sábado, 18 de junio de 2011

La responsabilidad de los políticos

Para nuestros políticos, probablemente, los revolucionarios rusos hicieron lo que hicieron porque eran unos buscabroncas, sin razón o causa alguna, así, por divertirse. Supongo que también deben pensar lo mismo de los revolucionarios franceses y de tantos otros. Y no es que yo pretenda comparar semejantes hechos históricos con los movimientos de protesta que están sacudiendo España últimamente, no. Sería una tontería. Pero es evidente que la formación de plataformas ciudadanas o de grupos reivindicativos obedece siempre a una razón poderosa.

Al margen de que el brote de violencia contra los políticos catalanes del otro día sea censurable, es significativo que ninguno de ellos, ninguno, haya entonado un tímido mea culpa o, por lo menos, haya asumido o se haya planteado públicamente su posible parte de responsabilidad en las causas que lo produjeron. No. No deben creer que los precedentes lleven al desarrollo de los acontecimientos. Lo único que han visto es que unos desarrapados violentaron su sacrosanta burbuja de seguridad.

Sin embargo, recortar los gastos en sanidad, en educación y en otros asuntos sociales, dejar a medio millón de familias en la calle por malas políticas económicas, retrasar las jubilaciones y otro montón de cosas que me callo, parecen, a mi juicio, suficientes razones para que la gente se cabree. ¿No hay ningún responsable de la situación actual del país? ¿Los políticos no son quienes manejan los hilos de la economía y de todo lo demás? Entonces, ¿por qué se extrañan tanto de que, como a cualquier otro trabajador, se les pidan cuentas de su gestión si las cosas llegan a los extremos a donde han llegado? ¿No era esa la forma? Evidentemente. Las reclamaciones –al menos, las de carácter violento- deberían haber ido en otra dirección. Pero ahí están y eso es lo que cuenta. No obstante, los políticos no ven nada. Creen que son intocables, como el Papa, que no tienen responsabilidad alguna en la mala marcha de todo.

Y como era de esperar, el president Artur Mas ha amenazado con duras represiones, justo lo contrario de lo que hay que hacer. En lugar de buscar la causa para erradicar el mal, bombardeamos la superficie. Incluso algún parlamentario catalán ha llegado a plantear los arrestos preventivos como medio de evitar futuras acciones violentas. Sería algo así como volver a implantar la Ley de vagos y maleantes franquista o la que llegó después, conocida como Ley de peligrosidad social.

Vamos mal, desde luego. Muy mal. Pero la arrogancia de nuestros políticos, su pretendida infalibilidad, su ignorancia de los problemas reales de la ciudadanía, su alejamiento de la realidad, hacen que todo esté mucho peor. La asunción de una mínima responsabilidad por parte de uno solo de los políticos, solo uno, habría bastado, con toda seguridad, para que este artículo tuviera un tono diferente. Aunque ya sé que eso es imposible.

jueves, 16 de junio de 2011

Los políticos se indignan


Tras el recibimiento que un gran número de ciudadanos les ha dado a la entrada de no sé dónde (insultos, empujones y algún escupitajo), los políticos catalanes se han indignado y han decidido acampar en la plaza Urquinaona de Barcelona para expresar su queja. "Con todo lo que hacemos por ellos y fíjense cómo nos lo pagan", ha declarado un conocido conseller. Quien quiera puede llevarles café y churros. A ser posible, sin partirse de risa.

(He extraído la imagen de publico.es)

miércoles, 15 de junio de 2011

La última carta del PSOE

Teniendo en cuenta el tiempo que queda para las próximas elecciones generales, a los socialistas solo les queda una carta, a mi entender, para tratar de continuar la partida. No para ganarla, sino para seguir ahí. Digámoslo claro: la gestión de gobierno de Zapatero ha sido nefasta. Poco a poco ha ido destruyendo sus propias propuestas de izquierdas (incluso las de carácter puramente simbólico, que eran casi todas, como la famosa Alianza de Las Civilizaciones, la paridad, el increíble Ministerio de Igualdad, etc.), para decantarse por actuaciones características históricamente de la derecha. La derecha es la derecha y ya sabemos quiénes son y cómo hacen las cosas. Pero, ¿y la izquierda? El último acto sonado, la limpieza brutal e incontestable del territorio para que Rubalcaba sea el próximo candidato a presidente del gobierno me ha hecho pensar, suponiendo que pudiese alzarse con el triunfo electoral, en un consejo de ministros vestidos con camisas pardas.

