
Sí me gusta el fútbol. Claro que sí. Incluso me atrevo a decir que me gusta más que a todos esos energúmenos que sólo saben de su equipo, que no conocen a nadie más y que van al campo provistos de trompetas, petardos y bengalas. Voy al fútbol como quien va al cine, al teatro o a disfrutar de otro espectáculo, sin más. He estado en unos cuantos campos de fútbol españoles, más que bastantes, cosa que por lo general no pueden decir los de las trompetas y la cabeza dura. No soy forofo de ningún equipo, ni siquiera seguidor. Me gusta ver el juego y me pongo de parte de quien más me guste en ese momento. Y ahora llega lo que los adictos al fútbol no pueden comprender.
En cierta ocasión, hace ya algunos años, entré en el bar que frecuentaba por ese entonces. Pese a ser un bar musical, los dueños tenían la mala costumbre de apagar la música y poner la tele si había fútbol. O, dicho de otra manera, ponían la tele si jugaba el Barça. Si no, no. O sea que lo dicho: no les gustaba el fútbol, sino un equipo en concreto. Por provocar, en cuanto entré dije con mi elegancia habitual:
—¡Vaya, hombre! Ya estamos con el fútbol de los cojones.
Inmediatamente obtuve una respuesta:
—Oye, César, cállate. Porque tú, de literatura y de política puedes saber cuanto quieras, pero de fútbol no tienes ni idea.
Me sonó igual que me habría sonado si me hubieran dicho:
—César, cállate, porque tú puedes saber cuanto quieras de física cuántica, pero ni siquiera sabes de memoria la alineación del Real Madrid.
Lo cierto es que veo mucho más fútbol que el descerebrado que había emitido el juicio anterior. Ya digo: me gusta. Pero mi inteligencia me impide apoyar a un equipo en concreto porque lleve unos colores determinados. Puedo seguir y apoyar las evoluciones de un ciclista, de un boxeador, de un tenista, de un único individuo que me guste cómo hace las cosas. Jamás lo haré con un equipo de mercenarios que varía cada año. Es de tontos del todo. Me divierte mucho, por ejemplo, cuando los cronistas deportivos dicen:
—Desde el año 1524, el Barça y el Athletic han jugado en quinientas ocasiones y han empatado cuarenta veces.
Cojonudo. Sublime. Están intentando colarme que el Barça y el Athelic que se enfrentaron hace quinientos partidos son los mismos equipos que los actuales. Y, según la opinión general, debo estar siempre de acuerdo en lo que haga un equipo, lo forme quien lo forme. Si no, soy un traidor. Pues bueno, pues vale, pues me alegro.
(La imagen está extraída de aredaclubes y el autor es Domenech)