miércoles, 19 de octubre de 2011

Cómics Cangrejo Rojo ya está en marcha


Yo empecé guionizando cómics, allá por los años 80, para revistas como El Víbora, El Jueves, Makoki y otras. Y ahora, después de tanto tiempo en dique seco, he vuelto a ello. La nueva editorial de cómics para el I-Pad llamada CANGREJO ROJO ya está en el mercado. Durante un año hemos estado trabajando para hacerlo posible: guionistas, dibujantes, técnicos, traductores, diseñadores, etc. Y hemos empezado por la colección de Literacomics, o relatos literarios clásicos versionados al cómic; relatos y cuentos de Gustavo Adolfo Bécquer, Edgar Allan Poe, Jack London, Conan Doyle y un sinfín de otros autores. Para más información, podéis consultar el blog:

http://blog.cangrejorojo.com

El dibujo de arriba forma parte de una de las historias, El Monte de las Ánimas, dibujada por Pedro espinosa y guionizada por mí.

sábado, 15 de octubre de 2011

El programa de Rubalcaba


Rubalcaba está empezando a mostrar sus cartas y en su programa dice, entre otras cosas, que suprimirá ciertos privilegios de la Iglesia y que hará una ley de dación en pago por lo de las hipotecas. Bien. Si pudiera creer que Rubalcaba ha pensado realmente en hacer algo de eso si llega al gobierno o, cuando menos, intentarlo, indudablemente le daría mi voto. Y eso que no tengo ningún problema con las hipotecas porque no tengo hipoteca. Pero no me creo ni una sola letra de su discurso. Ni del de ninguno de los demás políticos. Si tuviese que valorar, del cero al cien, la confianza que tengo en los políticos, el resultado sería cero. Ahí tenemos el primer ejemplo que me viene a la cabeza: Artur Mas, un tío que va de serio, prometió en su programa no recortar lo concerniente a la sanidad pública. Pues bien. Lo primero que hizo al sentarse en la poltrona fue cerrar cincuenta hospitales y no sé cuántos quirófanos.

De modo que no. No creo en absoluto que Rubalcaba tenga intención de meterse con la Iglesia. Y menos aún con los bancos. En cuanto a su adversario, Mariano Rajoy, tal vez sea la persona menos apropiada para gobernar este país. Bueno, este y cualquier otro. ¿O no recordáis qué lumbrera de la política y los idiomas lo nombró, a dedo, como su sucesor?

(La foto está extraía de barcelonaya)

viernes, 14 de octubre de 2011

Los rescates de la crisis

Ya que los gobiernos pueden rescatar a los bancos, ¿por qué no rescatan a la sanidad pública?

jueves, 13 de octubre de 2011

Vamos a contar mentiras, tralará…


Hace una semana se cumplieron diez años desde que las tropas norteamericanas y sus aliados invadieron Afganistán. En un principio, la razón de la guerra estaba clara: el gobierno afgano, compuesto por unos fanáticos islámicos conocidos como los talibanes, acogía a Bin Laden en algún rincón de su territorio y le daba protección. Para capturarle, los Estados Unidos firmaron una alianza con Pakistán, país entonces gobernado por un dictador mucho peor que los talibanes. Hasta aquí el asunto tiene cierta lógica. Y lo normal, lo sensato a la hora de intentar atrapar a un delincuente que puede estar oculto en cualquier gruta de un desierto inmenso, no es enviar portaaviones, destructores y cientos de miles de soldados. ¿Por qué? Porque se les ve desde lejos y el delincuente puede ir saltando de cueva en cueva tan tranquilo. Lo lógico habría sido enviar a varios comandos de los servicios secretos para que hicieran su trabajo sin hacer ruido.

Pero esas cosas no encajan en la mente de los descendientes del Juez de la Horca y en seguida empezó el bombardeo. Un ataque militar en toda regla para capturar a un solo individuo. El gobierno talibán cayó sin oponer casi resistencia, claro, y los yanquis se hicieron dueños del lugar. Bueno, supongo que se preguntarían, y ahora qué. Los talibanes se organizaron en grupos guerrilleros y desde entonces masacran a los soldados occidentales en atentados suicidas, mediante bombas en los caminos o de cualquier otro modo. Del delincuente en cuestión, ni rastro.