Pero vuelvo al principio. Desde mi punto de vista hay una cosa, y solo una, que tal vez podría devolver cierta confianza a los votantes del partido socialista. Se trata de una actuación que precisamente está ahora reivindicando, entre otras organizaciones cívicas, el movimiento del 15-M: hacer que las familias que se embarcaron en una hipoteca abusiva, engañadas por los bancos (que sin duda sabían cómo iba a terminar la aventura, asesorados por sus consejeros de riesgos), puedan cancelar su deuda con la mera devolución de la vivienda. A día de hoy, al no poder pagar las mensualidades se quedan sin casa y, además, deberán seguir pagando al banco, como sea, hasta el final. Y hay cientos de miles de personas en esa situación. Cientos de miles. De modo que el gobierno socialista de España está amparando la avaricia de los bancos, sigue conservando los privilegios de la Iglesia y envía a nuestro ejército a participar en guerras extranjeras mientras buena parte de su pueblo tiene que dormir en la calle. Los bancos, la Iglesia y el ejército. ¿A qué me suena eso?

Pues bien. La cancelación de la deuda de las hipotecas sería una medida social extraordinaria, admirable, histórica. Pero sería una medida de izquierdas, claro; y a ese juego no está dispuesto a jugar nuestro partido socialista.

lunes, 13 de junio de 2011

Harto de la cocina en la tele


Yo no sé si le sucede también al resto de los españoles, pero yo, por lo menos, estoy hasta los cataplines de tanto programa de cocina en la televisión. A cualquier hora del día (pero a cualquiera) hay, en alguna cadena, si no en dos o en tres o cuatro, uno de esos programas de pucheros y cacerolas de diseño. Y es que uno ya no sabe qué comer, leche, porque cada cual dice una cosa y lo que para un cocinero es un manjar excelente y necesario para una dieta sana y equilibrada, para otro es algo espeluznante que debería estar prohibido por las autoridades sanitarias. Los consejos llegan al ridículo. Hace unos días, una nutricionista, supongo que titulada en alguna otra materia, dijo que lo recomendable, respecto a las aceitunas, es comer siete piezas diarias. Siete. No seis ni ocho: siete. Y han de ser siete por no sé qué excesos del ácido oleico o algo así. O sea que el que tenga la costumbre de tomar una cañita y acompañarla de una tapa de aceitunas donde vayan más de siete, ya puede ir preparando el sepelio. Si esto sigue así, voy a volverme más loco de lo que estoy.

(La foto de las aceitunas está extraída de lasfrutas.es. Por cierto, en la imagen aparecen más de siete)

sábado, 11 de junio de 2011

Le llamaremos Bobby


El amigo Paco Cavero ha vuelto a hacer de las suyas y dentro de poco podremos ver su nuevo cortometraje. Se titula Le llamaremos Bobby, y va a ir hablándonos de él a través del blog que ha creado al efecto:

Le llamaremos Bobby

jueves, 9 de junio de 2011

Puig culpa a los acampados de la violencia policial


El conseller de Interior de Catalunya insiste en que su policía actuó de forma proporcionada contra los acampados en la plaza de Catalunya, en Barcelona, el pasado día 27. Y para colmo asegura que los acampados fueron los causantes de la represión. También había asegurado con anterioridad que avalaría sus palabras con fotografías y vídeos de las agresiones originadas por los indignados, pero nadie ha visto tal documentación gráfica por ninguna parte.

El asunto de los indignados me gustó al principio, me decepcionó muy pronto y, una vez pasadas las elecciones, deduje que no llegaría a ninguna parte y que se iría disolviendo lentamente. Al contrario que los de CIU, los políticos del PSOE y del PP supieron dejar de lado la cuestión y, así, salir del paso sin mancharse los zapatos. Sabían que el tiempo acabaría con la protesta sin su intervención. Esa intervención que el orgullo de CIU no supo evitar.

Hace muchos años, cuando Tolstói abogaba por una respuesta pacífica ante los abusos de los poderosos, Azorín le contestó: Buen conde…, nosotros no queremos ser sumisos, resignados, inactivos; lanzaremos nuestras ideas en pugna con todas las ideas; destruiremos la tiranía con la violencia; a los explotadores que nos oprimen, los derrocaremos brutalmente; las leyes que nos aprisionan y atosigan, las trituraremos con nuestro ímpetu salvaje. Somos innovadores y bárbaros; somos tempestuosos y audaces.

