De nuevo el PLAN IBARRETXE

Hay que ver cuánta razón tienen los que dicen que casi todo es cíclico. Si bien de un modo intermitente, desde hace ya unos cuantos años oímos hablar del Plan Ibarretxe. Cada cierto tiempo, cuando se acercan las elecciones vascas o cuando al gobierno nazionalista de Euskadi le interesa crearse enemigos para dárselas de víctima, vuelve a aparecer el fantasma de la consulta popular sobre la independencia. Es un truco que se repite. Y sólo es un truco. Ni a Ibarretxe se le escapa que el referéndum es más inútil que la lucha por la anexión de los territorios vasco-franceses. Pero ahí está otra vez, dale que te pego a lo mismo. Tanto es así que hace siete meses escribí un artículo al respecto y aún tiene sentido. Casi todo es cíclico, ya digo. Y el artículo en cuestión decía:
El lehendakari Ibarretxe está obsesionado con preguntar a su pueblo si quiere la independencia y el gobierno del Estado, sea de uno u otro color, está obsesionado en impedírselo. Llevamos así varios años. Al margen de que los verdaderos problemas de la mayoría de los ciudadanos suelen estar en las antípodas de las neuras de los nacionalistas —qué más me da el Estatut o la independencia de Euskadi si no puedo pagar el alquiler, por ejemplo—, creo que se trata de un asunto que no tiene la menor importancia.
Desde mi punto de vista, Ibarretxe debería tener derecho a preguntar lo que le dé la gana porque ésa es precisamente la esencia de la democracia: el planteamiento público de una cuestión para que la ciudadanía decida. Y con mayor razón cuando ese referéndum que algunos dicen que amenaza los cimientos de nuestra sociedad no es vinculante; o sea, es simplemente de opinión y no obliga a nada.
Sin embargo, también creo que, en el caso de plantearse la independencia de uno de los territorios que actualmente componen España, deberían ser consultados todos los españoles y no sólo los habitantes de esos territorios. Sería absurdo que Villanueva del Trabuco se independizara de España porque así lo hubieran decidido los vecinos de la localidad o, puestos a afinar un poco más, que el Valle de Arán dejase de pertenecer a Cataluña tras una votación unilateral de los araneses.
Me pregunto, no obstante, qué sucedería si la pregunta «¿El País Vasco debe ser independiente?» fuese formulada tanto entre los vascos como entre los españoles. Es decir, en lugar de uno, dos referéndums. Probablemente en el País Vasco saldría que No y en España saldría que Sí.
(El dibujo es de Forges)