Sin embargo, y si es cierto lo que nos han dicho (porque huele a cuerno quemao, a sapos y culebras), los servicios de inteligencia de los EE. UU. o quien sea dieron por fin con el escondrijo de Bin Laden, mandaron a un comando a por él y lo mataron allí mismo, en cuanto asomó la cresta. ¿Y dónde estaba escondido Bin Laden? ¿En alguna gruta del desierto afgano, como se presumía? ¿En algún búnker vigilado por terribles y feos guerreros talibanes? No. Estaba en Pakistán, con quien Estados Unidos tenía una alianza. Y que no me digan que el gobierno pakistaní no sabía que Bin Laden se escondía en su territorio porque no me lo creo.

Entonces, echando cuentas, resulta que los Estados Unidos de América invadieron un país, Afganistán, que tal vez estuviera gobernado por unos locos peligrosos, de acuerdo, pero que no acogía a Bin Laden bajo su protección y que, por lo tanto, era inocente. Al menos, en cuanto a ese asunto. Nadie ha pedido perdón, por supuesto. Por arte de birlibirloque, y al estilo de la novela de Orwell, 1984, se ha cambiado el objetivo inicial de la guerra: el ejército norteamericano atacó Afganistán para implantar allí la democracia. Toma ya. Por la misma razón podrían invadir el Vaticano, que tampoco es un Estado democrático precisamente. Y gracias a esa democracia impuesta por Occidente, Afganistán está mucho peor que antes. Hay docenas de muertos cada semana.

Pero da igual. No contentos con toda esa atrocidad, los marines continúan batallando, matando y muriendo en Afganistán. Y al gobierno de Pakistán no se le ha pedido ninguna explicación. Nada. Tampoco ha aparecido en los medios ningún representante del gobierno norteamericano explicando la conducta de su ejército al mundo, como si invadir un país sin pruebas de nada ni razón alguna fuese de lo más corriente. Y ningún país del mundo ha movido un dedo de ninguno de sus diplomáticos para pedir cuentas a nadie. Eso me resulta muy curioso. Aunque me resulta mucho más curiosa otra cuestión. Si los americanos quieren quedarse en Afganistán otros diez años, por mí no hay inconveniente. A fin de cuentas, no puedo hacer nada para evitarlo. Pero, después de todo este embrollo, uno puede preguntarse: ¿qué siguen haciendo allí nuestros soldados?

(La foto está extraída de movilae.com)

jueves, 6 de octubre de 2011

El escudo antimisiles


El pacifista Zapatero, que nos sacó de la guerra de Irak y que estuvo radicalmente en contra del escudo antimisiles que, hace diez años, propusieron Bush y Aznar, ha decidido alistar a España entre los países componentes del nuevo escudo antimisiles. Y lo ha hecho a escondidas, en Bruselas (no en las Cortes españolas), después de tres meses de negociaciones secretas con el otro gran pacifista, premio Nobel de la Paz, Barak Obama.

Desde luego, esta historia del escudo antimisiles ha de tener, por narices, juego sucio y subterráneo. No solo porque la plantearon Bush y Aznar, que ya bastaría con eso para sospecharlo, sino porque todo el mundo sabe que el tal escudo no servirá para nada. ¿O nadie recuerda que todo este jaleo de la inseguridad la originaron cuatro moros cuando, con tres cúters y dos cuchillos de postre, destruyeron las Torres Gemelas y parte del Pentágono? ¿Qué habría podido hacer el escudo antimisiles ante eso? Nadie atacará con misiles a Occidente. Nadie es tan estúpido de plantear una guerra frontal contra un enemigo infinitamente superior. Es evidente, visto lo visto, que si hay algún ataque será al estilo de la guerrilla. Por eso digo que hay algo detrás de esta movida. ¿Dinero? ¿Una implantación aún más descarada de las tropas norteamericanas en Europa? A partir de ahora tendremos, en Cádiz, cuatro barcos de guerra de Estados Unidos preparados para repeler un ataque con misiles. ¿También estarán preparados para un ataque con cúters y cuchillos de postre?