No pretendo con esto ponerme de parte de la violencia. Los de Tolstói y Azorín eran otros tiempos y yo, además, no soy violento. Sí un poco agresivo, lo reconozco, pero no es lo mismo. Y creo, sinceramente, que a este movimiento de indignados le ha hecho falta una pizca de agresividad. No se puede luchar sentado en el suelo y sin tener las cosas claras.

(La cita de Azorín está extraída del libro Lev Tolstói: aristócrata, cristiano y anarquista, escrito por Pepe Gutiérrez- Álvarez y editado por Los libros de la Frontera. La foto está extraída de smfdiario)

martes, 31 de mayo de 2011

El nuevo Diccionario Biográfico Español


De vergüenza. El Nuevo Diccionario Biográfico Español, que ha costado casi seis millones de euros al Estado, contiene algunas entradas más propias del franquismo más rancio que del segundo decenio del siglo XXI. Debería dimitir inmediatamente el director de la Real Academia de la Historia y todo su equipo, amén de almacenar todos los ejemplares de la magna obra en los sótanos de algún edificio en ruinas o reciclarlos para editar algo decente. Voy a citar algunas perlas.

Arzalluz no me cae muy bien. Las cosas, como son. Pero decir de él, en un Diccionario subvencionado por el Estado, que comparte objetivos con ETA me parece excesivo, denunciable y fuera de lugar. Decir que “el 24 de febrero de 1943, mientras celebraba la santa misa, el Señor le hizo ver al padre Escrivá de Balaguer la solución jurídica que iba a permitir la ordenación de sacerdotes a título del Opus Dei” es un insulto a la inteligencia. Y menospreciar el golpe de Estado de Tejero calificándolo de simple “suceso” es ya una declaración de tendencias fascistas.

Pero lo mejor de todo viene con Franco y Aznar. Sobre Franco, dice el Diccionario: “Generalísimo y jefe del Estado español”. ¿Generalísimo? ¿Qué cargo es ese? El de generalísimo fue un cargo que él mismo, o alguno de sus cómplices más cercanos, se inventó para demostrar que estaba por encima de los demás generales. Pero tal cargo no existe, que yo sepa, ni ha existido en ningún otro momento de la historia. ¡Vaya objetividad! Por suerte, a Franco no le dio por adjudicarse la categoría de santo. De haber sido así, el Diccionario diría: “Generalísimo, santo y jefe del Estado español”. Tampoco se dice en ninguna parte que fue un dictador. Claro que no.

Y lo de Aznar ya es de escándalo. El Diccionario dice que perdió las elecciones de 2004 a causa de “el aprovechamiento, desde la oposición socialista, del hundimiento del petrolero Prestige”. Toma ya. Todos sabemos que, si el PP perdió aquellas elecciones, fue a causa de haber protagonizado el episodio más repugnante de la historia de nuestra democracia: mentir a los españoles asegurando que el atentado del 11-M era obra de ETA, en lugar de admitir que era cosa de Al Qaeda, y solo de Al Qaeda, en venganza por la participación española en la guerra de Irak. Incluso el “suceso” o golpe de Estado de Tejero es más noble que el comportamiento de Aznar y los suyos en 2004. Tejero, equivocadamente, creía que lo que estaba haciendo era por el bien de España. Aznar y los suyos, al culpar a ETA del atentado, no lo hacían por el bien de España. Por supuesto que no.

(La foto está extraída de tiempodehistoria.com)

viernes, 27 de mayo de 2011

15-M: Empiezan los palos


Como era de esperar, pintan bastos en las plazas donde se instalaron los indignados. Con la excusa de limpiar la plaza de Catalunya, la policía ha cargado con dureza y ha causado casi un centenar de heridos. Luego, tras la limpieza, las fuerzas del orden han vuelto a sus cuarteles y los indignados han vuelto a la plaza. ¿Seguro? ¿Han vuelto todos los que estaban? Supongo que algunos de los que hayan recibido más se habrán quedado en su casa.

