martes, 20 de noviembre de 2007

20-N: ¿QUIÉN FUE FRANCO?

Hoy hace 32 años que murió Franco. Aquella fecha está cada día más lejos y me consta que los jóvenes apenas conocen el estribillo de una canción que duró más de un tercio de siglo. Creo que también nosotros, los que tenemos más edad, nos dejamos llevar demasiado a menudo por los tópicos y las frases hechas. Acostumbramos a recordar lo grueso de aquellos años, lo aparatoso, quizás lo brutal y descuidamos las pinceladas que, precisamente, definen al personaje. Para saber quién fue Franco no es necesario recitar los nombres de todos y cada uno de los que fueron enterrados en fosas comunes, de los que tuvieron que irse al exilio o de los que se quedaron entre los muros de las prisiones. Basta con un detalle. He novelado un poquito de historia para recordar a quien llamaron o se hizo llamar El Generalísimo. Está ambientado muy pocos días después del inicio de la guerra y, por supuesto, no me he inventado nada. Ahí va.


27 de julio de 1936, Tetuán, Protectorado español de Marruecos

Todavía no se sabe quién se hará cargo del mando único de las tropas rebeldes. El general Sanjurjo, líder ideológico del levantamiento, murió hace unos días en un accidente aéreo y, aunque debería sucederle el general Mola, no hay nada claro. Entre los aspirantes destaca un joven general muy conocido por sus hechos de armas en el norte de África. Su nombre es Francisco Franco.

—Adelante —dice.

Un sirviente nativo abre la puerta y entra Jay Allen. Es el enviado especial del periódico The Chicago Daily Tribune, un periodista comprometido con los asuntos sociales de España desde antes de la República. De aspecto robusto, bien vestido y peinado hacia atrás según la moda, está a punto de iniciar la primera entrevista de un corresponsal extranjero al general Franco.

La estancia es bastante sobria. Aparte de algunos elementos decorativos de evidente aire colonial, nada perturba el ambiente de un despacho como cualquier otro: una mesa, unas sillas, un armario cargado de cartapacios y un ventilador colgado del techo que mueve lentamente sus aspas. Sólo después de ese primer examen puede uno darse cuenta de que sobre la mesa hay unos cuantos ejemplares del Bulletin de L’Entente Internationale contre la Troisième Internationale, la revista de una organización dirigida por Joseph Goebbels, ministro de propaganda del gobierno de Adolf Hitler.

—Usted dirá —dice el general Franco.

Jay Allen le observa. Esperaba vérselas con un militar de expresión férrea y bigotes decimonónicos y en su lugar encuentra a un hombre menudo, de aspecto débil y voz aflautada. Está sentado en su sillón, ante la ventana que se abre al paisaje de la ciudad de Tetuán, y le mira fijamente. El periodista toma el cuaderno y la pluma, cruza las piernas y tose un poco antes de empezar:

—El mundo entero quiere saber quién es Francisco Franco.

El general sonríe. Tampoco sus gestos son los del típico caudillo guerrero.

—Supongo que usted ya habrá echado un vistazo a mi pasado —dice.

—Gallego de nacimiento, marino frustrado —recita Jay Allen de memoria—, coronel a los treinta y tres años, ascendido a general al año siguiente en virtud de sus operaciones militares en África, etcétera, etcétera. Sí, general; todo eso se sabe, pero mi pregunta trata de ir un poco más allá. ¿Qué pretende el general Franco? ¿Va a pactar con el gobierno de la nación?

—No puede haber ningún acuerdo —responde Franco, tranquilo—, ninguna tregua. Continuaré preparando mi avance hacia Madrid y tomaré la capital. Salvaré a España del marxismo a cualquier precio.

Jay Allen titubea:

—Pero entonces… ¿eso significa que fusilará usted a media España?

Franco sonríe al decir:

—He dicho a cualquier precio.


El 20 de noviembre también murió el anarquista Buenaventura Durruti, si bien fue hace 71 años. He dejado un recuerdo de su memoria en el blog paralelo a este, El Día de Barcelona.

(El cartel de arriba es de Pedrero)

lunes, 19 de noviembre de 2007

LA DISCRIMINACIÓN INVERSA


Lo siento, pero en la Facultad de Derecho me enseñaron que se llamaba Discriminación inversa, y no Discriminación positiva, al hecho de proporcionar un trato privilegiado a personas desfavorecidas o discriminadas. De ese modo se pretende luchar contra las desigualdades. Sin embargo, al dar un trato privilegiado a un grupo, se está discriminando al otro. De ahí la diferencia de nomenclatura, sobre la cual ya me he pronunciado. Prefiero Discriminación inversa a Discriminación positiva. ¿Cómo puede ser positiva la discriminación?