Los atentados del 11-M no se habrían producido si Aznar no hubiese enviado a nuestras tropas a Irak, un país que, por cierto, jamás nos había agredido. La seguridad consiste en llevarse bien con la gente. No en aumentar el número de misiles y buques de guerra.

(El dibujo de arriba está extraído de despiertaalfuturo)

lunes, 3 de octubre de 2011

La imbecilidad de los récords Guinness


Según han dicho en las noticias, en Australia se ha batido un récord Guinness al hacer desfilar por la playa a 357 mujeres en bikini. Qué bien. Cosas como esa alimentan la confianza en la especie humana, la ilusión, la esperanza. ¿Qué crisis ni qué leches? No hay nada mejor que comprarte un libro donde te informen de que un fulano ha metido cuarenta y cinco pulpos en un bote o de que otro sujeto no se ha lavado el culo desde 1973. A nadie se le había ocurrido antes. ¡Qué genialidad!

(La foto está extraída de Taringa.net)

domingo, 2 de octubre de 2011

Tintín acusado de racista


Un tal Bienvenu Mbutu Mondondo, que debe querer hacerse famoso a cualquier precio, ha denunciado las aventuras de “Tintín en el Congo” por ser, a su juicio, una obra racista. Desde luego no lo es, pese a que los negros sean la parte más cómica de la historia. “Tintín en el Congo” se publicó en 1930, cuando el colonialismo en África y en Asia aún estaban frescos y los moros y los judíos eran vistos como una raza inferior por según quién. Hay que ser ignorante para juzgar una obra sin tener en cuenta el contexto en que se realizó.

Leo cómics desde que nací y, por supuesto, leí “Tintín en el Congo” por primera vez a muy temprana edad. Puedo asegurar que ese supuesto racismo que impregna sus páginas no me afectó en absoluto, puesto que, ya de adulto, he tenido y tengo bastantes y buenos amigos negros. Por otra parte, si hemos de censurar a “Tintín en el Congo”, ¿qué hacemos con Tarzán? ¿Y con el Hombre Enmascarado, El Espíritu de la selva, el Capitán Trueno, los westerns y tantos otros? Recuerdo una historieta de Zipi y Zape que era evidentemente racista, si hemos de tener en cuenta los baremos del sujeto denunciante. Ah, sí, y en otra de Mortadelo y Filemón salía un negro que daba mucha risa.

Si el tal Mbutu tiene ganas de armar un buen follón con lo del racismo, creo yo que tiene a su disposición un montón de casos de autenticidad impepinable. Ahí está lo que sucede en los barrios marginales de las grandes ciudades de Europa y Estados Unidos, o el conflicto palestino-israelí, o el problema de los indios de Norteamérica, o qué sé yo cuántos más.

(La foto está extraída de laopinioncoruna)

jueves, 29 de septiembre de 2011

Las elecciones: quien gane, pierde

Faltan casi dos meses para las elecciones generales y ya estamos en plena campaña electoral. Los candidatos parecen tener prisa, como si las cosas pudieran cambiar de golpe, de raíz, en cuanto cambie el gobierno. ¿Y qué prisa puede tener Rajoy, por ejemplo? Todas las encuestas le dan una victoria apabullante. Y en cuanto a Rubalcaba, ¿está intranquilo? ¿Por qué? Precisamente, Rubalcaba debería estar contentísimo de que su oponente tenga todas las de ganar. Sí, sí: para él es bueno que gane Rajoy. ¡Porque vaya tomate va a encontrar el nuevo presidente! Rajoy no va a solucionar la papeleta. Ni Rajoy ni nadie, vaya. Es de cajón. Y como la gente es como es, dentro de cuatro años culpará a Rajoy de que no se haya resuelto la crisis. Y Rajoy perderá las siguientes elecciones. Probablemente será el único presidente de nuestra democracia que no haya sido reelegido. Tenemos la excepción de Calvo Sotelo, sí, pero su presidencia fue accidental a causa del golpe de Estado de Tejero. Todos los demás presidentes han gobernado, por lo menos, ocho años. Pero me da en la nariz que quien gane estas elecciones de noviembre solo gobernará durante cuatro años. O sea que puede estar contento Rubalcaba. Para las siguientes elecciones, las de 2015, será el presidente del gobierno de España. Mientras tanto, nada: puede estar haciendo pajaritas de papel en su escaño, a la espera del descalabro del rival.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Obama: la gran esperanza


