez días se presentaron dos Mossos d’Esquadra en mi nuevo domicilio y me llevaron detenido al calabozo de Les Corts, donde pasé 24 horas en una celda cochambrosa antes de poder declarar ante la juez. Tras varias horas detenido, por fin supe de qué me acusaban: mi ex esposa me había denunciado -a “toro pasado”- por violencia doméstica, citando dos episodios que supuestamente habían ocurrido meses antes. Mientras tanto, los Mossos intentaron sacarme una declaración con alevosía, es decir, sin avisarme del derecho a que me asistiera un abogado en todo momento. Esta bonita experiencia ocurrió el Día de San Valentín. Como para guardar un buen recuerdo de tan señalada fecha…

Según el auto de la juez, la denuncia fue “sesgada e interesada”, incurriendo en múltiples contradicciones, y “poco creíble”. No obstante, un año después de la denuncia tendenciosa y falsa, sigo en el registro de maltratadores y sigo sin poder ver con normalidad a mis hijos (inciso: esto lo escribí hace un par de meses, y en el interín la jueza ha sobreseído el caso y mandado que borren mis datos de la “ficha” abierta).

Y desde luego, nadie podrá borrar de mi mente la experiencia de verme despojado hasta de mi reloj y de los cordones de mis zapatos, de tener que pasar la noche en una celda cochambrosa, con hedor a orines y heces y gritos aterradores por parte de voces anónimas procedentes de otras celdas. De que me trataran como un animal, de darme de comer en esas 24 horas apenas dos lonchas de pan blanco de molde con una fina capa de algo indescriptible en medio. De tener sed y esperar más de media hora a que me dieran un vaso de agua porque el personal “estaba demasiado ocupado” como para atender una petición tan insignificante. Y todo ello por una denuncia falsa, sin prueba alguna y sin testigo alguno que la avalara. ¿Dónde está la igualdad? ¿Y qué hay de la presunción de inocencia?

M. J.


Después de leer lo anterior me embarga una duda. El otro día, con motivo de la celebración del Orgullo Gay, la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, encabezó una manifestación de gays, lesbianas, transexuales y demás. Ya que es la máxima representante de la igualdad en este país, ¿habría encabezado también una marcha de hombres maltratados?

jueves, 26 de junio de 2008

La BIBLIOTECA IGUALITARIA de las MUJERES


Es como si no supiera qué hacer con el cargo. La ministra de DESigualdad ha vuelto a hacer de las suyas y, además, por partida triple. Para empezar, piensa crear una biblioteca de libros escritos solo por mujeres y dedicada exclusivamente al uso de las mujeres. Eso me parece muy justo, dado que hasta ahora solo los hombres podían entrar en las bibliotecas para leer libros escritos exclusivamente por hombres. Un gran paso adelante, sin duda, en el proyecto de igualdad entre los sexos.

Y la cosa no acaba ahí. Harta de críticas hacia su modo de referirse a los miembros femeninos cuando habló de las miembras, la ministra ha dicho que le parece mentira tanto revuelo teniendo en cuenta que guay o fistro no lo tuvieron tan difícil para entrar en el diccionario. Genial. El término guay pertenece al cheli o, dicho de otra manera, al argot español, un lenguaje utilizado por los miembros o miembras de ciertos colectivos más o menos marginales desde los tiempos de Benito Pérez Galdós. Al menos, don Benito ya hablaba de la chupa, el peluco y cien cosas más en sus novelas decimonónicas. En opinión de la ministra quizás debería tener la misma importancia el término miembra, acuñado y utilizado por ella y, por lo tanto, susceptible de entrar a formar parte del Diccionario de la Real Academia de inmediato. Y eso si nos referimos al vocablo guay, claro, porque si nos fijamos en el otro término mencionado por la ministra; o sea, fistro… Bueno, nunca entró en el diccionario por mucho que la ministra opine lo contrario y pese a que una o dos generaciones lo utilicen con asiduidad. ¡Hay que ver cuánta cultura! ¡Y qué ansias de igualdad tiene la ministra, poniendo un error suyo a la altura de un término inexistente y de otro que pertenece a un lenguaje que cuenta con más de cien años!

Como colofón, Bibiana Aído se ha inventado otra palabra. Toma ya. En esta ocasión ha hablado de la existencia de culturas inferiorizadas… ¿Por qué se empeñan los ignorantes en introducir palabras inexistentes en su discurso? Hablar bien es mucho más fácil.

(La imagen de arriba está extraída de platea.pntic.mec)

martes, 10 de junio de 2008

La MINISTRA de DESigualdad

La ministra de Igualdad, Bibiana Aído, acaba de decir en la primera de TVE que es feminista, que nunca lo ha escondido y que está muy orgullosa de serlo. De ese modo demuestra que su nombramiento es tan sensato y tan justo como si a cargo de un supuesto Ministerio de Libertad Religiosa hubiesen nombrado a un Arzobispo o a un Inquisidor.