De cualquier modo, esto viene a cuento por un nuevo caso de violencia doméstica que ha acabado como suelen acabar estas cosas: la muerte de la mujer. He dicho violencia doméstica y no violencia machista, como suelen decir equivocadamente los locutores de algunas cadenas de televisión. Si yo golpeo a mi mujer por el hecho de ser mujer, sin duda es violencia machista. Pero si le golpeo porque, desde mi punto de vista, me hace la vida imposible, se trata de otra violencia. Podemos llamarla doméstica, de género o de cualquier otra manera, pero no machista.

La ley de violencia doméstica, o como se quiera llamar, es un caso evidente de discriminación inversa. Al componer las mujeres un colectivo perseguido tradicionalmente, ahora se discrimina a los hombres y nadie se atreve a decir nada en contra. Y si uno es hombre y separado, por ley tiene todas las de perder. Voy a poner un ejemplo que sucedió este verano, durante las fiestas de San Fermín. Un padre joven, de unos veintidós años y un tanto chalao, coló en los encierros a su hijo de doce. Las normas son claras: está prohibido que los menores corran los toros y, en consecuencia, las autoridades multaron al padre con la suma correspondiente. Pero no acabó ahí la cosa. Resulta que el padre estaba separado de su pareja, la madre del chico. En vista de esa situación, un juez dispuso que al padre se le retirase el régimen de visitas para que no pudiera poner de nuevo en peligro la vida del hijo. Bueno. Estoy de acuerdo en que el tío ese estaba un poco majara al colar al niño en el recorrido de los toros, ya lo he dicho antes. Pero retirarle el derecho de ver a su hijo es injusto. ¿Qué habría pasado si el padre no hubiese estado separado? ¿Le habrían prohibido también que viese a su hijo?

La ley de violencia de género, por supuesto, no ha solucionado nada. Cualquier estudiante de primero de Derecho sabe que el endurecimiento de las penas no ataja los delitos. Ahí tenemos, si no, la pena de muerte en Estados Unidos. No por que exista ese castigo han dejado de producirse asesinatos.

sábado, 17 de noviembre de 2007

UNA ÓPTICA DIFERENTE


Para un observador que esté en la Luna, la Tierra sale y se pone. La técnica nos proporciona unos puntos de vista que habrían vuelto loco a mi abuelo, que murió creyendo que el hombre nunca llegó a la Luna y que todo fue una farsa filmada en un garaje o en los estudios de alguna productora de cine casero. Ahora hay una corriente de opinión que dice lo mismo. Está basada en lo que Luis Alfonso Gámez llama Periodismo de Imbestigación, así, con m y b, para dar a entender la mucha cultura y el mucho rigor que se desprende de esa supuesta rama de las Ciencias de la Información. Creo que es un error negar la llegada del hombre a la Luna. No sólo porque no existen razones para ello, sino porque los que defienden esa teoría son muy aburridos y, además, eso sería dejarnos sin Peter Pan.

Como he dicho antes, el Espacio es distinto desde la Luna. Desde allí podemos ver a la Tierra recorriendo el cielo. Esa óptica diferente nos da la pauta para pensar que las cosas podrían ser de otro modo, que nuestro entorno es enorme y que el futuro está en marcha. Me dan mucha pena los que ni siquiera por un momento saben cambiar el punto de vista, el enfoque; esos que piensan que las fronteras de nuestro planeta son determinantes para curtir uno u otro carácter, que creen que su tradición y su idioma son los mejores. Hay que ser bobo. Por otra parte, a veces me da igual su miseria. Nunca sabrán lo grande que es todo lo que no saben ver.

Por cierto, a los que niegan que el hombre estuvo en la Luna y pretenden dejarnos sin Peter Pan, les aconsejo que echen un vistazo a la página El hombre sí pisó la Luna.

