viernes, 25 de noviembre de 2011

Afganistán, once años después


Afganistán. Tenía 17 años y fue violada por el marido de su prima. La única manera de que la muchacha pueda eludir los diez años de cárcel que le impone el tribunal por haber sido violada (es decir, por haber provocado la violación) es casarse con el hombre que la violó. O sea que, once años después de la ocupación norteamericana y de sus aliados, la justicia y los derechos de la mujer (o de la persona) siguen brillando con luz propia.

(La foto está extraída de publico.es)

jueves, 24 de noviembre de 2011

Nos vigilan


Soy consciente de que la presencia de cámaras de seguridad en diferentes puntos de la ciudad ha permitido capturar al delincuente con relativa facilidad. Sin embargo, creo que las cámaras ayudan, pero no solucionan. Me explico. Las cámaras no acabarán con los robos, ni con las violencias en los vagones del tren; solo nos mostrarán la cara de algunos de los delincuentes que se dedican a ello.

Es un asunto complicado y, a la vez, muy delicado en lo que respecta a la opinión pública, que suele creer que no habrá más robos si se le corta la mano al ladrón de turno o que dejará de haber asesinatos si hubiera pena de muerte. No es así. La experiencia nos dice que hay tantos o más asesinatos en una nación como Estados Unidos, donde hay pena de muerte, que en Francia, por ejemplo, donde no la hay. Pero no es ese el asunto que quiero tratar hoy. Ya hablaremos otro día de la función de las penas y todo eso.

Hoy me gustaría enfrentar la seguridad con la libertad. No sé por qué, en la práctica ganan siempre los defensores de la pretendida seguridad. Lo repito: sé que las cámaras de vigilancia ayudan, en algunos casos, a capturar al ladrón, al asesino o a quien sea. Pero, ¿qué debemos hacer? ¿Tener un guardia en cada esquina o permitir que nos siga, durante las veinticuatro horas del día y para nuestra seguridad, un tío con pinta de enterrador? ¿Se trata de eso? He Llegado a ver, en la tele, el anuncio de unas cámaras para colocar en casa y saber, así, lo que está sucediendo en ella durante nuestra ausencia (se supone, la del padre de la familia). El colmo. ¿Debo poner detectives para que vigilen a mis hijos y, sobre todo, a mi mujer? No: basta con las cámaras ocultas en casa. Si pongo cámaras en los rincones estratégicos de la vivienda no evitaré el delito, la traición conyugal o la gamberrada infantil, por supuesto, pero sabré quién y cuándo y tendré pruebas para castigar al o a los culpables.

Hay demasiadas cámaras, demasiado miedo a la libertad. Y la solución, como siempre, no reside en el hecho en sí y que pueden capturar las cámaras, sino en el motivo que ha llevado a hacerlo. Si analizáramos esta cuestión hasta el planteamiento primario, a la premisa más lejana, llegaríamos a una conclusión impepinable: la solución está en la educación. ¡Otro lunático!, deben pensar los que no me conocen. ¡Ya estamos con la ideología majadera!, seguro que opinan los que sí me conocen. Pero me enroco. Quien realmente me da miedo no es la gente del vagón del metro, o el pringao que se tumba en el banco de la plaza y bebe litros y litros de cerveza, o esos muchachos de gorra y pantalones de baloncesto, sino la cámara que nos vigila a todos. Por cierto, ¿hay cámaras vigilando lo que se cuece en los despachos de los directivos de la Banca?

(La foto está extraída de ideasparadecorar)

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Al Assad o las varias varas de medir


La opresión a las manifestaciones populares en Siria han causado ya unos cuatro mil muertos, muchos más que los que había en Libia cuando la OTAN decidió intervenir y sin cuya ayuda, por cierto, los opositores de Gadafi no hubieran ganado la guerra jamás. Con eso no pretendo aprobar a la OTAN. No pretendo que deba actuar al modo de la policía mundial o cosa parecida. La OTAN me cae fatal. Y Gadafi también. Pero, como siempre, parece que haya una doble o una triple vara de medir para utilizar según sea el pollo que se pase de largo. Repito que no estoy exculpando a Gadafi. Ni al tirano de ningún otro país. Muy al contrario, me parece que precisamente en el caso de Al Assad, se le ha dado demasiado aire, el tipo se lo ha tomado a su manera y ahora las cosas están a punto de caramelo.

El tal Assad, además, por mucho que vista a la europea y que pretenda dar una imagen de modernidad occidental, actúa como actuaron Sadam Husein y Muamar El Gadafi: galleando, fanfarroneando, diciendo que hará que toda la región reviente en mil pedazos en el caso de verse atacado por las potencias extranjeras. Naturalmente, eso no se lo cree ni él.