Hace un par de días leí un artículo de Brian Urquhart, en la revista Claves de Razón Práctica, titulado ¿Revolución sin violencia? En él se habla de las muchas ocasiones en que la ciudadanía, harta de gobiernos corruptos o por otras muchas causas del mismo aire, ha tratado de cambiar las cosas sin emplear la violencia. Un texto muy interesante, que habla de la Revolución de los Claveles en Portugal, la resistencia pasiva de Gandhi, Martin Luther King, Lech Walesa y tantos otros. En ocasiones se han conseguido los objetivos y en ocasiones no. No se consiguieron, por ejemplo, cuando el episodio de la plaza de Tian’anmen o cuando los monjes de Birmania se rebelaron contra el régimen de los generales. Curiosamente, en esos casos hubo tantos o más muertos que en una revolución violenta.

Ahora les toca el turno a los pacíficos revoltosos del 15-M. Los políticos, siempre en su mundo particular, han comprendido el movimiento únicamente en clave electoral. O sea, no han entendido nada. Como siempre. Y ahora que han pasado las elecciones y que ha quedado claro que la mayor parte de esos revoltosos son abstencionistas o cosa parecida, que no son votantes potenciales, que no van a dejarse engañar, empiezan los palos. Por motivos justificados, claro está: había que limpiar la plaza… después de que todos hayamos visto en un montón de programas de televisión que la limpieza era la primera tarea a la que los indignados se entregaban diariamente.

En fin… Las escenas de la policía aporreando a gente sentada en el suelo, que, además, no trata de devolver el golpe, le hacen a uno retroceder en el tiempo. Nos gobiernan los mismos de siempre.

(La foto está extraída de origin.abc.es)

jueves, 26 de mayo de 2011

La renuncia de Carme Chacón


Hace unos días me decía una amiga que este país no está preparado para tener una presidenta. Yo le dije que no veía por qué y que, precisamente, Carme Chacón me parecía una buena candidata. Bueno, pues mi amiga tenía razón. La renuncia de Chacón a disputar el primer puesto del PSOE huele que apesta a órdenes de arriba. Así solo queda un candidato y es como si fuese nombrado a dedo. ¿Qué más va a hacer Zapatero para decepcionar a su electorado? La verdad es que no se me ocurre.

(La foto está extraída de terra.es)

martes, 24 de mayo de 2011

El descalabro del PSOE


No puedo creer que todos esos alcaldes socialistas hayan saltado de sus poltronas por haberlo hecho mal. Y no lo digo porque sean del PSOE. De haber sido del PP o de cualquier otro partido diría lo mismo. Son demasiados. Creo, por el contrario, que los ciudadanos no han valorado su gestión como alcaldes, sino que no les han votado para castigar al partido que representan; es decir, al gobierno central. O a Zapatero, que lo mismo me da. ¡Qué grande es la democracia, que permite que millones de ciudadanos confundan las reglas del juego y voten en unas municipales como si fueran las elecciones generales!

(La foto está extraída de larazon.es)

lunes, 9 de mayo de 2011

La operación contra Bin Laden

A finales de noviembre de 1896 –es decir, hace más de ciento diez años-, con motivo de las detenciones por el famoso proceso de Montjuic y a raíz de unas cartas de algunos de los detenidos, el editorialista de El Nuevo Régimen decía que “no nos podíamos creer que a finales del siglo XIX se emplease aún el tormento como medio de investigación”. Vuelvo a decir que eso sucedió en el siglo diecinueve.

La verdad es que me ha costado asimilarlo. He tenido que esperar unos días para comprender lo que ha pasado. O para intentar comprenderlo. Porque parece que han cambiado mucho las cosas desde ese año de 1896. Hoy en día, los que se llenan la boca de grandes conceptos como el de Estado de Derecho, por ejemplo, tras obtener un chivatazo por medio de torturas en una cárcel al filo de la ilegalidad, envían a unos comandos especiales a un país extranjero para que asesinen a cierto individuo y después hagan que el cuerpo desaparezca. Ningún gobierno ha puesto el grito en el cielo. Y menos los occidentales, supuestamente defensores de los derechos humanos. Sí, sí, ya sé quién era Bin Laden. Lo sabe todo el mundo. Y quizás fuera ése el final que merecía o incluso el que andaba buscando, no sé. Ahora bien; el terrorista era él, no nosotros. Debería haber sido capturado y juzgado. Porque después de que, al parecer y al menos en este caso, hayamos aceptado tranquilamente la tortura, el asesinato y la desaparición del cuerpo del delito en pleno siglo XXI, la pregunta no tiene que ver con Bin Laden. La pregunta es: ¿en qué nos estamos convirtiendo?