(La foto de arriba está extraída de http://antwrp.gsfc.nasa.gov)

viernes, 16 de noviembre de 2007

50 AÑOS DE MORTADELO Y FILEMÓN


Una de las cosas que dejaron de existir hace ya tiempo es la espera de los chavales, los fines de semana, para comprar los tebeos al día siguiente en la tienda de la esquina. Recuerdo que, al ver la portada del número nuevo en el escaparate, rebuscaba en los bolsillos para encontrar cuanto antes las monedas. No era cuestión de que llegase otro y se llevase el último ejemplar. Los tebeos eran un tesoro. Leíamos decenas de veces cada historieta, cada chiste, incluso aquellos rollos insoportables que no sé quién escribía en exclusiva para los más pequeños. Los tebeos también instruían. Gracias a ellos aprendí muchas cosas del Imperio Romano, de la Edad Media, del Oeste americano y de muchos otros temas. Pero, además y sobre todo, instruían subliminalmente. De eso sabían mucho los dibujantes de la editorial Bruguera.

Las revistas como Tío Vivo, DDT, Mortadelo, Din Dan y Pulgarcito escondían una crítica social en las historias aparentemente inocentes de sus personajes. Los dibujantes exponían cómicamente la vida cotidiana. Y esa vida, por supuesto, estaba muy lejos de parecerse a la que al régimen le hubiese gustado que se exhibiera en los tebeos. El hecho de ser historias cómicas hizo el milagro de que superasen la censura. El pluriempleo, el hambre, las deudas, los problemas familiares y la envidia, por ejemplo, eran temas habituales en los cómics semanales de Bruguera. Personajes de la talla de Don Pío, Las hermanas Gilda, Doña Urraca, Carpanta, Zipi y Zape, La familia Cebolleta o El repórter Tribulete inundaron nuestra imaginación sin que nos diésemos cuenta de que, en el fondo, nos lanzaban un mensaje sobre las dificultades de la vida de entonces.

De todos ellos, sólo Mortadelo y Filemón han seguido publicándose hasta nuestros días. Este año cumplen su cincuentenario. Es curioso que, después de tanto tiempo juntos, todavía no se hayan tuteado. Eso es debido a que uno es el jefe; y, el otro, el empleado. Francisco Ibáñez, su creador, trabajó en un banco antes de dedicarse por entero a los tebeos. De ahí salió El botones Sacarino, una imagen del que empieza desde abajo en aquella sociedad tan clasista y jerarquizada. Pero los personajes que salieron de su inventiva y que, en mi opinión, más representan a aquellos tiempos y a estos son Pepe Gotera y Otilio, Chapuzas a domicilio, cuyo título lo dice todo. ¿Cómo? ¿Que no representan la realidad de nuestra España actual? Si alguien opina tal cosa, que vaya a ver las obras del AVE.

(Arriba, parte de la primera historieta publicada de Mortadelo y Filemón)


jueves, 15 de noviembre de 2007

LOS MISILES DE RUSIA Y ESTADOS UNIDOS (EN EUROPA)

Mientras Chávez sigue con la pataleta que le dio cuando el Rey de España le tocó el ego, Putin ha decidido desplegar una línea de misiles en Bielorrusia como contrapeso a la línea de misiles que piensa desplegar Bush en la zona. Otra vez la Guerra Fría. Algo que, según nos dijeron, se había llevado el viento del siglo pasado, vuelve a ser una amenaza para la paz de Europa.

Putin no es un santo. Ha demostrado en varias ocasiones que es poco menos que un salvaje, si bien no alcanza el grado del presidente George Bush, maestro de maestros en la materia. En realidad, Putin no ha hecho más que responder a una agresión.

Cuando Bush asumió la presidencia de los Estados Unidos dijo que iba a dedicarse exclusivamente a la política interior y en seguida amenazó con crear un paraguas de defensa nuclear o, lo que es lo mismo, sospechó que su país podía ser atacado con los últimos avances tecnológicos y quería blindar las fronteras para zambullirse de lleno en las cuestiones de carácter nacional. Todos sabemos lo que sucedió después. Como nadie está tan loco como para atacar frontalmente al ejército más poderoso del mundo, unos cuantos moros se colaron en cuatro aviones comerciales y, armados con cuters y cuchillos de postre, mandaron la seguridad de los USA a tomar viento en un par de horas. Imagino a los grandes estrategas norteamericanos mirándose unos a otros, como diciendo Qué coño hacemos ahora con los misiles tan bonitos que tenemos.

No hay cuidado, debió decir Bush; Usaremos los misiles cuando el clima sea más propicio. De modo que hace un par de meses, después de haber provocado varias guerras que han dejado el mundo hecho un polvorín, Bush dijo que tenía la intención de desplegar los misiles frente a Rusia por si acaso se le ocurre a Irán fabricar la bomba atómica. No me extraña que los rusos hayan dicho que también ellos son capaces de poner los misiles donde les dé la gana.