Estados Unidos, La Unión Europea y la Liga Árabe ya le han llamado la atención. Pero parece que eso no basta. Y sin embargo, hasta él sabe que tal y como están las cosas, no le queda mucho tiempo en el trono y que, de un momento a otro, caerá desde lo más alto. Al Assad no tiene salida si no deja el gobierno. Pero la historia se repite. Parece que es necesario que muera una buena parte de la población, combatiente o no, para que al final se rinda el tirano de turno, sea linchado y asesinado o sea capturado, juzgado y probablemente condenado a la horca. ¿La Unión Europea y demás extranjeros no deberían inmiscuirse en asuntos de Oriente Medio? Quizás. Pero el asunto está como lo conocemos y todos sabemos qué va a pasar. O sea que la pregunta es para Al Assad: ¿Por qué esperar tanto?

(La foto está extraída de cvlpress)

martes, 22 de noviembre de 2011

La velocidad de la luz


Me pasa algo curioso. Soy de letras. Siempre lo he dicho y siempre lo diré. Pero a veces me pongo a pensar en que quizás lo sea más porque las entiendo que porque realmente me gusten. Y es que lo que me gusta, lo que me atrae sin remedio, lo que me fascina, son precisamente las ciencias. Sí, las ciencias. Y me pongo a pensar y me digo que quizás sea así porque, en lo tocante a las ciencias, no entiendo absolutamente nada.

El meollo de la cuestión está en que, como no entiendo una palabra de ciencias, de vez en cuando me compro algún libro de divulgación de astronomía, por ejemplo, o de cualquier otra rama del saber científico. Y hace ya muchos años me compré un librito, escrito para profanos muy, muy, muy profanos, sobre la teoría de la relatividad.

Me costó. He de reconocer que me costó muchísimo entender que el tiempo no sea una magnitud estable. Y no me costó nada dejar el libro en la página 25 y olvidarlo por completo durante años, hasta que me trasladé de casa. Puedo llegar a comprender que un cuerpo alcance la velocidad de la luz, que es la máxima que se puede alcanzar según dicen los que saben, pero no tengo ni idea de por qué, entonces, el cuerpo en cuestión ha de estar en desacuerdo con el tiempo. Nada. Por mucho que me ponga a ello, no hay manera. Ahora bien, estoy seguro de que, si Einstein dijo una cosa semejante, no debía ser por hablar de algo.

Y ahora, cuando asumo que un bólido que vaya a 300.000 kms. por segundo puede viajar al futuro, van unos pollos de no sé qué Universidad y dicen que han descubierto unas partículas llamadas neutrinos que, al parecer, pueden alcanzar velocidades mayores a las de la luz. O sea, todo a tomar por saco.

No sé, quizás por eso soy de letras. Las letras, al menos, se quedan impresas en el papel. En cuanto a las ciencias… bueno, creo que eso es para otros.

(La foto está extraída de blogs.alfaguara)

domingo, 20 de noviembre de 2011

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Deportes a lo bestia

Vivo a varios centímetros del País Vasco. No es el País Vasco, pero cada mañana, al salir al balcón para inflar los pulmones de aire fresco, veo los montes alaveses, allá, muy cerca, a dos pasos a la izquierda. Tengo muchos y muy buenos amigos vascos. No es mi intención, por lo tanto, ofender a nadie con este artículo. Pero las cosas, como son.

Al vivir tan cerca de Euskadi no es extraño que mi televisor capte la señal de las cadenas vascas. Las veo de vez en cuando. Y el otro día, por casualidad, vi un reportaje que, por decirlo de alguna manera, me dejó ligeramente aturdido. Se trataba de un deporte del que no tenía noticia, uno de esos deportes de pueblo que tanto abundan por los montes vascos. Ignoro su nombre, pero me hice una idea de sus reglas y sus objetivos inmediatamente. ¡Madre mía! Es el deporte más burro que he visto en mi vida. Me río del levantamiento de piedra, del corte de leña y demás demostraciones de fuerza más o menos comprensibles. Voy a ver si sé explicarme.