Ayer, mientras se aplicaba la pena de muerte a un preso en algún rincón de los Estados Unidos, el premio Nobel de la Paz, Barack Obama, decidía en la tribuna de la Asamblea General de la ONU que Palestina no es ningún Estado. Si a eso sumamos que Irak está hecho un desastre, que en Afganistán y Pakistán están peor que antes, que hay una crisis mundial pa cagarse y que Guantánamo sigue albergando a posibles inocentes, obtenemos que Obama no es tan diferente a George Bush. Bueno, sí. Al menos, sabe escribir la palabra “pez” sin faltas de ortografía.

(La imagen está extraída de monsieurdevillefort)

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Prohibiciones, prohibiciones y prohibiciones

Desde hace unos diez años —es decir, desde que cayeron las Torres Gemelas y la seguridad se impuso a la libertad— nos estamos acostumbrando que nos lo prohíban todo como si fuera lo más normal y los gobiernos solo estuviesen para eso, para prohibir.

Ayer leí en el periódico que ya han aparecido algunos grupos de intolerantes que piden que se avise, a la entrada del cine, cuando haya algún actor que fume durante la película. Así, como si se tratara de una película pornográfica. Los portavoces de esos grupos alegan que ver fumar a los actores incita a fumar a los menores de edad. Supongo que el siguiente paso será prohibir el tabaco en las películas; y el siguiente, retocar informáticamente las películas antiguas en las que salga alguien fumando; o sea, “borrar” el cigarrillo de los dedos de los actores. Así veremos, en Casablanca, a un Humphrey Bogart llevándose la mano a la boca sin tener nada entre los dedos, y hacer después un gesto ridículo con los labios como de ir a silbar. Seguro que las cosas van por ahí… pero nadie dice nada.

Luego le tocará el turno al alcohol, probablemente, y podremos ver películas sobre la prohibición y los gángsters en Estados Unidos donde no aparezca ni una triste botella. ¿Y después? Después pueden venir las armas, por ejemplo. ¿No deberían prohibirse las películas de tiros, los westerns, las películas de James Bond, La guerra de las galaxias? ¿Y las de vampiros? Pueden alterar el normal desarrollo de las mentes infantiles y crearles paranoias. Yo creo que lo mejor es que prohíban el cine, todo el cine. Viendo lo que hay, a lo mejor nos hacen un favor.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El Toro de la Vega y las tradiciones


Cada año, en Tordesillas (Valladolid), se celebra una fiesta más propia de simios que de seres humanos civilizados. Se trata de lo siguiente. A tal hora de la mañana se suelta a un toro por el campo y entre varios centenares de energúmenos armados con lanzas, garrotes y cuchillos, a pie y a caballo, le acosan y le hieren hasta darle muerte. Ni siquiera existe el supuesto arte del toreo. El único objetivo de la fiesta es la tortura del animal hasta su muerte. Ni más, ni menos.

Los defensores de la mencionada fiesta dicen que El Toro de la Vega debe respetarse porque es una tradición. O sea que las tradiciones deben respetarse por el hecho de ser tradiciones. Hacía tiempo que no escuchaba un argumento tan idiota. ¿Debemos respetar todas las tradiciones, entonces? ¿Las de los reductores de cabezas también? ¿Y las de los caníbales? ¿Debemos respetar la pena de muerte por lapidación?

(La imagen está extraída de la-cronica.net)