lunes, 3 de mayo de 2010

Tele 5 y el cine


Ayer, domingo, no teníamos nada mejor que hacer y nos pusimos a ver una película, en Tele 5, cuyo título ignoro por haberla cazado al vuelo, ya empezada. Trataba de las relaciones entre María Callas y Aristóteles Onassis. No era una gran película, todo sea dicho, pero estábamos pasando la tarde agradablemente y no pedíamos mucho más. Pues bueno. Cuando ya se olía el final, cuando estaba claro que todo iba a resolverse en breve tras un par de horas largas de proyección, cortan y emiten anuncios. Toma ya. Pensé que era ese corte estratégico y astuto que colocan justo antes del último minuto de película. Nos miramos con intención, soportamos los mismos anuncios que en el corte anterior y… sorpresa: sin aviso ninguno, empezó un concurso. Los de Tele 5, que a menudo se cargan los títulos finales de crédito, en esta ocasión no esperaron ni siquiera al The End. Viendo que el tiempo se les comía lo previsto, simplemente no emitieron los minutos finales de la película. Se los comieron y a joderse. Eso es respetar la cultura, coño, y lo demás son tonterías.

(La foto está extraída de zantemagazine)

domingo, 2 de mayo de 2010

España y la crisis de Grecia


Como sabe todo el mundo, Grecia está en números rojos y necesita, nada más y nada menos, ciento treinta mil millones de euros para salir de la crisis. Voy a repetir la cantidad: ciento treinta mil millones. Al parecer, Europa va a pasarle la pasta por aquello de la solidaridad y para que no se hunda el grupo del euro. Y me parece razonable. Ahora bien, uno se pregunta inocentemente: ¿Nadie sabía nada de eso hace un mes? ¿Cómo han podido llegar las cosas tan lejos? ¿Pretenden decirme que se creó todo un organismo económico supranacional como es la Europa del euro y no se dispuso ninguna medida de control, que no hay inspectores, que la política al respecto, una vez creado el grupo, se basa en Allá te las compongas?

En lo que respecta a España, vamos a prestar a los griegos una cantidad superior a los tres mil millones de euros. El gobierno dice que al cinco por ciento, aunque los españoles del montón sospechamos que va a ser a fondo perdido. Y aun así, me parece bien que ayudemos a quien esté peor que nosotros. Pero parece una burla que, contando con cuatro millones seiscientos mil españoles en el paro, podamos “prestar” una cantidad que a mí, por lo menos, me parece astronómica. Por otra parte, y supongo que para compensar el efecto de la crisis (de la nuestra, claro), el gobierno español ha decidido eliminar 32 altos cargos para ahorrar, así, dieciséis millones de euros. Caramba. Ahorramos dieciséis y damos más de tres mil millones. Esto ya no parece una burla: lo es. Porque, además, sabemos por experiencia que los políticos que tienen “altos cargos” no desaparecen de escena jamás. Siempre siguen cobrando. De un modo u otro aparecen de nuevo, al cabo de un tiempo, como directores del Departamento para la exportación de la remolacha o como adjuntos a la dirección de cualquier otro cargo recién inventado. Así sucedió con Almunia, por ejemplo, a quien creíamos dedicado a sus labores desde hace años y que misteriosamente ha vuelto a aparecer como jefe de no sé qué departamento del gobierno español en Europa. O con el increíble caso del aún más increíble Carod-Rovira, que dimitió como vicepresidente del gobierno catalán por haberse entrevistado con un jefe de la ETA y que, a pesar de perder el cargo de vicepresidente… continúa siendo vicepresidente. En fin, que seguimos en las mismas, que esto no lo cambia ni la Virgen santísima y que esperemos que llegue el verano. Porque otra cosa no podemos esperar.

(La foto está extraída de expreso.com)