Varios equipos de fornidos montañeses, ataviados con sus uniformes de deportistas, sus dorsales y toda la mandanga, es esforzaban en hacer agujeros con una barra de hierro (que empuñaban como si fuese una lanza con la punta hacia abajo) en uno de esos bloques de hormigón armado que suelen utilizarse como contrapesos de las grúas para hacer edificios. Uno de los deportistas agarraba la barra y… ¡hala! ¡Estacazo que te crío! ¡De arriba abajo! ¡Y otro! ¡Y otro más! Así, hasta que, efectivamente, salían disparados algunos fragmentos de hormigón entre chispas que un compañero apagaba echando agua. Al rato tomaba el relevo otro componente de su equipo y seguía con lo mismo. ¡Catacrac! ¡Toma! ¡Dale que te pego! ¡Jotake! ¡A ver quién es el más bruto! Mientras tanto, al fondo, otros equipos hacían lo mismo. Una vez hecho el agujero en el hormigón, cuya profundidad medía un juez con un aparatito, el deportista en cuestión la emprendía a estacazos con el bloque a unos centímetros del agujero inicial. Se trataba, pues, de hacer el mayor número de agujeros en el menor tiempo posible. Supongo que el premio debía consistir en una vaca para comer cruda o algo así. No concibo a los vencedores exhibiendo unas lindas coronitas de laurel.

Cada cual tiene derecho a divertirse según le venga en gana, por supuesto. Pero uno se pregunta: ¿Quién fue el primero? ¿A quién pudo ocurrírsele retar por primera vez a otro a hacer agujeros en bloques de hormigón con una barra de hierro? ¿Y cómo debía ser el otro, el que aceptó el reto?

sábado, 5 de noviembre de 2011

CÓMICS CANGREJO ROJO. Arte en el I-PAD


Desde hace un par de semanas, la editorial Cangrejo Rojo publica sus cómics para el I-PAD. Dentro de poco estará lista la página web y podréis informaros mejor de todo este embrollo. Tras publicar dos cómics gratuitos, dibujados por Bernat Costa y Pedro Espinosa, hemos publicado El Jugador Generoso, basado en un poema de Baudelaire y dibujado por Guillermo Mendoza.

El último cómic publicado es una versión del poema El Jinete de Bronce, de Pushkin, dibujado por Juan Plata y guionizado por mí. El dibujo que encabeza este artículo es una viñeta a toda página de dicho cómic. Sinceramente, los que tengáis I-PAD y os gusten los cómics y la literatura estáis de suerte. Tenemos en stock un buen número de cómics que irán publicándose, semanalmente, a menos de un euro. Ya iré dando información al respecto.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Una víbora en un cajero


Según las noticias, un vecino de cierta localidad vasca fue a sacar dinero de un cajero automático y, en lugar de billetes, por la ranura habitual salió una víbora que le dio un susto tremendo. Hay que ver qué cosas pasan desde que BILDU está en las instituciones.

(La foto está extraída de actualidadypolitica)

domingo, 30 de octubre de 2011

Los políticos: “Yo no he sido”

Mi padre solía decir que, si en una orquesta falla un músico, la culpa es del músico; pero si fallan todos los músicos, la culpa, sin lugar a dudas, es del director.

Es curioso que, en medio de esta crisis de ámbito mundial, los políticos sugieran que los culpables del desastre seamos nosotros, el pueblo, por haber vivido por encima de nuestras posibilidades. ¿Es que acaso no lo vieron? ¿Por qué no lo impidieron? ¿No se dieron cuenta de que nos íbamos a pique? Ninguno de ellos es capaz de adaptar lo que decía mi padre sobre los músicos y el director de la orquesta y entonar aunque sea un modesto mea culpa. ¿Son incapaces de responsabilizarse de algo?

Es de cajón que los asesores económicos de los gobiernos occidentales sabían que iba a pasar lo que ha pasado, pero nadie movió un dedo para impedir que las financieras diesen créditos a personas que no iban a poder devolverlos, por ejemplo. En esos años de vacas gordas, para obtener un crédito rápido bastaba una nómina, y daba igual si los pagos mensuales del crédito superaban la mitad de los ingresos. La financiera te daba el dinero y, supongo, anotaba tu nombre en la libreta de futuros impagados. Porque la fórmula no falla. Si te gastas más de un tercio de lo que ganas solo en la hipoteca, vas de cabeza a la ruina con toda seguridad.

Pretender que la culpa de un desastre general sea del pueblo y no de los que mandan es algo perverso. Y todos los políticos, sin excepción, están en ese grupo. Porque fueron ellos, y nadie más que ellos, quienes dirigieron la orquesta en los buenos tiempos y, por lo tanto, fueron ellos los culpables de que todos los músicos fallasen. Dentro de un mes nos pedirán el voto. Desde luego, no tendrán el mío. Vivimos en mundos diferentes.

martes, 25 de octubre de 2011

La muerte de Gadafi


Desde luego, el asesinato de Bin Laden se ha llevado de una forma muy diferente al de Muamar el Gadafi. Es cierto que, en lo tocante a Bin Laden, solo estaban presentes las cámaras de los soldados norteamericanos y, de hecho, no tenemos ni idea de lo que sucedió. Nos han contado lo que han querido y no han dejado ninguna prueba de nada. Quizás dentro de cincuenta años se desclasifique la grabación y nos la muestren. Quizás no hubo ninguna grabación porque no hubo ningún asesinato. No sé si algún día sabremos lo que pasó allí, si es que pasó algo.