Lo malo es que tanto Rusia como Estados Unidos quieren colocar sus misiles en Europa. Y uno se pregunta a qué viene ese empeño si precisamente Europa no está en medio de los dos países. Si los rusos y los norteamericanos echaran un vistazo hacia el otro lado verían que por allí sólo les separa el estrecho de Bering. Podían plantar los misiles en Alaska y Siberia y dejarnos en paz a los europeos. Aunque, claro está, a todos se nos ocurre un lugar mucho más apropiado para que unos y otros se metan sus misiles. Por supuesto.

(El dibujo de arriba es de El Roto, cómo no)


miércoles, 14 de noviembre de 2007

20-N: TRES ANIVERSARIOS

El veinte de noviembre, dentro de una semana, será el aniversario de la muerte de tres personajes inolvidables de nuestra historia: dos idealistas y un traidor. El traidor fue un general que se alzó contra el gobierno legalmente establecido, provocó una guerra y mantuvo la represión durante casi cuarenta años. Se llamaba Francisco Franco. Uno de los idealistas murió a manos de los republicanos en 1936. Se llamaba José Antonio Primo de Rivera y su muerte tuvo algo que ver con un canje de prisioneros que el traidor no permitió para que nadie pudiera hacerle sombra en el poder. Traidor por partida doble, entonces. En cuanto al tercer personaje, era un anarquista llamado Buenaventura Durruti. Su muerte no está clara. Cayó en la Ciudad Universitaria de Madrid el mismo día que moría fusilado José Antonio, pero nunca se sabrá si alguien le disparó o si fue su propia arma la que accidentalmente acabó con su vida. Como es natural, dentro de una semana me centraré en Durruti. Sobre todo en el blog dedicado a la novela de los hechos del 19 de julio del 36 en Barcelona, El Día de Barcelona.

(Las fotos de arriba están extraídas de galeon.com, izquierdasocialista.org.ar y ctv.es)

martes, 13 de noviembre de 2007

LA VIGENCIA DE LAS LEYES


Aunque nunca acabé la carrera, hace un montón de años estudié Derecho en la Universidad Autónoma de Barcelona. Entre otras cosas, eso me sirvió para saber cómo funciona uno de esos inventos que rigen nuestro comportamiento y que, compuestos de ruedas dentadas, poleas y palancas, son más propios del siglo XIX que del XXI. Me estoy refiriendo a las leyes. El aparato legal es tan complicado y está hecho tan a la antigua que a menudo proporciona motivos de carcajada entre los que tenemos la afición de sacar punta a lo más sagrado. Sin ir más lejos, está el asunto de la derogación. Por lo general, una ley se redacta, se promulga y ahí se queda, tan ancha, hasta que alguien se acuerda de ella y decide quitarla de en medio por una simple cuestión de anacronismo. En ocasiones, no obstante, nadie deroga nada y la ley o la norma continúan vigentes por los siglos de los siglos, amén. Recuerdo un caso concreto de cuando estudiaba. La normativa de los Ferrocarriles estaba anquilosada desde que se inventó el tren, el tráfico, las vías o poco menos y, en teoría, cualquier viajero podía pedir al revisor nada menos que… una escupidera. Teóricamente también, el revisor tenía la obligación de llevársela al viajero. Nadie había derogado esa norma y, por lo tanto, seguía vigente.

Uno de mis hermanos trabaja actualmente en Inglaterra. Parece que allí son tan salvajes como aquí al respecto de lo que nos ocupa, porque ha dado con algunas leyes vigentes que son para echarse a reír y no parar. Por ejemplo, está prohibido morirse en el Parlamento inglés. Así, como suena. Si uno quiere morirse, debe irse fuera. Al parecer se trata de una mala interpretación de un hecho. Hay una figura en Inglaterra, el Coroner, que en 1988 pasó a ser el Coroner of the Queen Household (aproximadamente, Fiscal de los territorios de la Reina), y uno de sus atributos es investigar las muertes acaecidas dentro de los límites de dicho territorio. Como el Parlamento pertenece al mencionado Household, cualquier muerte en el Parlamento requeriría que la mismísima Reina se sentase en el banquillo para declarar. Y como eso no sería cómodo para nadie, se convino que ningún parlamentario pueda morirse hasta que no esté a bordo de una ambulancia o en algún hospital.

