20-N: ¿QUIÉN FUE FRANCO?
Hoy hace 32 años que murió Franco. Aquella fecha está cada día más lejos y me consta que los jóvenes apenas conocen el estribillo de una canción que duró más de un tercio de siglo. Creo que también nosotros, los que tenemos más edad, nos dejamos llevar demasiado a menudo por los tópicos y las frases hechas. Acostumbramos a recordar lo grueso de aquellos años, lo aparatoso, quizás lo brutal y descuidamos las pinceladas que, precisamente, definen al personaje. Para saber quién fue Franco no es necesario recitar los nombres de todos y cada uno de los que fueron enterrados en fosas comunes, de los que tuvieron que irse al exilio o de los que se quedaron entre los muros de las prisiones. Basta con un detalle. He novelado un poquito de historia para recordar a quien llamaron o se hizo llamar El Generalísimo. Está ambientado muy pocos días después del inicio de la guerra y, por supuesto, no me he inventado nada. Ahí va.
27 de julio de 1936, Tetuán, Protectorado español de Marruecos
Todavía no se sabe quién se hará cargo del mando único de las tropas rebeldes. El general Sanjurjo, líder ideológico del levantamiento, murió hace unos días en un accidente aéreo y, aunque debería sucederle el general Mola, no hay nada claro. Entre los aspirantes destaca un joven general muy conocido por sus hechos de armas en el norte de África. Su nombre es Francisco Franco.
—Adelante —dice.
Un sirviente nativo abre la puerta y entra Jay Allen. Es el enviado especial del periódico The Chicago Daily Tribune, un periodista comprometido con los asuntos sociales de España desde antes de
La estancia es bastante sobria. Aparte de algunos elementos decorativos de evidente aire colonial, nada perturba el ambiente de un despacho como cualquier otro: una mesa, unas sillas, un armario cargado de cartapacios y un ventilador colgado del techo que mueve lentamente sus aspas. Sólo después de ese primer examen puede uno darse cuenta de que sobre la mesa hay unos cuantos ejemplares del Bulletin de L’Entente Internationale contre
—Usted dirá —dice el general Franco.
Jay Allen le observa. Esperaba vérselas con un militar de expresión férrea y bigotes decimonónicos y en su lugar encuentra a un hombre menudo, de aspecto débil y voz aflautada. Está sentado en su sillón, ante la ventana que se abre al paisaje de la ciudad de Tetuán, y le mira fijamente. El periodista toma el cuaderno y la pluma, cruza las piernas y tose un poco antes de empezar:
—El mundo entero quiere saber quién es Francisco Franco.
El general sonríe. Tampoco sus gestos son los del típico caudillo guerrero.
—Supongo que usted ya habrá echado un vistazo a mi pasado —dice.
—Gallego de nacimiento, marino frustrado —recita Jay Allen de memoria—, coronel a los treinta y tres años, ascendido a general al año siguiente en virtud de sus operaciones militares en África, etcétera, etcétera. Sí, general; todo eso se sabe, pero mi pregunta trata de ir un poco más allá. ¿Qué pretende el general Franco? ¿Va a pactar con el gobierno de la nación?
—No puede haber ningún acuerdo —responde Franco, tranquilo—, ninguna tregua. Continuaré preparando mi avance hacia Madrid y tomaré la capital. Salvaré a España del marxismo a cualquier precio.
Jay Allen titubea:
—Pero entonces… ¿eso significa que fusilará usted a media España?
Franco sonríe al decir:
—He dicho a cualquier precio.
El 20 de noviembre también murió el anarquista Buenaventura Durruti, si bien fue hace 71 años. He dejado un recuerdo de su memoria en el blog paralelo a este, El Día de Barcelona.
(El cartel de arriba es de Pedrero)