En cuanto a Gadafi, sí había cámaras. O móviles ejerciendo de cámaras que, en vista del resultado, quizás habría sido mejor que no hubiesen estado allí. Era tal el odio que se le tenía a Gadafi que la gente ni siquiera esperó a encontrar una cuerda y ahorcarle: después de darle unos cuantos golpes le pegaron un tiro en la cabeza y se acabó.

Y ahora viene lo que tenía que llegar. Cuando empezaron a manifestarse los brotes de lo que se ha llamado La Primavera Árabe, se destaparon muchas botellas de champán en Occidente. Quizás demasiadas. Ya dije en una ocasión que la democracia no abre las puertas a los derechos sociales y a la civilización, sino al revés. Son los derechos sociales y la civilización los que podrían crear un Estado democrático. Y ahora volvemos a encontrarnos con una democracia incipiente, vacía, fabricada a toda vela, basada en nada. Pero no han tardado mucho en asegurarlo: la nueva Libia se regirá por la ley islámica, que, por arte de mójili-mójili, conjugarán con la democracia y el Estado de derecho. También en Túnez se han impuesto los islamistas con el 40% de los votos.

La Primavera Árabe está venciendo a los tiranos, de eso no hay duda. Gadafi ha muerto a manos de los que creía sus súbditos. Unos súbditos que ni siquiera saben que, con la muerte de Gadafi y la implantación de la democracia, han dejado de ser súbditos para convertirse en ciudadanos. Ignoran hasta lo más básico de lo básico, pero votarán en unas elecciones democráticas y serán ciudadanos demócratas. ¿Democracia y ley islámica? Lo siento, pero no cuadra.

lunes, 24 de octubre de 2011

El fin de ETA


La ETA ha dejado la lucha armada. Eso es lo que dijeron tres encapuchados hace unos días en un comunicado y a mí, de momento, me parece suficiente. No así a ciertas voces del PP y de algún otro partido, que, entre otras cosas, exigen que los etarras entreguen las armas. Desde luego, hay que ser tarugo para pedir semejante cosa. La ETA no entregará las armas jamás. Y en el caso de que opten por entregar cincuenta subfusiles, pongo por caso, es porque tienen quinientos. Que a nadie se le escape que estos grupos tienen algo de mesiánicos, o eso creen ellos, y pueden creerse en la obligación de volver al teatro de operaciones si la ocasión, a su juicio, lo requiere.

Ahora, ante esta nueva e insólita situación, los partidos políticos mayoritarios pretenden adjudicar la victoria a la democracia y al Estado de derecho. Tanto el PP como el PSOE dicen ser los artífices de la operación, los responsables directos. Entre ellos, la justicia y la policía han acabado con los terroristas. Bueno, eso es verdad… en parte. Durante más de cuarenta años, ni Franco (recordemos cuándo nació la ETA), ni los políticos democráticos, ni la policía franquista ni la democrática han podido con ellos. ¿Qué ha pasado, entonces? ¿Cuál es el elemento que ha propiciado la caída de la banda? No es mi intención quitar importancia al trabajo de la policía ni al de nadie. Pero la desaparición de la ETA, en mi opinión, se debe fundamentalmente a otra cosa.

Un grupo terrorista, una banda armada o un ejército de liberación, me da igual, solo pueden sobrevivir si les apoya el pueblo. Si no es así, el grupo desaparece. Ahí tenemos el ejemplo de Terra Lliure, en Cataluña, que nunca ha contado con el apoyo del pueblo catalán y por eso nunca ha funcionado. Los activistas necesitan el silencio cómplice de los nativos, lugares donde esconderse y donde esconder las armas, guías para recorrer las montañas, almacenes, garajes y un sinfín de cosas más que no están en su mano y que solo pueden obtener del pueblo. Y el pueblo vasco se cansó de la violencia hace ya años. La ETA, en mi opinión, ya no tiene ese apoyo que quizás tuvo en algún momento; sobre todo al principio, cuando era internacionalista y luchaba contra Franco. La ETA, ahora, está sola.

De modo que, aparte de los políticos y de la policía, ha sido el propio pueblo vasco quien ha firmado el fin de ETA. No nos confundamos. Y no nos olvidemos del valor que tiene ese rechazo popular de los vascos a la lucha armada.

(La foto está extraída de minutodigital)