No es la única majadería. Si alguien encuentra, dentro del territorio marcado por los muros de la antigua ciudad de York, a un escocés provisto de un arco y una flecha, es completamente legal matarlo. Toma goma. Es como para ir por allí de fin de semana con los críos y sus juguetes. También está prohibido entrar en el Parlamento vestido con armadura, por cierto. O sea que, si a alguien se le ha ocurrido hacerlo en alguna ocasión, es mejor que se olvide.

Viendo todo esto, uno se pregunta si estamos en buenas manos o si deberíamos cambiar de sistema ya de una vez. Las leyes están para ser cumplidas, dicen los tíos serios de siempre. Bueno, ¿seguro?

(La foto de los libros está extraída de www.bpra.com.ar)

lunes, 12 de noviembre de 2007

¿POR QUÉ NO TE CALLAS, coño?

Eso es lo que faltaba: el coño final. De esa manera, el Rey habría dejado claro que también él es capaz de estar hasta la gorra de alguien o de alguna situación y que, a la par, sabe expresarlo de un modo castizo y natural. Por mucho que digan los republicanos, a mí me gustó esa salida de tono. Y, por supuesto, no es porque me caiga bien José María Aznar, Dios me libre. Creo que, cuando el Rey le dijo a Chávez que se callara, lo hizo más por haber interrumpido a Zapatero que por mentar a Aznar. En cualquier caso, es la primera vez que veo al Rey perder ligeramente los papeles y creo que eso le hace estar más cerca de nosotros, los ciudadanos de a pie. Bueno. Aunque sea a puñetazos, el Rey demuestra una vez más que está presente. Y que tiene mala leche si le aprietan.

LA VIOLENCIA EN EL FÚTBOL NO ES VIOLENCIA

Fue una noche de hace dos inviernos en una cafetería oscura del Barrio judío. Una amiga y yo conversábamos de duelos y combates de otros tiempos cuando ella, que sabía de mi afición por el boxeo, me preguntó:

—¿Por qué dos hombres son capaces de subir a un ring y pelearse?

Expulsé el humo del cigarrillo, dejé la taza de café sobe la mesa y, mirándole a los ojos, le respondí:

—Porque son hombres.


No conozco un deporte más antiguo ni más próximo al hombre. Y me parece que apenas puede haber uno más noble. Le dije a mi amiga que a los amantes del boxeo nos desagrada el mazazo, la destrucción de uno de los púgiles mediante un solo golpe brutal, esa demostración de fuerza sin ningún estilo que desgraciadamente ha definido a boxeadores como Mike Tyson. Muy al contrario, sabemos que el KO es un accidente y que, como en muchas otras facetas de la vida, lo realmente bonito es la esgrima, los amagos, los golpes que buscan un hueco y encuentran un contragolpe, el toma y daca. En boxeo casi nunca hay golpes bajos. Los contendientes respetan las normas como pocos deportistas lo hacen. Y sin embargo…

En su edición de 1996, el Libro de Estilo de El País dice: El periódico no publica informaciones sobre la competición boxística, salvo las que den cuenta de accidentes sufridos por los púgiles o reflejen el sórdido mundo de esta actividad. La línea editorial del periódico es contraria al fomento del boxeo, y por ello renuncia a recoger noticias que puedan contribuir a su difusión.

¿Alguien recuerda más de cuatro ocasiones en que los periódicos hayan publicado la noticia de la muerte de algún boxeador o de una pelea mortal entre seguidores de los púgiles? Esta noche pasada ha habido mucho movimiento en Roma. A raíz de una pelea entre aficionados al fútbol, un policía ha matado de un tiro a un hombre de 26 años. Después ha habido enfrentamientos con los radicales en las calles que se han saldado con media decena de heridos, incendio ritual de automóviles e incluso destrozos en la sede del Comité Olímpico Italiano, cuya responsabilidad en los hechos se me hace incomprensible. Pero eso no es nada. El otro día leí que, sólo en Argentina, se cuentan ya más de doscientos muertos a causa del fútbol. El público aplaude cuando un jugador de su equipo hace trampas para provocar un penalti o cuando se lesiona el goleador del equipo contrario. Y, sin embargo, resulta que el mismo periódico, El País —que es el que yo leo cada día, por cierto—, dice lo que dice del boxeo y dedica varias páginas diarias al fútbol. Así nos luce el pelo. Porque a nadie se le ocurriría prohibir la información sobre el fútbol. Ni siquiera pensar en ello.