jueves, 15 de abril de 2010

Blancanieves y la igualdad


En función de lo que suelo ir diciendo, estoy seguro de que hay quien cree que la ministra de igualdad, Bibiana Aído, me parece especialmente ridícula o que su ministerio es un simple escaparate o una institución cara e inútil. Bueno, pues he de decir que quien crea tal cosa… está en lo cierto. Y no sólo eso. Desde mi punto de vista, el mencionado ministerio es más sexista que las actividades que pretende combatir. Creo que en Europa no hay una institución más sexista que nuestro ministerio de igualdad. Pero voy a dejar esa cuestión para otro día, porque hoy quiero hablar de una nueva propuesta que ha partido de sus insignes salones y que, para variar, lleva la firma turulata del absurdo. No sé, yo me imagino a Bibiana y a los suyos llegando al ministerio, sentándose ante las mesas de sus despachos y preguntándose: “¿Qué tontería vamos a decir hoy?”. Porque no hay para menos. Y es que la última chorrada, que sobrepasa los límites de lo razonable, alude al supuesto sexismo de los cuentos clásicos infantiles y propone que Blancanieves, La Cenicienta y otros tantos del mismo aire sean eliminados de los programas escolares para no contaminar las mentes de nuestros hijos. Bravo. Nuria Alonso lo deja bien claro en el periódico La Rioja: “Resulta que, según la tesis de Aído, no era la Bella Durmiente la que tenía que ser salvada sino que ella debería haber salvado al Príncipe Felipe. Y que Blancanieves no tenía que haber mordido la manzana envenenada, sino, no sé, igual el príncipe o los enanitos (perdón, los 'bajitos' por aquello de no discriminar) tenían que haber mascado el fruto prohibido”. Y ya, de paso, después de alterar, censurar o prohibir los cuentos de siempre, podríamos cargarnos todos los títulos de la literatura universal por el mismo motivo, los cómics, los relatos de tradición oral y la mayor parte de las canciones. O sea, todo.

(La terrible imagen de la Cenicienta con la escoba ha sido extraída de adisney.com)

martes, 6 de abril de 2010

El Camino madrileño


Mi familia materna es originaria de un pueblo que está en el Camino de Santiago, a unos ciento cincuenta kilómetros del inicio tradicional del recorrido, justo antes de los extensos terrenos sin una sombra de Castilla. Desde pequeño he visto pasar a peregrinos de todos los colores, edades y pelajes y puedo decir que, en líneas generales, los de aquel entonces no se parecían en absoluto a los de hoy en día. Vamos, ni hablar. Los de mi niñez apestaban a rayos, truenos y centellas, llevaban el pelo sucio del sudor de varios días y tenían un color de piel sospechosamente oscuro. En cambio, a los actuales no les sucede lo mismo. Frescos como lechugas, los peregrinos de estos últimos años huelen a perfume caro y recién puesto, van vestidos a la última moda aventurera y no tienen ni idea de por qué narices han decidido hacer una parte del Camino de Santiago a pie. Una parte. En cierta ocasión ya hablé de ellos.

Y es que el Camino, y aquí me darán la razón los auténticos peregrinos, no es sólo un recorrido que empieza en algún lado y acaba en la ciudad de Santiago de Compostela. Es mucho más. Es un largo paseo por la fe cristiana o por la historia, por la ruta de los templarios, por las casillas del juego de la Oca o por las interioridades de uno mismo. Sí, sí: el juego de la Oca. Naturalmente, la mayor parte de los peregrinos de hoy en día ignoran todo eso de un modo absoluto.

Por esa razón me ha parecido muy curioso que las autoridades acaben de inventarse “el Camino madrileño”, un bodrio que alimenta la estupidez de los que no quieren plantearse nada de este mundo ni del otro. Es como inaugurar la ruta de los castillos en un trayecto sin castillos. Y a partir de ahora, sí. A partir de ahora, el Camino se convierte en un simple recorrido, en una excursión para ejecutivos de vacaciones, en una mierda. Se convierte en algo tan falso como la carrera llamada “París-Dakar”, que no empieza en París, ni acaba en Dakar, ni se celebra siquiera entre Europa y África. Pero nos ha tocado vivir en este mundo; un mundo lleno de ignorantes que, además de serlo, no quieren saber más.

(La foto está extraída de sanchezreverte)

domingo, 4 de abril de 2010

La normativa de la Comunidad Europea


Creo que lo he entendido perfectamente. Según han dicho en el noticiario de no sé qué cadena de televisión, a partir de ahora las gafas de sol deben llevar una pequeña pegatina donde se indique el tipo o grado de filtro que llevan los cristales. De esa manera el comprador puede elegir sus gafas en función del uso que les vaya a dar, ya sea para utilizarlas en un lugar poco expuesto a los rayos solares o en la playa, por ejemplo, donde el sol ataca con más fuerza. Está claro, ¿no?

Lo malo es que los piratas y los manguis vulgares ya se han enterado de la historia y falsifican las mencionadas pegatinas con absoluta tranquilidad, con lo cual uno no puede saber si las gafas cumplen la normativa de la Comunidad europea o no. De modo que las autoridades, en su afán de proteger al ciudadano consumidor, han añadido una etiqueta en la que aparecen las letras C y E, como corresponde a un producto de la Comunidad Europea. Así es difícil equivocarse, ¿verdad? Lástima que la etiqueta también sea susceptible de ser falsificada. O sea que, colgando de esa etiqueta, debería ir un papel en el que se asegurase que la etiqueta no está falsificada. Y pegado al papel, un cartón donde se indique que el texto del papel anterior proviene del Departamento de seguridad de la Comunidad Europea. Y, pegado al cartón, un anexo en madera que diga: “Que sí, coño, que las gafas son auténticas”. Y junto al anexo, una bolsa de plástico para tirar todo lo anterior a la papelera más próxima… gafas incluidas, por supuesto.

viernes, 2 de abril de 2010

Misterios de la fe

Hoy es viernes santo y, como cada año en este día, me viene a la cabeza una pregunta que desde mi punto de vista no tiene solución. “Hay que tener fe”, decía el profesor de religión cuando alguna de nuestras dudas le ponía en una situación jodida. Así, por ejemplo, había que tener fe para creer en la virginidad de María, en la rebuscada forma trina del creador o en la turulata existencia del purgatorio. “Hay que tener fe", decía el tío, "y al que no tenga fe le pongo un cero”.

Del mismo modo, supongo que hay que tener fe para comprender o pasar por alto algo que cada viernes santo, como digo, me planteo invariablemente. La cuestión es muy sencilla y parece una tontería. De hecho, lo es. Y uno se pregunta que, si es una tontería, ¿para qué insistir tanto en ello? Me refiero a eso que dicen de Jesús y que se recuerda en misa cada semana santa: “Y al tercer día resucitó”. Desde luego, es muy raro; parece una manera más de complicar las cosas. Y no me estoy refiriendo al hecho de que alguien pueda resucitar, no, cosa harto dudosa por otra parte. Me refiero a que, si Jesús murió en viernes santo (o sea, hoy), ¿cómo es posible que pasaran tres días hasta el domingo (o sea, pasado mañana), que es, según los Evangelios, cuando se produjo la resurrección? “Y al tercer día resucitó”. En todos los calendarios del mundo pasan dos días desde el viernes hasta el domingo. Pero no sucede lo mismo con el calendario cristiano en semana santa, que tiene seis días teniendo siete. U ocho, que ya no me aclaro. Cuestión de fe, supongo.

sábado, 27 de marzo de 2010

Memorias de un beduino


Acabo de leer el libro Memorias de un beduino en el Congreso de los diputados, de José Antonio Labordeta y, la verdad, responde a lo que esperaba, que ya es mucho decir en estos tiempos. Labordeta se muestra como lo que es, sincero y cercano, sin alardear de otra cosa que no sea haber nacido en el desierto de Los Monegros o de ser un ciudadano más en busca de soluciones a sus problemas. Después de leer el texto uno se da cuenta de que, equivocado o no, Labordeta ha sabido mantenerse fiel a sí mismo, lo cual ya no es mucho decir en estos tiempos: es la hostia.

Ese diálogo sincero que Labordeta tiene consigo mismo nos lleva a ver el mundillo de los políticos desde un ángulo que a mí, al menos, me ha resultado familiar. Es como si, en lugar de Labordeta, hubiese estado cualquiera de nosotros en el Congreso. Porque los políticos de carrera, los de siempre, los de las sonrisas falsas y los zapatos relucientes, esos que no conocen ni a su padre si está en juego su sillón parlamentario, están tan lejos de Labordeta como del común de los mortales. Labordeta los describe con una prosa sencilla y creíble, sin adornos y sin pasarse. Eso tiene a su favor: en ningún momento se le sube el rollo a la cabeza. Y eso se agradece, claro. Sobre todo, teniendo en cuenta que tuvo que soportar los desplantes y el desprecio de un Aznar con mayoría absoluta. El relato de las sesiones parlamentarias es, a ratos, desternillante.