(La foto de arriba está extraída de elpais.com. Obsérvese lo que lleva en la mano el individuo de los pantalones cortos. Una escena semejante no se ha visto jamás entre el público de un combate de boxeo)

sábado, 10 de noviembre de 2007

TRÁFICO DE NIÑOS (II)

Después de que medio mundo se haya horrorizado por el oscuro caso de una niña inglesa desaparecida, el secuestro de ciento tres niños africanos genera un debate prudente, tranquilo e incluso justificativo de la actitud de los presuntos secuestradores. Nadie ha cargado las tintas al hablar de los miembros de la ONG francesa El Arca de Zoé. Muy al contrario, los articulistas de casi todos los periódicos se han deshecho en dudas y teorías para no acusar abiertamente a los detenidos de uno de los delitos más repugnantes: el secuestro puro y duro de más de un centenar de niños. Sólo se lo reprochan, les regañan como a niños malcriados que han cometido una travesura y deben volver al redil. Que vuelvan a casa y aquí no ha pasado nada. Se ha dicho que les han cegado sus convicciones humanitarias, sus deseos de que esos niños pudiesen vivir mejor, su buena fe. Hay quien dice que tal vez haya terceros africanos, por supuesto que hayan engañado a los miembros de la ONG o que el propio presidente del Chad pueda andar detrás de la farsa, necesitado como está del apoyo europeo para solucionar sus problemas con el vecino Sudán. Ese apoyo llegaría como recompensa por la próxima liberación de todos los acusados. ¿Enfocaríamos el asunto con la misma óptica si los secuestradores fuesen negros del Chad y los niños fuesen franceses blancos? Respecto al supuesto altruismo de El Arca de Zoé, se ha dicho que no les interesaba el dinero, sino la felicidad de los niños. Sin embargo, cada cual tiene su precio y su modo de cobrar. A algunas personas se les puede comprar con dinero. A otras, como los del Arca de Zoé, con ideales. Desde mi punto de vista no tienen excusa. Recordemos que no se les acusa de haber secuestrado a una Madeleine, sino a más de cien.

viernes, 9 de noviembre de 2007

MÁS TERRORISTAS QUE CIUDADANOS

Cuando, en una crisis de patriotismo delirante, George Bush declaró la guerra a nadie y al mundo entero como represalia por el atentado de las Torres Gemelas, ya sabíamos que en breve íbamos a ser testigos de muchas cosas raras. En ese entonces aún no se sabía oficialmente si detrás del ataque podía estar la mano de Bin Laden, de Sadam Husein o de Luis Candelas, porque medio mundo tenía motivos sobrados para atentar contra los Estados Unidos aunque los estadounidenses se preguntaran ingenuamente por qué alguien podía quererles tan mal.

A partir de esa declaración lunática de guerra abierta contra el terrorismo, hay más terroristas que nunca. Todos los que se enfrentan a los Estados Unidos de América, sean paramilitares perdidos en las selvas centroamericanas, grupos de fanáticos religiosos, ejércitos autoproclamados de liberación nacional o incluso partidos políticos elegidos democráticamente, han pasado a ser incluidos en las listas de las organizaciones terroristas.

Quizás por pertenecer a una generación ya un tanto caduca, sigo viendo a los terroristas como unos extremistas políticos o religiosos que, organizados en grupos reducidos —por la evidente selección de candidatos que conlleva el fanatismo y, a la vez, para no ser detectados—, combaten a sus enemigos sembrando el terror. La definición no es muy precisa, de acuerdo, pero creo que ha quedado claro a qué me refiero.

El asunto está en que, hace unos días, los Estados Unidos de América declararon terroristas a los Pasdarán, los Guardianes de la Revolución iraní. Ese grupo integra un total de 125.000 militares —el grueso de las Fuerzas Armadas de Irán— a los que acusan de exportar armas de destrucción masiva a Irak (El País, 26 de octubre de 2007). Toma ya. ¡Ciento veinticinco mil tíos de un soplo! Y otra vez la excusa de las armas de destrucción masiva en boca del gobierno del único país del mundo que ha utilizado la bomba atómica. Hamás, por ejemplo, o el PKK kurdo, cuyos efectivos nadie conoce aunque deben ser más que muchos, también son terroristas a los ojos de los estadounidenses. En su lista sólo les falta la Guardia Suiza del Vaticano. Y es que no sé, pero si los Estados Unidos siguen diciendo que son terroristas todos aquellos que se les opongan, dentro de poco habrá en este mundo más terroristas que ciudadanos.

(La foto de arriba está extraída de img.timeinc.net)