No debe resultar fácil estar en el Congreso y ser el único representante de un partido minoritario y casi desconocido que trata de pelear por los derechos de los habitantes de un territorio desértico. Los políticos están hechos de una pasta inmunda: tú no eres nadie si no estás por encima de mí. Y Labordeta no sólo no era nadie en medio de esa jauría, sino que, además, no pretendía serlo. Eso era algo intolerable, claro; era como negar la misma esencia de la política. Cada vez que subía a la tribuna tenía que escuchar la burla o el insulto pretendidamente gracioso del bobo de turno, casi siempre del Partido Popular. De ahí que un día perdiera la paciencia. Probablemente se le recordará por eso, por la respuesta que dio sin poderlo evitar. ¿La razón? Lo que estoy diciendo: Muchos nos sentimos identificados con él cuando, dirigiéndose a la bancada de donde partían los rumores que no le dejaban hablar, dijo: “¡A la mierda, señorías!”. ¿A quién no le gustaría ir al Congreso y decir lo mismo?

lunes, 22 de marzo de 2010

La sanidad de Obama


Vaya, vaya. Parece que Obama ha obtenido su primer triunfo desde que se fue a vivir a la Casa Blanca: la Cámara de representantes de los Estados Unidos ha aprobado la reforma sanitaria que hará que casi todos los ciudadanos norteamericanos puedan acceder a los hospitales gratuitamente. No todos, claro está: se quedan fuera los más pringaos, como siempre, pero algo es algo.

De un modo u otro, la mencionada reforma es algo parecido a la Seguridad Social que tenemos en Europa desde el año Catapún. Pero como las cosas son como son y el imperio es el imperio, ahora sólo falta esperar a que los yanquis nos digan que eso de la sanidad gratuita es un invento suyo, como dicen de todo lo que forma parte de su pretendida cultura. ¿O no suelen hacer eso? Lo jodido es que algunos aún nos acordamos de que las pizzas son italianas, la mostaza es francesa, las hamburguesas son alemanas, la democracia es griega y hasta el güisqui es escocés.

(El chiste es de Forges, of course)

miércoles, 10 de marzo de 2010

Regreso al pleistoceno


Un jefazo de la patronal española (o la CEOE, Confederación española de organizaciones empresariales) ha dicho que la mejor medida para acabar con el paro juvenil es, nada más y nada menos, la creación de contratos de seis meses con salario mínimo, sin derecho a la prestación por desempleo, sin posible indemnización por despido y sin cotizaciones empresariales a la Seguridad Social. Desde luego, hay que ser troglodita. Al final se ha echado atrás, el tío, al ver la reacción incomprensible del pueblo bajo.

(En la imagen, los Picapiedra)

lunes, 8 de marzo de 2010

A vueltas con los toros


Empecemos por el principio. Las corridas de toros no me gustan, pero tampoco me quitan el sueño. Si hoy hablo de ello es a causa de la propuesta de prohibición que se ha planteado en el parlamento catalán y que, por supuesto, me parece un simple movimiento de estrategia política. Por poner un ejemplo de esa falta de seriedad, conozco personalmente a algunos jóvenes catalanes que promueven actos antitaurinos en su ciudad, pero no se privan de ir en julio a los Sanfermines. Es lo que más me fastidia: la hipocresía.

No hay que ser Einstein para saber que la eliminación de las corridas de toros es tan difícil de conseguir como la eliminación de la gasolina. Todos sabemos del daño que causa la gasolina en el mundo, tanto en el medio ambiente como en los países que son bombardeados por el delito de tener petróleo en su subsuelo. Y todos sabemos que hay alternativas a la gasolina que podríamos estar utilizando desde hace años si nos lo hubieran permitido, ¿no es así? Pero está claro que eso no sucederá hasta que las petroleras no se hagan con el negocio de esas energías alternativas. La gasolina mueve dinero, muchísimo dinero, y los caciques del petróleo no piensan perder ni un céntimo así, por las buenas. Pues lo mismo sucede con los toros. El espectáculo de los toros alimenta a los empresarios taurinos, a los toreros, muletillas, rejoneadores, a un montón de hoteles, bares, empresas de souvenirs, agencias de viajes, complejos turísticos y qué sé yo qué más. ¿Alguien cree que los toros se pueden prohibir por decreto; o sea, a partir de mañana por la tarde? Hay que ser ingenuo. Las corridas de toros no se prohibirán hasta que la industria taurina no vea compensadas sus ganancias de algún otro modo. Es de cajón. O sea que ya está bien de seguir tomando el pelo al personal. Si quieren prohibir los toros, que ofrezcan alternativas válidas y que no se quede la cosa en lo que se va a quedar: en nada.

(La ilustración es de Pablo Picasso)

domingo, 14 de febrero de 2010

Mi gata Fai


Desde luego, tengo una gata que no me la merezco. En otra ocasión ya demostré que suele beber a morro del grifo, lo cual no es muy propio de los felinos precisamente. Pero es que ahora enciende y apaga las luces del comedor, abre no sé cómo las puertas de la casa y, para colmo, se mete en la lavadora. Un día de estos tendremos un disgusto (lo digo por cuando empiece a fumar).